Ahora, cuando la guerra está aboliendo puntos de referencia de todo tipo, se da la oportunidad de usar la experiencia en un campo claro. Un momento revolucionario en la historia del mundo es un momento de cambio, no de parches

Estas palabras las pronunció Sir William Beveridge autor de los famosos informes que elaboró a petición del Gobierno británico y que debían establecer la hoja de ruta para reconstruir Gran Bretaña tras la Segunda Guerra Mundial.

Afortunadamente no hemos sufrido una guerra. En esta crisis lo que ha quedado dañado son las personas, los medios de vida, el sistema de protección de la vida, aquello que nos genera seguridad humana.

A pesar de la puesta en marcha del “escudo social”, los servicios públicos como la sanidad, la educación, la justicia, los servicios sociales están acusando los recortes de muchos años y que dificultan la recuperación de su actividad o adaptarse a las nuevas necesidades surgidas con la pandemia. Del mismo modo, la actividad económica y el empleo especialmente en sectores altamente sensibles a la demanda externa y la temporalidad están seriamente comprometidos.

La COVID-19 nos ha puesto frente al espejo de nuestra vulnerabilidad e interdependencia. Estas cuestiones junto a la capacidad de aprender a gestionar contextos de incertidumbre deberían impregnar la construcción de nuestra sociedad postCOVID.

¿Volver a la normalidad?

Estos meses se ha hecho famosa una pintada en diferentes idiomas en otras tantas paredes en diferentes partes del mundo “No podemos regresar a la normalidad porque la normalidad fue el problema”.

La misma Organización de las Naciones Unidas llama a no volver a la normalidad porque la normalidad generaba pobreza y, sobre todo, desigualdad. Fue esa normalidad la que motivó la agenda 2030 de desarrollo sostenible.

Si bien el contexto en el que fue aprobada el 25 de septiembre de 2015 ha cambiado, si ponemos una lupa sobre la realidad de la pobreza y la desigualdad mundial comprobaremos que en realidad la COVID-19 ha agravado la situación preexistente y que los problemas y desafíos para el desarrollo siguen siendo los mismos, esos por cuyas costuras ha saltado nuestro modelo.

No dejar a nadie atrás

No dejamos de escuchar lo que casi se ha venido a convertir en un eslogan “no dejaremos a nadie atrás”. Lo que parecen ignorar muchos es que ya se había dejado a mucha gente atrás antes de la COVID-19.

Si el confinamiento fue decretado el 14 de marzo, bastaron pocas semanas para asistir a una de las imágenes más vergonzantes que se han visto los últimos años en nuestro país, “las colas del hambre” como prueba de que la recuperación y el crecimiento tras la crisis de 2008 no habían llegado a todos por igual, confirmando que los trabajadores pobres existen, como existen la pobreza y la desigualdad también en los territorios más ricos.

Pero ¿es posible no dejar a nadie atrás sin hacer profundas transformaciones en nuestro modelo social, económico, fiscal? En mi opinión no, salvo que como cuestionaba Beveridge se opte por poner parches y no por hacer cambios.

Subrayaba Ban ki-Moon al presentar la agenda 2030 que “Nuestro objetivo es la transformación. Debemos transformar nuestras economías, el medio ambiente y nuestras sociedades. Debemos cambiar nuestra forma de pensar, nuestra conducta y nuestros hábitos destructivos”.

Esta frase pronunciada en 2015 resulta de total actualidad en un momento en el que nuestro modelo se ha confirmado como insuficiente e inadecuado.

Poner fin a la pobreza y reducir las desigualdades, garantizar la salud y el bienestar, educación de calidad para todos a lo largo de la vida, la igualdad de género, generar crecimiento económico y trabajo decente, industria, innovación e infraestructuras, producción y consumo responsables, acción por el clima son algunos de los 17 objetivos de desarrollo sostenible interpelados directamente en esta crisis y cuya consecución solo será posible mediante alianzas multiactor y multinivel, con la comunión de todos los actores de la sociedad.

La agenda 2030 con sus 17 objetivos de desarrollo sostenible y sus 169 metas constituye el nuevo contrato social universal e intergeneracional.

No se trata de teñir con los 17 colores de los ODS lo que hacemos, sino de cambiar el modo en el que hacemos políticas públicas para que éstas realmente contribuyan al desarrollo sostenible.

La diferencia la marca lo que situamos en el centro de la acción y en este sentido las 5 “P” de la agenda 2030 son una buena hoja de ruta: Persona, Planeta, Prosperidad, Paz (incluida la paz social) y Partenariados o alianzas entre todos los actores que conforman nuestro modelo de convivencia. Y todo con el propósito de alcanzar el desarrollo sostenible económica, social y ambientalmente.

Estos días tiene lugar en Nueva York el Foro Político de Alto Nivel que da seguimiento a la implementación de la agenda 2030.

El tema elegido para la reunión de este año es una llamada precisamente a acelerar la acción y la transformación en la década que tenemos por delante para alcanzar los ODS. Sin transformar un modelo injusto en uno más justo nos quedaremos en el parche, en paliar los efectos, garantizar, en el mejor de los casos, la libertad de pobreza. Pero esto no es suficiente ni a lo que debe aspirar un país como el nuestro.

Se trata de remover las circunstancias que generan desigualdad y vulnerabilidad, sentar las bases de un modelo económico, social y fiscal resiliente, inclusivo, productivo y sostenible que funcione como ascensor social.

La palabra es transformación.

Eso es no dejar a nadie atrás y exige, sobre todo, coraje para avanzar en el camino hacia la dignidad que es la agenda 2030.

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2 Comentarios

  1. La Agenda 2030 está mal diseñada en España. Y no cumple con los objetivos marcados por la ONU.

    La Agenda 2030 en España es aire fresco para todas aquellas empresas que no han hecho absolutamente nada en los últimos 30 años.

    Eso sí, inyección de dinero público para estos «empresarios» incompetentes a paladas.

    Y no me meteré en la política energética, claramente, una política para fomentar la compra a terceros, manteniendo así, el monopolio energético en las grandes productoras, que como los otros «empresarios» subvencionados llevan 40 años sin mover un dedo para el desarrollo de la energía renovable en España.

    A ver, si de una vez, dejan ustedes de vender la moto. Agunos, se deben creer somos todos unos ignorantes como los votantes de la corrupción que mantienen el expolio con su voto.

    No sabía yo en la Agenda 2030, el autoconsumo fuera secundario en beneficio de las grandes eléctricas. No sabía yo!.

    A ver si la diputada socialista nos explica qué pasa en los Consejos de Administración de las energéticas y las puertas giratorias. Seguro, nos instruye muchísimo mejor que sobre la Agenda 2030, la cuál, se la pasa por ahí.

    • Por desgracia es el p$o€ en este Gobierno quien tiene la batuta, tus dudas son las mías, aunque te comparto un matiz, esperando que lo veas asumible. Algo tendrá que decir la ONU sobre la calidad de cada uno de los informes que reciba, por lo que esperemos unos días y confirmar nuestras sospechas.

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