Don Antonio lleva tiempo en silencio, el silencio místico de quien no deja de crear. Sus conversaciones nocturnas con Quintero. Su humor. Su poesía en la Cope, junto a Encarna Sánchez. Ese Antonio Gala mediático ya no existe. Espero que esté bien de salud, a pesar de esta tormenta de gerontomaquia. ¿Qué le puedo decir, respetable amigo? Ojalá te vaya bonito, como cantó Lola y que siga luchando como siempre: como aquella vez que se enfrentó a los de la energía nuclear, a los de la OTAN, a ese maldito cáncer que superó como un héroe griego. Me gustaría leerle algo. Anímese a publicar un libro o volver a su columna, ¿por qué no? Antonio, un hombre como usted no se puede retirar así. Un poco de silencio, de acuerdo, pero no viene mal alimentar el espíritu de la sociedad- a la que usted le debe mucho, y ella a usted-. Usted es de esos hombres que muere de pie como los árboles. Un abrazo fuerte.

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Lector. Filósofo. Cuentista. Poeta. Dramaturgo. Estudioso de literatura judeo-islámica; especializado en Al-Ghazali, Maimónides o Ibn Arabi. Autor de “Saturno y el barro”, “Introducción a la cuestión mesiánica en el pensamiento judío”, “Sherezade constitucional” o “El ciervo de Dios y el psicoanálisis”

1 Comentario

  1. Señor/a Sibaki. Gracias por su artículo. Hace mucho tiempo me hago la misma pregunta. Antonio Gala seguramente no quiere o no puede escribir. Yo le deseo que le estén cuidando con acierto y mimo y que su sabiduría, humor y ternura nos llegue por otros canales inevitablemente más sutiles, como quizá un pensamiento sobre el mundo en algún amanecer desde su Baltasara. Gracias otra vez, le seguiremos pensando. Ana

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