En México la lucha por la democracia atraviesa una de las épocas más obscuras, a la habitual pobreza y desigualdad el régimen abonó la violencia sus víctimas predilectas: mujeres, estudiantes, periodistas y migrantes.

Este régimen corrupto es un tipo de Estado fallido resultado del fracaso del salinismo que es el modelo económico neoliberal mexicano, este agotamiento se aprecia en el descredito en los partidos a excepción de la coalición obradorista, los demás partidos promueven promesas gastadas y hasta cínicas.

Podríamos tomar como ejemplo la idea central de Ricardo Anaya que es meter a la cárcel a Enrique Peña Nieto, motivos sobran, pero en honor a la verdad todos recordamos a Anaya como el matraquero número uno del presidente, no había acto de promulgación en el que no estuviera su discurso zalamero amparado en el Pacto por México.

Mientras tanto José Antonio Meade cuando habla de combate a la corrupción se muerde la lengua, no hay, no conozco a alguien que tome con seriedad su propuesta, tanto él como Anaya son candidatos sin proyecto, carentes de arrastre popular y sin la mínima identidad con sus partidos a lo que dividieron entre los postulados por la vía plurinominal y los que al no tener garantía de cargo abrazan el proyecto de López Obrador.

Este último propone acabar con la corrupción, idea central que logró el consenso popular, se trata de la viabilidad de México como Estado, es sacar al país del desgobierno o del gobierno del crimen como quiera o desde donde se quiera ver, esa bandera une al pueblo, al llano y al selecto, pobres y ricos piden que pare el saqueo.

Su campaña empieza con el impulso de su paso por todo el país, no hay Estado no hay Ciudad en la que no haya reunido a una multitud contra la voluntad del partido en el gobierno, mientras él, más allá del apoyo de tres partidos, está respaldado por un verdadero movimiento social que clama por paz y justicia.

La elección está a la vuelta de la esquina y como dice el dicho este arroz ya se coció, tan es así, que distinguidos cuadros del régimen salinista se están sumando al proyecto de López Obrador, podríamos levantar la ceja cada que vemos a panistas, priístas, deportistas o artistas de televisa, pero su adhesión es señal inequívoca de la transición de la resistencia hacia un nuevo régimen.

El Proyecto Alternativo que representa ese nuevo régimen en esencia es un auténtico gobierno de salvación nacional, se trata de poner un alto al fuego, es el freno al saqueo, ni ladrones ni asesinos pueden actuar con impunidad desde el poder.

Este es su compromiso y quienes lo conocemos sabemos que lo va a cumplir, que es un hombre limpio, tan es así, que ni Felipe Calderón ni Enrique Peña por más que intentaron encontraron forma de enderezarle acusación alguna. La campaña está por empezar y mantendrá la lógica de concentrar los ataques en su contra, el régimen tratará de provocar el miedo de sus antiguos aliados: políticos y empresarios.

La campaña negra fracasará, todo ataque confirma que es López Obrador la esperanza, que el sistema puede cambiar diametralmente si es ejercido con rectitud y honestidad, algo así como la diferencia de las teorías clásicas entre el monarca y el tirano.

Los cerca de 300 mil ejecutados más los 34 mil desaparecidos del régimen confirman que no hay más Ley que la del talión: ojo por ojo, diente por diente. Es la clara manifestación del desgobierno que domina el territorio nacional, la delincuencia organizada y el gobierno son uno mismo, es en esta circunstancia que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se convierte en un gobierno de salvación nacional.

Además del baño de sangre, México sufre el saqueo a través de los contratos corruptos, sean energéticos o en materia de comunicaciones, es bien sabido que casos como el del aeropuerto de Texcoco es el gran negocio por ser un tonel sin fondo siempre ocupara millones de pesos para funcionar en medio del pantano.

La posibilidad de la cancelación de la obra pone a los que se asumen los dueños de México de pestañas, les pega donde más les duele, en esa cartera que se alimenta del trafico de influencia, del soborno, del cohecho, en una palabra: corrupción.

La corrupción desborda sus cuentas al grado de poner ese dinero a nombre de empresas hechas para guardarse en paraísos fiscales, ese dinero como el de Odebrecht es con el que hacen sus campañas Meade y Anaya, ellos no tendrán pueblo, pero traen carretadas de ese dinero, por eso y más el triunfo de Obrador se perfila como un verdadero gobierno de salvación nacional.

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