Ayer miércoles, un equipo de neurólogos de Reino Unido han publicado un informe donde aportan detalles de pacientes británicos atendidos por COVID-19 con distintas afecciones cerebrales.

Los casos estudiados comprenden desde inflamaciones cerebrales, delirios, daños nerviosos y accidentes cerebrobasculares.

El estudio revela un aumento considerable de casos en los que se ha detectado afección potencialmente mortal (encefalomielitis diseminada aguda) coincidiendo con la primera oleada de infecciones de COVID-19 en Gran Bretaña. En un mes, los casos de esta afección aumentaron considerablemente: antes de la pandemia había un caso por mes, durante la pandemia, dos o tres a la semana. Así lo ha constatado el Instituto de Neurología de la UCL, de Gran Bretaña.

Según el autor principal del estudio, Michael Zanid «estamos viendo cosas en la manera en que afecta el COVID-19 al cerebro que no habíamos visto nunca antes en otros virus». Ha explicado que han visto varios casos en los que las complicaciones a nivel cerebral han sido muy severas mientras a nivel pulmonar no había prácticamente daño.

Esta enfermedad concreta, llamada ADEM por sus siglas en inglés, puede tener efectos parecidos a la esclerosis múltiple pero sucede de pronto. En algunos casos provoca discapacidad permanente y en otros, reversible.

En el estudio se explican casos concretos, como el de una paciente que comenzó a tener delirios y alucinaciones después de ser dada de alta por COVID-19; o el de la mujer que tuvo que ser intervenida para poder reducir la presión que estaba sufriendo su cerebro al haberse inflamado.

Zandi hace un llamamiento a todos los médicos a nivel mundial: «queremos que los médicos de todo el mundo estén alertas ante estas complicaciones del COVID-19». En este sentido, advierte a los trabajadores en el ámbito de la salud ante casos de pérdida de memoria, fatiga, entumecimiento o debilidad de las extremdidaes, para que aborden estos casos con los neurólogos de manera urgente.

No está todavía claro lo que sucederá dentro de un tiempo, puesto que pueden producirse este tipo de respuestas a nivel cerebral en personas que han tenido el virus, aunque lo hayan superado con síntomas leves. Algo similar a lo que sucedió con la pandemia de gripe de 1918, que desplegó sus efectos durante muchos años después. Así lo recoge The Guardian.

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