Corría el año 2015 cuando una mujer, activista “convencida”, y de izquierdas, se presentó a las elecciones municipales de Barcelona. Por primera vez en la historia de esta población, ganó las elecciones una mujer, para satisfacción de muchos, y además, debido a sus antecedentes como miembro indispensable en la PAH, el 15M, y demás, parecía que el aire fresco entraba entre las paredes del Ayuntamiento de Barcelona, augurando un prometedor futuro para la ciudad, inundado de justicia social y de lucha por la igualdad en todos los ámbitos y estratos sociales de esta población maquillada por la plurinacionalidad, la modernidad, y mucho más.

Pero, contra todo pronóstico, sus primeros cuatro años de alcaldesa fueron desengaño para muchos, y en las siguientes elecciones, en 2019, con el ego como firma personal, se presentó de nuevo como cabeza de lista de la coalición electoral Barcelona en Comú. Esta vez, y como era previsible tras diversos acontecimientos en una ciudad cada vez más deprimida, ya no quedó primera en número de votos. Esa posición fue para Ernest Maragall, o dicho de otra forma, ganó el hermano del MEJOR ALCALDE que ha tenido Barcelona, dejando en segundo lugar a la que muchos consideran la PEOR ALCALDESA que ha sufrido (y sufre) esta ciudad. Pero, debido a que el afán de poder se puso por delante de la ética, ésta fue capaz de pactar con lo derecha más rancia que ha tenido que soportar Barcelona en mucho tiempo, es decir, con tres concejales del grupo encabezado por Manuel Valls. Así, aquel día, Ada Colau bajó la cabeza, pero pudo levantar su cetro de reina.

Las repercusiones ante su mandato son innumerables, pero estos últimos meses están incidiendo tan directamente en la economía y salud de los ciudadanos de Barcelona, que empieza a ser psicológicamente insoportable. Y hablo de la ESTAFA del movimiento de bajas emisiones de Barcelona. Creo que no hace falta ser ingeniero para saber que las altas emisiones de esta ciudad no se deben únicamente, ni remotamente, a los pocos coches que quedan de matrícula antigua (que “casualmente” son los coches de las personas en situaciones económicas más complicadas, y que en muchos casos los necesitan de forma imprescindible). Creo que tampoco hace falta ser muy leído, para saber que los coches modernos también contaminan en mayor o menor medida (como por ejemplo, los nuevos coches de la flota del equipo de Ada Colau que, por cierto, incluyen chófer y parquing). Tampoco hace falta saber de ciencia para conocer el hecho de que, la zona del puerto de Barcelona es, abismalmente, la zona más contaminada de la ciudad, debido al alto número de embarcaciones que entran y salen constantemente (casualmente, llenas de personas con coches muy modernos). Es decir, por mucho que eliminen los coches de los más “pobres”, la OMS no va a aceptar como sanos, ni remotamente, los índices de emisiones de esta ciudad. Y podría seguir. Pero voy a ir por otro lado.

Estamos en plena pandemia. CORONAVIRUS. Los niños han de ir con mascarilla en el colegio, hasta para hacer deporte. En las residencias de ancianos la gente muere de forma desmesurada, en los centros que albergan niños con enfermedades graves, ya no pueden acogerlos por peligro de contagio de la Covid-19, se sigue desahuciando a la gente sin escrúpulos, hay familias viviendo en pisos minúsculos donde es imposible que no haya contagios, y un largo etcétera demasiado doloroso. Pero este septiembre de 2020, Ada Colau y su equipo han decidido que es el mejor momento para eliminar coches (insisto, coches humildes), e incentivar el transporte público. La inversión en cámaras, parquímetros y demás equipo para ello ha sido millonaria (pero para ayudas para esas familias más afectadas por la Covid claro, no llega, “hay prioridades”). No han aumentado la flota de TMB (tampoco parece ser “necesario”), la gente va apretada, cuerpos pegados unos a otros (eso sí, con mascarilla), en enero se subieron las tarifas como jamás se habían subido en la historia de TMB (irónica forma de incentivar el transporte público), y los conductores vuelven a estar más expuestos que nunca a la Covid-19.

Por otro lado, parece ser que Ada Colau y su equipo, han pensado que la gente utilizará menos el coche si se sube el precio del aparcamiento en toda Barcelona. Una vez más, las tarifas más económicas de las zonas azul y verde, benefician a los coches más nuevos, o dicho de otra forma, a aquellos que se pueden permitir el lujo de renovar coche en plena crisis de la Covid-19. En cambio, penalizan a aquellos que más padecen esta crisis, tarificando la zona verde para coches de altas emisiones (es decir, antiguos) a que paguen hasta 4 euros aproximados por hora en la calle. Sí, en la calle, en el área pública y mantenida gracias a los impuestos que todo ciudadano paga. Además, y sin que muchos se percaten, la zona azul, aparte de subir también como jamás se había hecho, ya no es gratuita de 14h a 16h. Así que cuidado con los despistados, porque inversiones para ayudas para esta crisis hay pocas, pero para personal de control de parquímetros, parece que las hay de sobra.

Por cierto, los talleres mecánicos, que borren de la mente poner filtros para bajar emisiones. Esta medida no gusta. Mejor comprar coche nuevo.

Además, Ada Colau y su equipo (detéctese la ironía) han llegado a la conclusión de que las zonas blancas que recorrían los límites de Barcelona con otras poblaciones, y donde precisamente mucha gente de fuera aparcaba ahí, para moverse en transporte público por la ciudad, no eran “útiles”, y las han transformado en zona verde. Así, esas personas que se movían en transporte público por la ciudad, ahora lo hacen en coche (puestos a pagar zona verde, pues se ahorran el sablazo del autobús o el metro), pero como son coches que contaminan un poco menos que los coches de los “pobres”, ya no importa (de nuevo, ironía).

Así, nos encontramos con el siguiente panorama; una señora que dice ser de izquierda radical, que goza del uso de un coche que pagan sus ciudadanos, y de una flota de ultimísima generación para su equipo de trabajo, les dice a los ciudadanos que Barcelona está contaminada, que los buques ya, para más adelante, pero que de momento se compren un coche nuevo, y que si no tienen dinero para eso (porque claro, en plena pandemia a “alguien” le puede pasar), pues que, dicho literalmente por ella, lo alquilen (se ve que en Barcelona los alquileres son “gratuitos”).

Además, esta señora, y su partido de izquierdas, que evidentemente no sólo tiene el chófer pagado, sino que también opta a sus plazas de parquing gratuitas (seguro que los señores feudales también las hubiesen tenido en caso de existir los coches), dice que sube el parquing de las calles que todo ciudadano mantiene con sus impuestos, para evitar que la gente circule por la ciudad.

Y, finalmente, esta señora y su equipo, que no usan el transporte público, ni exponen a sus hijos a que lo usen porque el Coronavirus no gusta, dice que los ciudadanos lo usen, que los autobuses y el metro son “guays”, aunque no se pueda ni respirar, aunque cuesten un ojo de la cara, aunque te expongan a la pandemia, o aunque llegues tarde a trabajar o al colegio, porque hay poca flota.

Y ya, para rematar, las personas que viven fuera de Barcelona, y trabajan en Barcelona o llevan a sus hijos a Barcelona al colegio, pues nada, que ahorren y se compren un coche, que si viven fuera no es porque la vivienda (sí, esa vivienda tan digna que ella apoya) sea un poco menos criminalmente cara, no. Viven fuera porque son unos “pijos” de esos que ella nunca ha soportado, que buscan aire libre y naturaleza.

Entonces, yo pregunto, realmente, ¿los millones de ciudadanos indignados de Barcelona y alrededores, son egoístas personas que no piensan en el medio ambiente, o esta señora y su equipo viven de tomar el pelo a las personas? Que cada uno saque sus propias conclusiones (se puede pensar sobre el tema, concentrándose en los “maravillosos” colores de las aceras, hitos, y bancos de hormigón que “decoran” y “aligeran” el tráfico de la maravillosa Barcelona).

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3 Comentarios

  1. Apreciable madre, tu de que partido eres
    ? que estás mezclando churros con meninas,como bien debes saber ah porque también eres artista ,si No disfrutas de mayoría y tus posiciones chocan con los intereses de otros partidos que dicen defender otros ,negocias y acuerdas posiciones con tu programa electoral, dicho estoy seguro que tu no la has votado y la pena que tengo que yo si la vote a ella a mi no me engaño ,y como tu sabes estas más caducada que el sr.Lesmes, la mayoría sino todas esas medidas son de la Generlitat y gobierno central ya que el ayuntamiento no tiene esas competencias y lo que tenéis que hacer es gobernar y dejar de pelearos y haber quien esta mejor cara a las próximas elecciones en Catalunya.por cierto Vica la Republica

  2. Quisiera comentar que yo no me he llevado decepción alguna con Colau, ni con Iglesias ni con nadie que diga poder cambiar el sistema desde dentro.
    Esta excusa es más vieja que la ley de la Gravedad. Simplemente se trata de lo que se trata.
    La idea de reducir el tráfico en la ciudad, en sí, es estupenda, pero no ha de ser el subterfugio para establecer una serie de medidas que no tienen nada que ver con lo que se debería hacer. Esto es «ecofascismo». Lo digo, porque, a modo de ejemplo y continuando con el tema de las «zonas verdes» (que, como todos sabemos, ya no se refieren a parques ni a plazas -duras-), es curioso que, uno de los primeros sitios donde se ha empezado a «racionalizar» el tráfico, hayan sido las zonas adyacentes del Hospital de la Vall d’Hebron, que, como todo el mundo sabe, es un centro hospitalario de REFERENCIA A NIVEL NACIONAL, por lo que, es muy habitual que haya personas (pacientes), que tengan que venir en vehículo particular desde zonas lejanas a la ciudad de Barcelona. Amén del propio personal sanitario… ¡Lo que les faltaba, vamos!.

  3. Colau y su grupo no tienen ni de lejos catagoría para pilotar Barcelona.
    Ni experiencia en ningún ambito de gestión.
    Creo que se salen porque la oposición municipal simplemente no ejerce.
    Asi, sale adelante la pura mediocridad.
    Creo que son dogmáticos y no escuchan a los ciudadanos.
    Estaba orgulloso de esta ciudad, pero ahira cada vez me da màs pena.

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