El presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Antonio Garamendi, ha pedido al Gobierno que recupere los viajes del Imserso una vez que el sector de edad mayor de 80 años ya está prácticamente vacunado contra el Covid-19. Esto es una barbaridad, señor Garamendi, que sólo puede surgir de una mente vendida a los intereses de las élites en vez de pensar con humanidad las consecuencias de sus palabras.

Es cierto que los viajes del Imserso constituyen una de las herramientas de esparcimiento para las personas mayores. En muchos casos les permite conocer cosas y lugares, tras una vida dedicada al trabajo y a mantener a la familia que, sin estos viajes, les habría sido imposible descubrir.

Sin embargo, Garamendi no ha hecho su petición al Gobierno pensando en las personas mayores que tanto sufren y han sufrido durante la pandemia. No, no y no. El presidente de la patronal no engaña a nadie, es coherente con lo que tiene que defender, es decir, las cuentas de explotación de los empresarios por encima de lo que sea y de quien sea. Pero la inhumanidad de esta petición es «homicida, peligrosa, atrevida», permítanme que utilice estas palabras en referencia al hecho, que no a la persona.

Antonio Garamendi realiza su petición al Ejecutivo en base al interés de la reactivación del sector turístico en los meses previos a la campaña de verano, nada más y nada menos, intentando aprovechar los meses de mayo y junio para relanzar los negocios hoteleros y hosteleros, sobre todo de los centros de la costa. Esa es la única intención, el interés y la cuenta de explotación, sobre todo, de las grandes compañías de ese sector.

«Los mayores de 80 años están ya vacunados. Pues que el Imserso empiece a funcionar y haya viajes a Mallorca. ¿Por qué no van a ir si están vacunados y se hace con buenas medidas de seguridad?», se preguntaba Garamendi, en un momento en que el Gobierno ya anunció que tenía prevista la reanudación de los viajes del Imserso a partir de septiembre si la situación epidemiológica lo permitía. A día de hoy, es inviable.

Tanto a través de estas declaraciones realizadas en Onda Cero como en las palabras de determinados grupos políticos, da la sensación de que, después de un año, aún no se han enterado de que el planeta está sufriendo una pandemia cuyo origen es muy incierto. En la película V de Vendetta, el protagonista, bajo una máscara dice algo que tiene mucha relación con la situación actual: «Imagínese el virus más terrible que pueda y luego imagínese que solo usted tiene la cura. Si su meta es el poder, ¿cuál sería la mejor forma de usar esa arma?». No hace falta decir nada más y a buen entendedor…

La pandemia ha llevado a muchos sacrificios a muchas personas, sobre todo a los mayores que, en muchos casos, han vivido los distintos confinamientos en soledad. Pero los han aguantado con el valor que da la responsabilidad de la vida. Ahora los han vacunado en primer lugar, como es de justicia, salvo para quienes defendían que los primeros en recibir la vacuna deberían ser las personas en edad productiva.

Sin embargo, a pesar de que los mayores pudieran estar inmunizados, reanudar los viajes del Imserso podría convertirse en una verdadera bomba biológica que pondría en peligro tanto la vida de los mayores como de los que los rodearan, puesto que la vacuna no elimina la transmisión del virus, tal y como muestran los estudios científicos. ¿Qué pretende Garamendi? ¿Convertir los centros turísticos en «nuevas residencias de ruinas humanas» tanto para los mayores como para el resto de la población? ¿Ha pensado en el riesgo para los trabajadores y trabajadoras de esos hoteles que aún no están vacunados?

El presidente de la CEOE afirmó en la misma entrevista que para reactivar la economía eran necesarias ideas imaginativas. ¿Este es el mejor ejemplo que puede ofrecer? ¿O es que las presiones que recibe son tan fuertes que no da tiempo para la meditación y la reflexión?

Un análisis de este tipo no lo he visto en ningún sitio, nadie ha cuestionado la propuesta de Garamendi que, por cierto, afirmó que había sido bien acogida por el Gobierno, ¿por un gobierno teóricamente humanista? El progresismo se demuestra andando porque una aberración social y humana como esta no puede permitirse bajo ningún concepto. Por eso, puedo afirmar que el único medio progresista y de izquierdas que sabe distinguir el sonido del lado humano en este país es Diario16 y ni «santos ni demonios» lo podrán poner en duda, vengan de donde vengan.

Las personas mayores no son las sostenedoras del sector turístico ni del sector hostelero, no son una herramienta económica más. Son seres humanos. Bastante que, por su responsabilidad social y su lealtad personal han sostenido con sus ínfimas pensiones a las víctimas de la crisis de 2008 y han evitado una revuelta violenta de la ciudadanía que vio cómo el Estado, entregado a los intereses de las élites, al igual que Garamendi, no resolvió los problemas derivados de la explosión de un sistema creado por las clases dominantes para romper el equilibrio y el bienestar con el fin de construir una sociedad basada en la más absoluta desigualdad.

Señor Garamendi, antes de proponer algo que le hace quedar muy bien de cara a sus asociados, piense bien lo que va a decir, porque, de llevarse a efecto, habría quien le responsabilizara directamente de todos los brotes que se pudiesen producir y de todas las muertes de la quinta ola o de la «ola del Imserso».

1 Comentario

  1. La frivolidad, o inconsciencia con la que aborda el problema es aterradora. Sin economía no hay bienestar social, ni sanidad ni educación, ni pensiones.

    Tenemos una deuda pública de más de un billón de euros, por los que pagamos 30.000 millones anuales de intereses. Dinero con el que se podría mantener una paga mensual de 800 euros a 3.000.000 de españoles.

    Según las previsiones la deuda superará este año los 1.2 billones de euros, los intereses aumentarán y en los próximos años quedará menos dinero para pensiones, sanidad, etc.

    Criticar que se ponga el marcha el principal sector económico que alimenta las arcas públicas con las que se paga sanidad, pensiones, y educación, es frivolidad, inconsciencia, ceguera o todo a la vez.

    Gracia a egoístas como el señor Garmendia, el estado recauda impuestos y se pagan los servicios públicos. Los «altruistas» lo único que saben hacer es pedir más dinero para todo, sin importarles si a papá estado le han bajado el sueldo o está en el paro.

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