Las disputas de Antonio Maestre con los independentistas son habituales. Su opinión suele ser siempre a favor de la unidad de España, entendiendo que en el independentismo no se encuentran opciones de izquierdas que puedan ser coherentes.

En este sentido, carga las tintas contra quienes, desde una perspectiva de izquierdas, defienden la autodeterminación y los procesos de independencia. Sin embargo, lo que ha sucedido este fin de semana ha traspasado la línea de la ética, ya que para atacar la posición de la CUP en la sesión de investidura  (que votó en contra), ha puesto en el punto de mira a la que fuera diputada de la formación independentista, Mireia Boya.

Mireia Boya ya no forma parte de la CUP, pues hace meses que abandonó la formación denunciando la situación de acoso por parte de un compañero. Sin embargo, ha mantenido siempre de manera activa la lucha por la autodeterminación de Cataluña. Su compromiso con la defensa democrática y pacífica del independentismo es incuestiobable: como lo es su posición anticapitalista, feminista y a favor del medio ambiente. Es una mujer referente en la política de izquierda, más allá del independentismo.

Pero en su pieza titulada «los antifascistas folclóricos de Cataluña«, publicada en eldiario.es, Maestre hace una serie de declaraciones entre las que pretende manchar la imagen de Boya «denunciando» cuestiones supuestamente referentes a su familia, que además, son falsas.

En la versión actual aparece la corrección señalando: «Corrección: en la primera versión de este artículo se afirmaba que la familia de Mireia Boya tiene gasolineras y supermercados cuando en realidad solo tiene negocios turísticos». Una curiosa manera de «corregir», cuando vuelve a incidir en un error, que además le explicó públicamente la catalana, y que Maestre no ha querido «volver a corregir».

Maestre introduce, antes de «disparar» contra Boya (literariamente), su argumento: «Mantuve la esperanza hasta el último momento de que la CUP al menos se abstuviera, como hizo Bildu, un partido con más historia y recorrido antifascista que, sin pretenderlo, sacó los colores a los independentistas catalanes con su discurso. Lo creía firmemente. Desde mi concepción antifascista, no podía acabar de entender que en una situación de trincheras como en la que se convirtió el Congreso, los antes compañeros de clase de la CUP votaran con quien quiere retrotraernos a los peores años de nuestra historia. Pero lo hicieron. La realidad descarnada es que decidieron votar con el fascio, para impedir la entrada de ministros comunistas en un gobierno por el miedo a que eso implicara una mejora de la situación global y una desmovilización que les restara influencia, protagonismo e ingresos a través de sus resultados electorales.» A continuación, aprieta la tecla: «Uno de los ejemplos de la convergencia inflitrada en la CUP es el de Mireia Boya. Hija de burgueses cuasicaciques del Valle de Arán con negocios turísticos ha dejado escrito que la estrategia de empeorar la situación en España no es una estrategia negativa, si ello sirve a sus intereres nacionalistas: «El cuanto peor, mejor no es negativo, como nos quieren hacer creer, es la estrategia que combina memoria, sentido de Estado, dignidad y lucha desde la calle contra el régimen del 78, y es imprescindible para avanzar. Y si no que se lo digan a Rosa Parks, por ejemplo».

«Ejemplo de convergencia infiltrada». Ni más ni menos. ¿Por qué? Porque según Maestre Boya es «hija de burgueses cuasicaciques del Valle de Arán con negocios turísticos. Antes escribió que eran dueños de gasolineras y supermercados. Y esto fue lo que le contestó la propia Boya:

«La familia de las gasolineras y supermercados no es la mía, es otra. Para ser periodista de investigación eres bastante mediocre. Esto son injurias. Agradecería rectificación @eldiarioes. Si quieres info, te la mando»

Es cuando Maestre responde: «Toda la razón, vuestra familia es sólo la de los negocios turísticos. Yo cuando me equivoco hasta en un artículo de lo opinión lo rectifico sin problema».

Pero Maestre se volvió a «equivocar» y Boya tuvo que explicarle, de nuevo, que no era cierta su afirmación:

«Tampoco. Mis padres murieron en 2016 (madre) y 2019 (padre). La casa rural (no hotel), tenía sólo 3 habitaciones. La tuve que cerrar el otoño de 2017 por amenazas de muerte fascistas. Si quieres ir contra mí, vale, pero hazlo sin mentir. Igual no te sirvo para tu historia».

Efectivamente, tal y como dice Boya, la casa rural de 3 habitaciones de la que era propietaria, tuvo que ser cerrada en 2018 debido a los ataques brutales que recibió la entonces diputada de la CUP. Tal y como publicó en ese momento La Vanguardia: «Mireia Boya cierra la casa rural tras recibir amenazas fascistas».

El aluvión de críticas por el artículo de Maestre en redes aún continúa dos días después de su publicación.

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