Los negacionismos de todo tipo están destruyendo principios democráticos, valores morales fundamentales y el delicado tejido social que Occidente tardó décadas en construir. Hay muchos tipos de negacionismos, como los que niegan la memoria histórica, los derechos de la mujer, la esfericidad de la Tierra o el cambio climático (la contaminación mata, por mucho que la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, se empeñe en lo contrario contra toda evidencia científica).

Ahora, a la lista de los nocivos negacionismos hay que sumar otro tan peligroso o más como los anteriores: el negacionismo sanitario que cuestiona la eficacia de los tratamientos científicamente probados. Los más radicales de este movimiento que nos conduce sin remedio a la edad de las cavernas (tan irracional como los populismos demagógicos en política) se postulan como fuertes detractores de las vacunas, que consideran malas para la salud. Y las terribles consecuencias ya se están dejando notar en nuestro país.

En el primer semestre de 2019 se confirmaron 224 casos de sarampión en España, según datos de la Asociación Española de Pediatría. El sarampión era una enfermedad totalmente erradicada, pero ha brotado con fuerza en los últimos años después de que los negacionistas de las vacunas hayan logrado inocular en la población, como el virus más letal, la idea de que no es necesario inmunizar a los niños contra graves enfermedades contagiosas.

Según informaba el Centro Nacional de Epidemiología en su boletín semanal del 30 de mayo de 2019, casi el 90% de estos casos se han registrado en Castilla-La Mancha (34 casos), Cataluña (55), Comunidad Valenciana (15) y Madrid (37). La gran mayoría de los episodios se han registrado en el mes de abril y, sobre todo, en el de mayo. En el mismo período de 2018, la Comunidad Valenciana acumulaba la mitad de todos los casos notificados en España.

Tras conocerse estas estadísticas, en el Gobierno han saltado todas las alarmas y el pasado mes de septiembre el Ministerio de Sanidad informó de que todos los nacidos a partir de 1970 y que no se hayan vacunado o no hayan padecido el sarampión deben acudir a su centro de salud para poner hacerlo de forma inmediata.

Los datos son contundentes: del total de expedientes médicos analizados, solo 5 casos correspondían a personas vacunadas con dos dosis de vacuna triple vírica (de 20-45 años). Los 52 restantes (un 91,2%) no estaban correctamente inmunizados. Finalmente se ordenó la hospitalización de 13 pacientes. Ninguno de ellos estaba vacunado.

El sarampión es altamente contagioso, más que el ébola, la tuberculosis o la gripe. El virus puede ser contraído hasta dos horas después de que una persona infectada haya abandonado una habitación. Se propaga a través del aire e infecta el tracto respiratorio, matando potencialmente a niños desnutridos o bebés demasiado pequeños para ser vacunados. Una vez infectado, no existe un tratamiento específico para el sarampión, por lo que la vacunación es una herramienta que salva vidas.

El informe del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) ha avisado de que el número de casos de sarampión ha aumentado hasta niveles “alarmantemente altos”. Casi un centenar de países ha registrado un repunte en el número de afectados, según informa Europa Press.

El documento, además, va acompañado de dos listas, una de las cuales detalla diez países, con Brasil a la cabeza, que han registrado casos de sarampión en 2018 después de que el año anterior no se tuviera constancia de caso alguno. La segunda lista representa a los diez países que han registrado los mayores aumentos de afectados de un año a otro y está liderada por Ucrania, donde Unicef alerta de la existencia de un creciente movimiento antivacunas, parte clave de una reemergencia que el fondo de la ONU suma a otros factores, como los conflictos armados.

“La mala infraestructura de salud, los conflictos civiles, la baja concienciación de la comunidad, la complacencia y las dudas a la hora de vacunar a los niños ha llevado a que estos brotes estén ocurriendo de nuevo tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo”, según Unicef. “Por ejemplo, en los Estados Unidos el número de casos de sarampión se ha multiplicado por seis entre 2017 y 2018, alcanzando los 791 casos, algunos de ellos registrados en ciudades como Nueva York o Washington”.

Ucrania lidera los diez países que han registrado un mayor incremento de casos (30.338), por delante de Filipinas (13.192), Yemen (6.641) o Venezuela (4.916). Llama la atención la aparición de Francia en el décimo puesto, con 2.269 casos más respecto del año anterior. Brasil encabeza la lista de destacados casos de sarampión en 2018 en países sin casos notificados en 2017, con 10.262 afectados, muy por delante de Moldavia (312), Montenegro (203) o Colombia (188).

“Esta es una llamada de aviso. Tenemos una vacuna segura, efectiva y económica contra una enfermedad altamente contagiosa, una vacuna que ha salvado casi un millón de vidas cada año durante las últimas dos décadas”, ha declarado la directora ejecutiva de Unicef, Henrietta H. Fore. Lamentablemente, todas las alertas de los organismos científicos internacionales serán superadas por esta ola de fanatismo, estupidez e irracionalidad que se extiende de forma imparable por todo el mundo.

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