derecha

Ante la nueva situación surgida con el acuerdo de las derechas para gobernar en Andalucía, se hace necesario que los partidos de la izquierda política e ideológica, las organizaciones republicanas y los sindicatos de clase se unan, para dar respuesta a lo que se avecina. Hay quienes vaticinan que la situación andaluza se extenderá por España, no pasando mucho tiempo; en las próximas elecciones municipales, autonómicas, europeas y quién sabe si en las próximas generales puede ocurrir e terremoto. Hay que lanzar un SOS para la democracia uniéndonos en un Frente Popular.

Después de los resultados en Andalucía, los medios de comunicación, al servicio del poder, han cambiado el discurso influyendo en la opinión de millones de personas, que cambia el orden de sus preocupaciones. Si el poder económico se sintió contra las cuerdas cuando apareció Podemos, ahora se siente satisfecho con la aparición de la ultra derecha, unida a la derecha de siempre, que por no perder el sitio se radicalizan en un posicionamiento de involución. Porque no nos dejemos engañar; Vox no “ha colado” nada al PP, todo era una maniobra y Ciudadanos estaba en el juego, pese a lo que quieren vender ahora. Las tres formaciones representan a la derecha española unida.

Tiene razón mi amigo Pepe Fernández, director de @confidencialand cuando dice que “Un banco espiando e investigando a medio país desde las cloacas y al margen de la Ley, pero lo que preocupa de verdad es lo que hagan a partir de ahora 12 diputados frente a 97 en un parlamento regional”. Pero no es menos cierto que, precisamente por eso, Vox se ha convertido en un peligro, junto con un PP en retroceso, pese a que gobernará Andalucía con su peor resultado, y un Ciudadanos que se mantiene, mirando hacia otro lado para tocar poder.

La derecha en España ha dominado históricamente los resortes del Estado. Desde el fin de la guerra en 1939 y hasta hoy no ha dejado de estar en el poder. Controló la Transición a la democracia; se mantuvo en el poder económico durante los gobiernos socialistas y ahora sin complejos, pretenden retornar al Estado totalitario franquista. El mayor problema político que padecemos, sigue siendo la herencia del franquismo, que viene dominando los designios del pueblo, a través de las políticas antisociales y represivas que desarrollaron los gobiernos del PP. Heredó las instituciones y su forma de ser y actuar, porque son los mismos y siguen en el empeño.

Frente a la unidad que presenta la derecha, en defensa de sus intereses patrimoniales e ideológicos, los partidos de izquierda se han caracterizado por marcar sus diferencias. Esto por si mismo no es negativo, es favorable para fortalecer los debates y encontrar, mediante la razón, las ideas que lleven a superar la situación de injusticia que soporta la clase trabajadora. También es cierto que esa desunión, propicia que la derecha se mantenga en el poder y consiga sus fines. La división de la izquierda tiene una larga historia, que ya se manifestó durante la guerra civil, con las luchas entre comunistas, anarquistas y socialistas. Hoy, mientras el PP se aglutina en un amplio espectro, con liberales, democristianos, conservadores, franquistas y con la extrema derecha; la izquierda sigue dividida y en el peor de los casos enfrentada.

Un componente esencial del pensamiento de izquierdas consiste en su actitud crítica (Augusto Klappenbach). La izquierda cuestiona al poder, mientras que la derecha se dedica a justificar el orden social, dirigiendo sus esfuerzos a defender el sistema establecido o reformarlo para su continuidad. La vocación ética, de crítica rigurosa, es común en la izquierda, hasta el punto de volverse en su contra. Según Max Weber, la ética de las convicciones tiende a aplicar los principios morales de modo absoluto, despreocupándose de las consecuencias que provoque la conducta. Olvidando en ocasiones que el objetivo de la acción política, consiste en la transformación de la realidad injusta y que la función de las ideas y principios consiste en hacerlo posible.

El 7 de enero de 1936, el presidente de la Segunda República, Niceto Alcalá Zamora, decretó disolución de las Cortes y convocó elecciones para el 16 de febrero, que ganó el Frente Popular; una coalición electoral formada por los principales partidos republicanos. Fueron las últimas elecciones durante la República y no se celebraron otras hasta 1977, tras la muerte de Franco. El primer gobierno de la República en 1931, pretendió modernizar el país y promover la justicia social, objetivos que el gobierno del Frente Popular. Nada fue fácil; tan grande fue la oposición de la derecha capitalista y caciquil, junto con la de iglesia católica, que dieron un golpe de estado que provocó una guerra; la ganaron con la ayuda del capital internacional, la Italia fascista y la Alemania nazi. Crearon un Estado totalitario que mantuvieron durante cuarenta años y que hoy algunos herederos pretenden retomar.

Para Frei Betto, ser de izquierdas, es optar por los pobres, indignarse ante la exclusión social, inconformarse con toda forma de injusticia o, como decía Bobbio “considerar una aberración la desigualdad social”. Por el contrario, ser de derechas es tolerar injusticias, considerar los imperativos del mercado por encima de los derechos humanos, encarar la pobreza como algo incurable, con la creencia de que existen personas y pueblos intrínsecamente superiores a los demás inferiores.

De estas ideas emanan todas las demás. El socialismo, el ecologismo, el comunismo, el anarquismo, el feminismo, el pacifismo, el igualitarismo, el patriotismo progresista o la doctrina social cristiana son distintas ideologías, todas respetables y decisivas, que nos llevan a la defensa de las conquistas sociales, la lucha por una educación y una sanidad pública, la resistencia frente a los desahucios, la conciencia de género, el combate contra la austeridad o a la defensa de nuestra soberanía frente a los poderes financieros transnacionales. Toda esta diversidad, frente a un enemigo común la derecha unida.

El pueblo llano, representado en las organizaciones republicanas, de izquierda y sindicales, fueron capaces de formar un Frente Popular en 1936, sin perjuicio de dejar a salvo los particulares postulados de sus doctrinas, comprometiéndose a un plan político común que sirviese de fundamento a la coalición en la contienda electoral y de norma de Gobierno, que habrían de desarrollar en el caso de victoria. En el Manifiesto “Declaran ante la opinión pública las bases y los límites de su coincidencia política” y la ofrecen a la consideración de las restantes organizaciones republicanas y obreras, por si estimasen conveniente integrarse en el bloque republicano y de izquierdas, que habrían de luchar frente a la reacción en las elecciones generales a Cortes. La conspiración de la derecha reaccionaria y el golpe de Estado contra la legitimidad de la República, se puso en marcha nada más formarse el gobierno de Azaña. Políticamente fue antidemocrático; jurídicamente anticonstitucional; socialmente conservador y tradicionalista; espiritualmente clerical; ideológicamente totalitario; económicamente capitalista; militarmente absolutista; y moralmente inhumano.

Superado aquello, con la memoria viva sobre lo ocurrido y reivindicando que se respete la Memoria Histórica y los derechos de las víctimas, la izquierda debe suavizar enemistades entre sí y encontrar el ideal que una. No me refiero a pactos de salvación económicos, que vienen a consolidar y legitimar políticas antisociales y represivas. Me refiero a acuerdos que fortalezcan la justicia social, la igualdad y la solidaridad. Hay que pasar la página de rencillas históricas y navegar juntos hacia la victoria final, bajo el lema universalmente válido: “¡trabajadores del mundo, uníos!”.

Como recuerda Carlos Hernández Pezzi, “la izquierda debe salir de la perplejidad, rearmarse de ideas”, si quiere hacer frente a los desafíos que tenemos por delante. Para el grupo Por la unidad de la izquierda, la izquierda defiende siempre los valores de progreso, es decir, libertad, igualdad y bienestar. En los tiempos que corren y tras lo visto en las elecciones en Andalucía se hace más necesario que nunca la unidad y la movilización de la izquierda. Propone apoyar en cada territorio las candidaturas avaladas por la izquierda que tengan más posibilidades de tumbar a la derecha escorada ahora hacia las posturas radicales que patrocina la ultraderechista.

Podrá haber alguien que tema utilizar el término Frente Popular, por lo que significó en la historia y prefieran otro. Cualquiera que sea el término, hoy como ayer, la necesidad, la razón, la dignidad y la justicia social exigen que la desigualdad desaparezca y éste debe ser un objetivo común. Hoy más que nunca es necesario un Frente Popular, contra la derecha reaccionaria unida, que siempre ha estado ahí, pero que ahora da la cara.

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