El 28 de abril dejó un escenario complicado, la polarización de la sociedad dejaba a un PSOE con 123 diputados, obteniendo la victoria en la izquierda. Tras meses de desencuentros con Podemos, la sentencia del “Procés” y la exhumación de Franco dejaron enrarecido el ambiente. El 10N dejaba un escenario parecido, con un claro retroceso de la izquierda, aunque obteniendo una victoria que algunos calificarían como pírrica.

Como ya apuntaba en mi anterior artículo, las elecciones eran un conjunto de luchas, la más importante se dio en el bloque de la izquierda, el único que tenía capacidad real de gobernar. Pese al retroceso se confirman dos cosas: La primera es que UP y PSOE se necesitan para gobernar y que no hay alternativa a este proyecto, la segunda es que la hegemonía en la izquierda pertenece ahora, de manera más amplia, al PSOE.

En la derecha se dio algo similar, Ciudadanos, tras una campaña electoral digna de estudio, ha perdido la mayor parte de su fuerza, a partir de aquí puede haber dos opciones: Pueden reconducir el proyecto de manera moderada, aunque esto pasaría por allanar la investidura de Sánchez, lo cual en estos momentos es poco probable. La otra opción pasaría por inmolarse, bloquear de nuevo la situación y, si hay unas terceras elecciones, pasar a la irrelevancia como UPYD en su día.

Sin duda, el auge de la ultraderecha ha sido el detonante para que los líderes progresistas comenzaran las negociaciones el mismo día de las elecciones. Cuando le ves las orejas al lobo todo suele ir más rápido, se podría decir que Abascal es el que más ha ayudado a formalizar el preacuerdo al que han llegado UP y PSOE para formar gobierno. Aunque también me gustaría reflexionar sobre esto, porque es una verdadera lástima que tenga que ser la ultraderecha la que nos haga ponernos de acuerdo.

Si bien es cierto que todavía no tenemos ni presupuestos ni gobierno investido, el camino no parece más complicado que el abierto el 28 de abril, puesto que ahora Sánchez puede contar con los partidos regionalistas, que apoyarán la investidura de este gobierno de coalición.

El reto para superar la investidura, sin embargo, son las fuerzas independentistas catalanas, con las que habrá que dialogar en pos de la estabilidad de España. Ahora más que nunca es tiempo de esperanza y responsabilidad, pues el proyecto progresista por fin podría verse materializado.

No cabe duda que este gobierno tendrá la obligación de devolver los derechos y libertades perdidas por el pueblo español tras la profunda crisis económica, además de hacer frente a la inminente desaceleración de la economía española.

En cualquier caso, no creo que sea tiempo de pesimismo sino de ilusión. Como diría Pablo Iglesias, ese gobierno nace de la “necesidad histórica”.

Para concluir me gustaría apuntar que, esta además podría ser una oportunidad histórica para cumplir de una vez con las víctimas del franquismo, ya que, tanto PSOE como UP en sus programas propusieron dotar a todas estas organizaciones de fondos para exhumar el mayor número de fosas.

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