¿Y si resulta que, antes de nacer, planificaras con qué padres ibas a venir al mundo e incluso cómo te ibas a meter en diferentes fregados vitales para reconducir de una vez por todas tu comportamiento atávico y así no tener que volver a echar unas monedas energéticas para reiniciar el juego una vida más?

Plantéate que es posible que andemos jugando a vivir, creyendo que el objetivo es estar amarrados a puerto el mayor tiempo posible y que nuestro crecimiento se mide en cuántos coches rojos biplazas vienen a admirarnos, aunque los barcos se hayan hecho para navegar.

En estas semanas de constante incertidumbre, me asombró cómo un amigo que se gana el jornal de la incierta creatividad del marketing me dijo: “no me gusta improvisar”. El contexto de esa respuesta era la inminente vuelta a clase de sus hijas en Madrid.

A este respecto, puede que los gestores autonómicos se dejaran todo el temario para septiembre y ahora les esté pillando el toro al ponerse de perfil en verano. Pero es que España no es un país federado sino una entelequia donde, excepto el ejército, todas las demás competencias están transferidas a los 17 reinos de taifas: sanidad, educación… Y algunos utilizan su prestado sillón para jugar al juego de la silla de la Moncloa.

De las pocas cosas positivas que tiene la pandemia, si tiene alguna, es que está sacando del armario muchos comportamientos atávicos que aceptamos hace décadas, tanto individuales como colectivos. Entre los individuales, tendemos a hacer una crítica feroz de lo que plantean los demás, sin caer en la cuenta que cada persona percibe la realidad de diferente manera y puede tener su parte de razón. Entre los atavismos colectivos, está la demanda a que otros nos solucionen la papeleta vital.

Y la única verdad inequívoca es que sentirse vivo, en gran parte, depende de la actitud con la que decides jugar la partida de la vida. Si afrontas tu día a día con positividad, creyendo firmemente que será un buen día, partirás de que por muy complicadas que vengan dadas, las afrontarás con todo el amor a ti mismo, a lo que haces, porque, como dice mi madre, “todo tiene arreglo”.

Si amas la incertidumbre, si decides separar la realidad que percibes de tu forma de actuar y no te dejas influenciar por quien emite sus propios miedos en forma de odio a lo desconocido, tendrás mucho más fácil la evolución. Porque la palabra Love que tanto utiliza el marketing, leída al revés, es “evol”, es decir, evolución, evolucionar. Solo actuando sin miedo a lo que pueda pasar, sin odio a los que te puedan interpelar, se crea vida, se innova, se progresa.

Como ejemplo propio, la semana pasada, adecuando la cocina fantasma de comida rápida saludable que estamos montando mi socio y yo, nos dimos cuenta de que las máquinas que habíamos elegido se pegaban de bruces con nuestra innovadora masa de pan. Unos mil euros por máquina recaudados entre amigos y familiares tirados por la borda. Y eso ante la inminente comercialización a la vuelta de la esquina de la que depende nuestra startup…

En vez de encabronarnos por la enorme pifiada, nos quitamos presión, nos dimos margen y tiempo para reflexionar. La solución llegaba al día siguiente, tras comprobar que la máquina doméstica de 30€ lo hacía perfectamente. Tocaba hacer acopio de una decena de esas máquinas de andar por casa y asumir que, a la larga, la solución nos sale cara, por lo que hemos de buscar un fresador para darle una segunda oportunidad a esas experimentadas y profesionales máquinas que valen un dineral, pero no se adecuan a los nuevos tiempos.

En definitiva, con amor y actitud positiva, las incertidumbre se va encarrilando y nos permite evolucionar hacia nuestra esencia, al emprender y elegir nuestra propia aventura vital. Puede que todo ello no evite el drama de la muerte, pero si algo es cierto nada más nacer, es que, en cada ama-necer diario, a la par que tenemos la posibilidad de crear un día mágico, rebosante de alegría y felicidad, también estamos más cerca de pasarnos todas las pantallas de la partida vital.

Apúntate a nuestra newsletter

Artículo anteriorImpulso a nuevos pactos comerciales entre España y China
Artículo siguientePedro Sánchez: “Yo también defiendo la banca pública, no es solo una cuestión de una parte de la izquierda”
Soy abre puertas, se me da bien conectar necesidades con soluciones. Me rijo por tres frases: la de mi madre “la vergüenza pasa y el provecho queda en casa”; la de mi padre, “la persona más feliz es la que menos necesidades tiene”; y la mía, “para crear valor hay que tener valor”. En plan profesional, soy FEO (Facilito Estrategias Operativas), conecto innovación con el mercado, mentor y docente en @eoi y @SEK_lab. Emprendedor con mi startup de comida rápida saludable. Autor libro “abre puertas, cómo vender a empresas”. Miembro de @Covidwarriors. En otras décadas organicé en IFEMA la feria Casa Pasarela y fui gerente de un concesionario oficial en Madrid de motos Honda. Licenciado en Dirección y Administración de empresas por CEU San Pablo, diplomado en diseño industrial por IED (Instituto Europeo Di Design), master de comunicación aplicada en Instituto HUNE.

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre