La vendetta de los populares contra Cristina Cifuentes a raíz de la supuesta falsificación de las notas de su master está dejando al descubierto también las vergüenzas de la Universidad Rey Juan Carlos y, probablemente, se irán dando a conocer usos y costumbres poco ortodoxas de otras instituciones académicas universitarias. En este sentido, Alumnado de la misma universidad donde la presidenta de la comunidad de Madrid obtuvo el master que le puede llevar a la ruina política, reconocen a Diario16 una gestión caótica e incluso arbitrariedad del profesorado en las notas.

Como ejemplo de estas acciones, nuestro medio presenta un documento de respuesta por email de una profesora a un alumna relacionado con un examen. La docente puso la misma prueba escrita al grupo de mañana y al de tarde. Sospechosamente todos los de la tarde contestaron igual a todas las preguntas, menos una alumna, que presentó respuestas diferentes al resto. En el email de respuesta de la docente a la alumna, se pone de manifiesto que la profesora se lava las manos cuando tiene conocimiento de ese fraude colectivo. Incluso es ella quien anima a la alumna, si lo considera, a denunciarlo a otras instancias. Al mismo tiempo, le deja claro que no tiene intención ni opción de modificar las notas ya publicadas.

Otro joven recuerda, como ejemplo del caos que impera en esa universidad, que “un compañero que hizo todo el curso conmigo en clase, y al final de curso le dijeron que estaba matriculado en Argüelles”. Este alumno también confirma que el tema de notas es variable, depende del profesor, “tenemos uno que nos dice a todos que si no vamos a revisión te sube tres décimas, y que corremos el riesgo de que nos baje si vamos a reclamar”. Es la forma de no tener que dedicar tanto tiempo a las tutorías ni a las visitas incómodas de las reclamaciones.

La endogamia tampoco pasa desapercibida entre el alumnado, que destacan que “cada vez hay más hijos de docentes históricos de toda la vida que están también dando clases allí”. Otro alumno, asegura que hay una tendencia a “corregir por el nombre” y que “desde que empecé la carrera he visto muchas irregularidades y, por ese motivo tengo ganas de acabar la carrera. Además, esto nos puede pasar factura en el futuro cuándo en una entrevista vean que he estudiado en la Rey Juan Carlos”.

Se ha acusado directamente a Pablo Chico de la Cámara, como el profesor encargado de ordenar el cambio de nota de Cifuentes. Sin embargo, una alumna nos dice que eso no es posible por que ella misma, a pesar de haber acudido al examen, apareció como “no presentada en las notas cuando las actas ya se habían cerrado y el profesor no podía cambiarme la nota. Tuve que contactar con secretaria y me dijeron que tenía que escribir a cada profesor, para que ellos mismo escribieran a un departamento y ese departamento pudiera cambiarme las notas. Por lo que, los profesores en sí no pueden cambiarte la nota, sino que se lo tienen que pedir a la universidad”.

Las irregularidades incrementan a medida que escuchamos más testimonios. Un estudiante de periodismo, cuenta como en primero de carrera su profesor de lengua enfermó y estuvieron un largo periodo sin sustituto hasta que al final del año escolar llegó. “Nos pusieron un examen y la gente que había aprobado no sabía ni cómo y los que suspendieron se presentaron en la revisión, consiguiendo aprobar por que si”.

Otro caso que no deja indiferente a nadie podría indicar que el plagio es una asignatura aceptada en la Universidad. “Un amigo mío hizo un examen por el Aula Virtual y, si ahí haces copy paste al profesor se sale reflejado. El suspendió y cuando fue a revisión el profesor le dijo que había copiado”. La reunión entre alumno y profesor terminó con un apretón de manos haciendo ver el plagio como el mejor aliado que un estudiante pueda tener. “El profesor, le dijo que si era capaz de responder a una pregunta, aprobaba. Mi amigo, consiguió responder correctamente a una pregunta de todo el temario, y aprobó”.

Estos testimonios ponen en tela de juicio la gestión en la Universidad Rey Juan Carlos y perjudica gravemente a su alumnado que ha confiado en esta institución. Del mismo modo, perjudica la imagen del profesorado que ejerce con profesionalidad su oficio y confía en la importancia de su labor. Desgraciadamente, parece ser que estas irregularidades se presentan para muchos como tradiciones ya inamovibles en la educación universitaria española e, incluso, la educación escolar. Los alumnos no deben conformarse con llegar a conseguir el titulo universitario sino que deben exigir una formación propiamente universitaria.

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