Hasta ahora la violencia supremacista blanca era propia de los países anglosajones. España nunca había tenido un problema de terrorismo de extrema derecha pero todo se importa del extranjero y en los últimos días han aparecido preocupantes indicios que llevan a pensar que algo se está moviendo en el submundo ultraderechista hispano. La señal de alarma saltó esta misma semana, cuando los Mossos d’Esquadra detenían en la Pobla de Cérvoles (Lleida) a dos hombres de 30 años y nacionalidad española acusados de delitos de incitación al odio contra diferentes colectivos de extranjeros y por enaltecimiento del terrorismo racista.

Según ha informado la policía catalana, se trata de la primera investigación policial a nivel estatal vinculada a la supremacía blanca, que se ha llevado a cabo en colaboración con la Guardia Civil. Las pesquisas se iniciaron a mediados de 2019, cuando se localizó en Internet un documento a modo de guía programática en el que se hallaron elementos en común con otros escritos elaborados por terroristas vinculados a grupos facistas.

Desde entonces, la policía ha podido comprobar que los detenidos gestionaban diferentes perfiles en lugares web y en diferentes canales de mensajería instantánea y se dedicaban a difundir mensajes de contenido racista contra otros colectivos por razón de raza, origen, creencias, manifestaciones políticas, sexo u orientación sexual. Bajo la convicción de superioridad de la raza blanca “por encima de todo”, difundían mensajes de contenido racista. Además, defendían la creación de “comunidades blancas” aisladas y autosuficientes en entornos rurales con armas para estar preparados para “la guerra racial”. Entre el material incautado en el domicilio de los detenidos había armas de diferente calibre y varios libros nazis como el Mein Kampf (Mi lucha), el primer libro escrito por Adolf Hitler. Finalmente los arrestados fueron acusados de delitos de odio, no de enaltecimiento del terrorismo, pero todo eso va a cambiar con la nueva Ley de Memoria Democrática, que prevé fuertes sanciones para quienes hagan apología del totalitarismo.

El informe anual de 2019 sobre terrorismo internacional emitido por el Gobierno de Estados Unidos alerta de que la amenaza de violencia organizada por motivos raciales o étnicos, “particularmente el terrorismo supremacista blanco”, sigue siendo un serio desafío para el mundo. Continuando con una tendencia que comenzó en 2015, el pasado año hubo numerosos ataques mortales, como los atentados de Christchurch, Nueva Zelanda; Halle, Alemania; y El Paso, Texas. El propio Gobierno español, a través de los informes de sus Servicios de Inteligencia, viene alertando de que la amenaza es real. “Los grupos terroristas van modificando sus métodos de organización y funcionamiento, intentando aprovechar las debilidades de los estados y recurriendo a las tecnologías de la información modernas (Internet, redes sociales, mensajería encriptada) para aumentar el impacto de sus atentados. Estos grupos se aprovechan igualmente de la existencia de zonas en algunos países que escapan al control de las autoridades públicas. Los terroristas utilizan esos “refugios seguros” para organizarse, entrenarse y preparar ataques, tanto en el estado en el que se hallan como en otras partes del mundo”, advierten los expertos del FBI.

Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno de España se lleva a cabo un análisis continuado del fenómeno del terrorismo internacional, la propuesta y definición de distintas actuaciones para hacer frente a la amenaza y la participación activa en los principales foros internacionales donde se aborda esta problemática (coordinando la representación institucional del Estado con el resto de ministerios y organismos públicos). Ya no se trata solo de luchar contra el terrorismo yihadista, que ha causado estragos en los últimos años; el terrorismo supremacista blanco está ocupando cada día más un lugar preferente en las agendas de los expertos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

La amenaza terrorista es global, tanto como los movimientos políticos que promueven la violencia y el supremacismo blanco. Desde este punto de vista, el nuevo fascismo alimentado por partidos populistas emergentes en Europa y al otro lado del Atlántico preocupa a las autoridades. Desde que líderes abiertamente xenófobos como Donald Tump o Jair Bolsonaro llegaran al poder en Estados Unidos y Brasil, respectivamente, los grupos ultras con pretensiones violentas se han rearmado de forma preocupante. No solo inquietan las organizaciones neofascistas más o menos estructuradas, sino las actividades de los lobos solitarios, extremistas con graves taras psicológicas que vuelcan en las redes sociales todo su odio contra la democracia, el establishment y la multiculturalidad y que terminan empuñando un arma para atacar a las minorías étnicas, a las que considera culpables de todos los males.

Desde ese punto de vista, partidos como Vox, que en España alimentan discursos contra los inmigrantes, pueden convertirse en un serio problema para la convivencia, la tolerancia y la paz social. Hace solo unos días la diputada Rocío de Meer denunciaba, durante una sesión en la Diputación Permanente del Congreso, que el “multiculturalismo” es el gran problema de España. “Yo sé que a ustedes no les afecta, pero a muchos españoles sí. El multiculturalismo funciona muy bien entre jeques árabes, banqueros y presidentes de consejos de administración, pero funciona muy mal en El Puche de Almería, en Níger, en El Raval de Barcelona y en Lavapiés. ¿Creen que los españoles van a permitir que sus barrios se conviertan en Molenbeek?”, preguntó De Meer a los responsables del Gobierno en alusión a una de las zonas más populosas de Bruselas, de donde han salido algunos de los terroristas que después han participado en atentados suicidas del Daesh

Es obvio que Vox es un partido que rechaza la violencia, pero con sus soflamas mezcladas de patriotismo y xenofobia contribuyen a crear en la sociedad el caldo de cultivo perfecto para que otros aprieten el gatillo algún día. De hecho, en su programa electoral la formación de Santiago Abascal contempla la posibilidad de reformar la ley algún día para que todo español que lo desee pueda tener un arma de fuego en su casa, tal como ocurre en Estados Unidos con los nefastos efectos y matanzas indiscriminadas que todos conocemos.

Quien tiene una pistola o una escopeta siempre siente la tentación de usarla. La retórica patriótica y de confrontación con el inmigrante (el llamamiento a la “guerra cultural” que suele hacer Vox) remueve a las fuerzas más fanatizadas y violentas de una sociedad. Como también exacerba lo peor del ser humano colgar en una red social el vídeo de una manifestación de nazis provistos de antorchas encendidas y desfilando militarmente, al atardecer, por las calles en Varsovia. Aquello de quien siembra vientos recoge tempestades.

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