Por lo general, los acuerdos se concluyen entre dos partes dispuestas. Sin embargo, este acuerdo se ha concluido entre la administración Trump y el gobierno israelí sin la intervención de la parte palestina. Este acuerdo no puede llamarse un plan de paz porque los palestinos no forman parte de él y, además, porque elimina todas las posibilidades de paz. La transacción unilateral es un paso totalmente inaceptable para cualquier acuerdo.

El acuerdo está completamente sesgado hacia el lado israelí, adopta su narrativa y destruye las esperanzas del pueblo palestino en su estado independiente, un estado geográficamente viable e independiente,retiene sus derechos nacionales inalienables y le roba su derecho a la soberanía.

El problema del acuerdo no radica solo en sus detalles, sino también en los conceptos, en la premisa en que se basó y en la mentalidad fanática y racista con que se preparó. Es por eso que sus detalles son tan peligrosos. Se ha presentado engañosamente como un acuerdo de paz, basándose en el concepto favorito de Trump de usar lo que él llama «hechos alternativos».

Por qué el acuerdo debe ser rechazado:

– Este acuerdo reconoce y legitima la anexión y la expansión colonial, lo cual está estrictamente prohibido por el derecho internacional. De esta manera y a través de este acuerdo, Estados Unidos abre una puerta que encenderá y alimentará conflictos en todo el mundo. Porque simplemente le dice al mundo, si tienes poder y amistad con la administración Trump, puedes apoderarte de las tierras de otros países si lo deseas.

El acuerdo se basa en una base ideológica fundamentalista absoluta que ve a Israel como el legítimo propietario de todas las tierras desde el río Jordán hasta el mar, abraza completamente la narrativa sionista y niega los derechos nacionales legítimos del pueblo palestino.

El acuerdo se basa en la visión racista de los palestinos como seres violentos y de naturaleza hostil, que siempre deben demostrar su buena voluntad y confirmar repetidamente que se han rendido a las condiciones y dictados israelíes.

El acuerdo requiere que los palestinos (musulmanes y cristianos) se rindan a la anexión ilegal de Israel de la ciudad santa de Jerusalén y que se sometan a los dictados de la extrema derecha israelí, que esencialmente niega los derechos históricos, humanos y nacionales reconocidos al pueblo palestino.

– Según esta visión colonial, el acuerdo también exige la limpieza étnica, el desarraigo y la deportación de aproximadamente 300.000 ciudadanos israelís de origen palestino, que son los propietarios originales de la tierra que se negaron a ser expulsados durante la Nakba de nuestro pueblo en el año 1948. Este es un asunto muy escandaloso y peligroso que representa un servicio a la agenda de los fundamentalistas israelíes.
¡El extremismoo israelí en preservar la mayoría demográfica mientras afirma el principio de que solo los ciudadanos judíos tienen derecho a la libre determinación en Israel! Tal y como se afirma en una traducción de la Ley Nacionalista de Extremismo y Racismo adoptada por la Knesset en 2018, que todos, incluido el Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial.

– ¿Qué país acepta condiciones tan injustas? La respuesta es clara, ningún país puede aceptar esto.

El acuerdo sofoca las oportunidades de desarrollo económico en Palestina. El supuesto acuerdo habla sobre incentivos económicos y supone alrededor de 50 mil millones de dólares para, supuestamente, mejorar nuestras vidas. De éstos, 27 mil millones no vienen a Palestina, sino que más bien están destinados para poner fin a la causa y raíz de sus problemas, la ocupación israelí. Los palestinos no carecen de experiencia, energía, creatividad o ideas para crear una economía próspera y fuerte.

Por último, pero no menos importante, el acuerdo no reconoce al pueblo palestino como nación. Más bien, niega nuestra identidad nacional e ignora nuestros derechos internacionalmente reconocidos y adoptados en virtud de resoluciones internacionales, incluido el derecho del retorno de los refugiados a sus hogares. Por esta razón, ignorar cuestiones centrales como el derecho de los refugiados palestinos y, en cambio, presentar la mera promesa de aliviar las restricciones injustas impuestas a los palestinos como una bendición a la que deberíamos estar agradecidos.

A aquellos que ven el acuerdo del siglo como una oportunidad les ddecimos que es solo un intento de un grupo de ideólogos que buscan legalizar los crímenes de guerra, que aceptan el reemplazo de textos de derecho internacional con la interpretación limitada de algunos textos religiosos que sirven a la colonización sionista de nuestra tierra. Este acuerdo normaliza algunas de las violaciones más graves de los fundamentos del derecho internacional, lo que llamamos normas imperativas del derecho internacional. Este acuerdo servirá para encender conflictos y sembrar el caos en el mundo. Aprobar o apoyar este acuerdo es imprudente, ya que esto normalizará la agresión como una nueva regla de la política internacional y socavará a todas las instituciones internacionales relevantes.

Y a aquellos que nos acusan de rechazar o perder oportunidades, les decimos que el pueblo palestino ha hecho grandes concesiones para vivir en paz. Antes del nacimiento de cualquier proceso político, Palestina ha reconocido al estado de Israel en el 78% de las tierras de la Palestina histórica; aceptamos el ejercicio de nuestro derecho a la autodeterminación en el 22% de la Palestina histórica y el uso de la legitimidad internacional, que perjudicó nuestros derechos, dividió nuestras tierras y desplazó a nuestro pueblo, como referencia a un acuerdo de paz. Desde la firma de los acuerdos de Oslo, hemos hecho todo lo posible para presentar planes y posiciones que refuercen y destaquen esta posición. No somos nihilistas, no teníamos miedo de negociar de buena fe. No rechazamos ningún plan práctico porque ninguno de ellos nos fue presentado, a pesar de que nos involucramos positiva y seriamente en una negociación tras otra. La avaricia de Netanyahu y sus aliados por el derecho colonial racista extremo a tomar el control de nuestra tierra llevó a ignorar cualquier progreso realizado con gobiernos anteriores y a negarse a reanudar las negociaciones y a no poner ningún otro y rechazar la solución de dos estados con referencias internacionales.

Sin embargo, afirmamos y confirmamos nuestra disposición permanente para lanzar un proceso político serio y creíble basado en referencias legales y políticas bien conocidas e internacionalmente acordadas, de acuerdo a la iniciativa presentada por el presidente Mahmoud Abbas ante el Consejo de Seguridad, en febrero de 2018, sobre la base de un calendario específico para poner fin a la ocupación y con la participación y supervisión internacional. Cualquier proceso que no esté contemplado bajo dichas condiciones, contribuiría a dar más tiempo a la ocupación ilegal israelí para llevar a cabo su proyecto colonial en nuestra tierra y así encubrir un proceso de paz.

Lo que está sucediendo ahora está más allá de las fronteras de Palestina. Es un asalto al sistema internacional tal como lo conocemos. Todos los países tienen un gran interés en proteger las normas y leyes que rigen las relaciones internacionales que se han establecido desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Todos estamos preocupados por garantizar que los principios globales acordados sigan siendo el estándar al que nos adherimos. El acuerdo de Trump es todo lo contrario.

En base a todo lo expuesto, hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que no tenga en consideración este acuerdo, para que rechace este acuerdo categóricamente y no acepte la imposición de la agenda de la administración estadounidense y de la ocupación colonial israelí de anexar y negar los legítimos derechos nacionales palestinos al pueblo palestino y a su liderazgo. También le pedimos a la comunidad internacional que nos apoye en estos días críticos y que destaque su papel en la defensa de la causa de nuestro pueblo, tomando medidas serias y efectivas para cumplir con los requisitos necesarios para lograr una paz justa y completa, así como para garantizar la responsabilidad de la ocupación por sus crímenes, adoptando un camino serio y responsable. Consiste en trabajar para no aumentar el coste que supone continuar esta ocupación ilegal y sus políticas coloniales de anexión y desplazamiento.
Al mismo tiempo, extendemos nuestras manos hacia una paz real basada en la justicia, la ley y los derechos y no sobre la base de ideas extremistas que niegan los derechos, la existencia y las aspiraciones del otro.

En los últimos días, hemos seguido con gran interés las posiciones de la Comunidad Internacional en el acuerdo Trump-Netanyahu. La Liga de los Estados Árabes, la Cumbre de los Países Islámicos, la Cumbre de los Países Africanos, el secretario de las Naciones Unidas, la Unión Europea; todos han insistido en la solución de los dos Estados según el derecho internacional y las resoluciones de las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad y manifestaron el rechazo del acuerdo del siglo al no cumplir con el derecho internacional. En este sentido, apreciamos y agradecemos a todos los que han expresado, pueblos y gobiernos, su apoyo y su posición con nuestros derechos legítimos nacionales inalienables contra los intentos de imponer soluciones que carecen de los elementos mínimos de justicia para nuestro pueblo y la profundización de la injusticia histórica que afligió y perpetuó su colonización.

Palestina no está sola

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