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Abdelkrim, un líder revolucionario anticolonialista

Un siglo después del desastre de Annual, la figura de Abdelkrim sigue despertando el interés del público y los historiadores

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          Los españoles creen que Europa les han encargado la reforma y civilización del Rif. Pero los rifeños preguntan, ¿acaso la reforma consiste en destruir viviendas con armas prohibidas, o ingerirse en la religión del otro y usurpar sus derechos?

Mohamed Ben Abdelkrirn El Khattabi.

El hombre que hace cien años humilló a España aniquilando al ejército de reclutas mandado por el incompetente general Silvestre, que se adentró irresponsablemente en el Rif, en el infernal verano de 1921, sigue siendo un absoluto desconocido aun cuando su revolución sirvió de ejemplo para muchos de los levantamientos anticolonialistas del siglo XX. Su victoria lo llevó a constituir la conocida como República del Rif (República de las Tribus Confederadas del Rif) al no reconocer tampoco la autoridad de Marruecos sobre el territorio. Fue una República efímera, ante la interesada alianza hispano-francesa, que tras el desembarco de Alhucemas eliminó la amenaza rifeña en sus intereses colonialistas en el norte de África.

En el anterior número de junio, Diario16 recordó las vicisitudes de aquel ejército español de pobres reclutas, mal dirigido, mal equipado y mal entrenado que penetró en la ratonera del Rif con la intención de prolongar los afanes imperialistas de la monarquía de Alfonso XIII. Unas tribus andrajosas y dispersas fueron capaces de causar una estrepitosa derrota a un ejército europeo, produciéndole más de 13.000 muertos, soldados a los que algunos mandos abandonaron y entregaron indefensos a la barbarie rifeña. Una derrota que ha quedado en el subconsciente colectivo como el desastre de Annual. Pero la torpeza militar española no empaña el logro de uno de los mayores líderes revolucionarios anticolonialistas que luchó por la libertad de su pueblo rifeño y por la de todo el Magreb.

Primeros años de Abdelkrim y colaboración con el Gobierno español

Mohamed Ben Abdelkrim El Jattabi (Axdir, 1882-El Cairo, 1963) era de familia notable ya que su padre era el cadí (juez y jefe espiritual) de Axdir, muy cerca de Alhucemas, en el corazón de la tribu de los Beni Urriagel, la más belicosa del Rif. Se empeñó su padre en que sus hijos se educaran en España y aprendieran las “debilidades del enemigo”. Tras realizar el bachillerato español en Tetuán y Melilla pasó a estudiar leyes islámicas en Fez y pasó un curso en Salamanca para estudiar Derecho. Su hermano menor M’hamed (o M’hammad) estudia el bachillerato en Málaga y después hizo magisterio en la Escuela Normal de la ciudad andaluza; más tarde, con una beca, se trasladó a la Residencia de Estudiantes de Madrid para estudiar ingeniero de minas. Mientras, su padre vio cómo le quemaban varias veces su casa acusado de “colaborar con los españoles”. Abdelkrim al llegar a Melilla ejerció como periodista, traductor e incluso sería nombrado cadí y en 1914 cadí en jefe. Trabajó en El Telegrama del Rif (1906), en el suplemento en árabe, hasta que se incorporó a la Oficina de Asuntos Indígenas, bajo el mando del coronel Morales, quien en julio de 1921 moriría en Annual y Abdelkrim, que lo apreciaba, entregó su cadáver. Ejerció como traductor y profesor de lenguas bereberes para las autoridades españolas. Estaba plenamente integrado en la administración española y aprendió la organización de un Estado moderno europeo. Sin embargo, durante la I Guerra Mundial se mostró germanófilo, lo que indignó a las autoridades francesas que pidieron su detención, siendo que las españolas lo encarcelaron en la prisión de Cabrerizas Altas (1915-1917), “once meses menos dos días”. Según él le comunicaron el motivo y lo encarcelaron porque su padre no quiso ir al Peñón de Alhucemas a cumplimentar a Jordana, Alto Comisario del Protectorado español. Aunque lo absolvieron de las acusaciones siguió en la cárcel seis meses más y eso fue básico para su cambio de actitud frente a la ocupación por España del Rif, lo que va a costar más de 20.000 muertos españoles. “Me dijeron que era preso político”, afirma. Por eso trató de huir, pero la cuerda se partió al descolgarse y la caída le supuso una cojera de por vida.

Un líder contra el colonialismo

Al ser liberado trató de evitar caer en manos francesas, por lo que se refugió en Axdir (1919), desde donde junto a su padre comenzó a urdir una rebelión armada contra los colonialistas, mientras que su hermano M’hamed dejó los estudios en España y se entregó a unir y buscar apoyos en las tribus rifeñas acostumbradas a hacerse la guerra entre sí. Cuando el general Silvestre traspasó los límites del río Amekram marcado por Abdelkrim, miles de rifeños atacaron las posiciones españolas en el Rif (julio-agosto 1921) arrasándolas, haciendo muy pocos prisioneros y matando a miles de indefensos soldados, mutilándolos, degollándolos, abriéndolos en canal, quemándolos vivos y otras atrocidades, dejando sus cuerpos insepultos sobre el ardiente sol rifeño.

El dantesco espectáculo, con cadáveres momificados, indigna al ejército cuando pocos meses después recupera algunas de las posiciones más cercanas a Melilla, incluido Monte Arruit, quedando estabilizado el frente oriental. El aniquilamiento del ejército español supuso para Abdelkrim el control de prácticamente todo el Rif, aunque su ofensiva se detuvo a las puertas de Melilla, en aquellos momentos con escasa defensa. No se atrevió a poner en cuestión su causa nacionalista con la previsible masacre que le hubiera situado contra toda la comunidad internacional.

Habiendo expulsado al ejército español, Abdelkrim se siente fuerte y, ajustándose a las tradiciones bereberes, proclama la llamada República del Rif (1921-1926), mezcla de emirato islámico y de un republicanismo europeo, una valiente alternativa a los sistemas políticos de la época. Las cabilas eligen por unanimidad a Abdelkrim presidente de la nueva República. Para entonces su andrajoso ejército se ha reforzado militarmente con la captura del armamento español, especialmente cañones y rifles. Además, España le entregó (enero de 1923) cuatro millones de pesetas, en duros y billetes, por los 326 oficiales y mandos que sobrevivieron como prisioneros durante año y medio. Una enorme cantidad de dinero para la época que le sirve para asentar al nuevo Estado, independiente de España y del Sultán de Marruecos, autoridad que no reconoce. Está tratando de modernizar aquella empobrecida tierra consolidando su República, proclamada, siguiendo la tradición bereber, por la Asamblea popular de las tribus rifeñas el 18 de septiembre de 1921 (15 de muharram de 1340), promulga su Constitución, con bandera y moneda propia, crea la administración de Justicia y Hacienda, fomenta la educación y el desarrollo e incluso pretende atraer a capitales extranjeros para la explotación de los recursos mineros. Fortalece su ejército con una pequeña armada y aviación.  Encuentra apoyo en el Reino Unido, a través de The Riff Commitee, así como el del Partido Comunista Francés y en general de la clase obrera europea, así como de la III Internacional y de muchos países musulmanes que consideraban su acción como la proa de la lucha anticolonial. Está envalentonado y se siente tan seguro tras aniquilar al ejército invasor que comete el gran error de atacar la zona controlada por Francia. Eso cambiará radicalmente toda la situación.

Mohamed Ben Abdelkrim, líder de la rebelión rifeña de 1921.
Mohamed Ben Abdelkrim, líder de la rebelión rifeña de 1921

En España, el demoledor Informe Picasso, concluido a principios de 1922, sobre las responsabilidades en el desastre de Annual, paraliza los ánimos de reconquista y solo con mucho esfuerzo y bajas se toman algunas posiciones cercanas a Melilla. Las presiones para no implicar al Alto Mando ni al Rey y la inutilidad de la Comisión Parlamentaria dejará en nada sus valientes y pormenorizadas conclusiones. España cumple su penitencia, porque ante la inestable situación existe una parálisis político-militar y tras pagar el rescate de los prisioneros, el general Miguel Primo de Rivera (septiembre 1923) da un golpe de Estado, con el apoyo del Rey Alfonso XIII, quien firma la disolución del Congreso y del Senado y deroga la Constitución de 1876. Todo va a cambiar, porque investido dictador Primo de Rivera pondrá todos los medios del Estado para ocupar el Rif y vengar la derrota del ejército. Mientras, julio 1924, el rey decreta la amnistía en las «pocas» responsabilidades asignadas a los mandos del ejército en el desastre de 1921, en unos momentos en los que en Yebala y Gomara (la parte occidental del Protectorado) se suceden también las derrotas. En octubre de 1924, todo el Protectorado se tambalea ante las sublevaciones de tribus antaño al servicio de España. Abdelkrim hace prisionero a El Raisuni y se hace con el control de las tribus que lo apoyaban en la zona occidental. Es un momento en el que la comunidad internacional piensa que España va a retirarse y reembarcar sus tropas para abandonar y renunciar al «sangriento» Protectorado. Sin embargo, Primo de Rivera proclama: “Y ahora unas horas de descanso y enseguida a trabajar”.

El error de Abdelkrim se lo va facilitar. El mariscal francés Gonzalve Lyautey está inquieto por lo que sucede en el Rif y la estrepitosa derrota española. Traspasa el río Uarga y establece algunos puestos defensivos, pero tal como le sucedió a España tras cruzar el río Amekram, Abdelkrim consigue destrozar toda la línea dispuesta por los franceses. Caen 66 posiciones defensivas, con miles de muertos y desaparecidos, aunque lejos de las dimensiones de la derrota española. Su hermano menor M’hamed dirige la operación y se acerca a Fez, pero engaña a los franceses y ataca Taza. Francia, al igual que en 1921 ocurrió en España, queda conmocionada por las derrotas y eso hace que el dictador Primo de Rivera y el mariscal francés Petain se reúnan en Tetuán (julio 1925) y acuerden la propuesta española de hacer un desembarco conjunto en Alhucemas. Es un momento tenso, porque los hermanos Abdelkrim han decidido tomar Tetuán y acabar de una vez con el Protectorado español. Ahora incluso se han reforzado con el moderno armamento capturado a los franceses. No les da tiempo, Primo de Rivera no repara en costes y medios y en septiembre de 1925 se produce el primer desembarco anfibio aeronaval de la historia. Engañan a Abdelkrim y desembarcan por donde él no lo esperaba (lo mismo va a suceder en el desembarco posterior de Normandía). La playa de La Cebadilla se llena de regulares y legionarios que en unos días ocupan Kudia Tahar, donde dejan 976 bajas y el primero de octubre las tropas españolas ocupan Axdir, el centro neurálgico del poder de los Abdelkrim, por cuya conquista fracasó el general Silvestre.

La desproporción militar y de medios es enorme, la República del Rif está herida de muerte. Incluso hay nuevo Jalifa (representante del Sultán en el Protectorado español), Muley Hassan Ben El Mehdi. En mayo de 1926, Abdelkrim se siente rodeado, los españoles atacan desde el norte y los franceses desde el sur. Annual, el símbolo de la derrota, se recupera en la ofensiva española y se persigue a Abdelkrim, ahora refugiado en la zona oeste. Los Abdelkrim, Mohamed y su hermano M’hamed (jefe del Ejército rifeño y ministro), junto a sus familias, temen la venganza de los españoles y deciden entregarse el 27 de mayo a los franceses en Snada, en el Rif central, cerca de Targuist. Los franceses rehúsan las peticiones españolas para su entrega, considerándolo “persona inviolable”.

La caída de la República del Rif y exilio de Abdelkrim

La indignación en España es total, de los aproximadamente 700 prisioneros españoles que se suponía tenía Abdelkrim, solo encuentran con vida a 138. En esta ocasión, no hay ni un solo oficial al que se le haya respetado la vida. Los españoles lamentan que por un solo día de marcha no hayan podido capturar al máximo responsable. Poco a poco las tropas españolas van tomando las ciudades perdidas, entre ellas Xauen. Los Abdelkrim y sus familias, en septiembre de 1926, embarcan en Rabat rumbo a Marsella y de allí al exilio en la Isla de La Reunión, en el Índico, donde estarán protegidos por los franceses durante 21 años, hasta que en 1945 consigue huir al atravesar el canal de Suez y refugiarse en El Cairo.

España, a partir de 1927, ya con la República del Rif eliminada del mapa, se asienta en el Protectorado y colabora en su desarrollo. La guerra termina y se «pacifican» las tribus. El propio general Sanjurjo, en julio de 1927, en Bab Taza, reconoce la sobriedad y resistencia de los rifeños, a los que considera “una de las mejores infanterías del mundo”. Sin duda, las andrajosas tribus (cabilas) cuestionaron el poder militar de España y Francia, que perdieron en el pedregal del Rif, miles de soldados y enormes recursos económicos y militares.  España perdona y se entrega a su improductiva colonia, Francia no hará lo mismo en el más próspero sur marroquí, pero su influencia será determinante para colocar sultanes y controlar en 1956 la independencia de Marruecos. Tal es así que el Sultán Mohammed Ben Yusef (Mohamed V), agradecido a Francia, para indignación de Franco, la apoya en su guerra contra Alemania (II Guerra Mundial). España, en ese periodo, va a reclamar ante Hitler el control marroquí de la zona francesa. Eso lleva a que, en 1946, sea Francia la que proponga en la ONU el aislamiento de la dictadura franquista, lo que ocasionará la retirada de embajadores extranjeros en Madrid. Antes, en julio de 1936, el Protectorado español servirá para la consolidación del golpe de Estado militar para acabar con la II República Española. De África partirán a la península las experimentadas tropas que afianzan al bando franquista frente al republicano, con muchos de los mandos que combatieron a los rifeños e incluso con la incorporación  de aguerridas tropas rifeñas. Veinte años después (1941) del desastre de Annual, muere en el exilio en Roma, su máximo responsable, el rey Alfonso XIII. La corona enviada por Franco decía: “El Jefe del Estado español a Don Alfonso de Borbón”. Más simbólico imposible.

Abdelkrim observa la guerra civil española y la guerra mundial desde La Reunión, en el Océano Índico, pero en 1947, en un audaz acto en Port Said consigue huir con toda su familia del barco Katoomba que lo llevaba a Marsella, a “un lieu aimable, confortable et facile de surveiller”. Los 52 componentes exiliados de la expedición trasladaban a Francia el cadáver de la madre de los Abdelkrim. En El Cairo, bajo la protección del rey Faruq I, comienza una nueva etapa anticolonialista. En 1947, se celebra en la capital egipcia el Primer Congreso del Maghreb Árabe, lo que otorga un nuevo estatus a Abdelkrim, convertido en el símbolo y en la voz de la resistencia anticolonialista. Tiemblan de nuevo España y Francia, más cuando el Sultán marroquí ha hecho suyos los postulados nacionalistas del Istiqlal sobre el objetivo del Gran Marruecos, aun hoy en vigor. En Egipto se crea la Liga para la Defensa de Marruecos y, en diciembre 1947, nace el Comité de Libération du Magreb, con participación del tunecino Bourguiva, del marroquí Allal al Fassi y el argelino Ben Bella. Eligen a Abdelkrim como presidente del Comité (5 de enero de 1948), lo que demuestra que a más de 26 años de la proclamación de la República del Rif seguía siendo el líder moral anticolonial. Como vicepresidente, su hermano M’hamed Abdelkrim, el gran organizador de la República del Rif y del ejército que derrotó a españoles y franceses.

En un manifiesto con sus nuevos cargos, refrendados por todos los líderes nacionalistas, se comprometen a luchar por la independencia norteafricana sin someterse a ninguna negociación con las potencias ocupantes. Vuelve la tensión al Rif «español» para enfado de Franco. Al poco se funda la Liga de Estados Árabes.

La retirada española del Rif

En agosto de 1949, Franco sabe que la salida del Protectorado se producirá y ordena evacuar los restos de soldados enterrados en Monte Arruit, 2.996 cráneos de la masacrada columna Navarro. Los llamados tres mil de Monte Arruit, pasados a cuchillo (gumía) en agosto de 1921. El ideario nacionalista se apodera de todo Marruecos y la independencia se ve cercana.

La violencia crece en la zona francesa, donde los europeos son perseguidos y asesinados. España mira para otro lado con el contrabando de armas y el refugio de nacionalistas en su zona, aun cuando sabe que el centro de esta nueva sublevación está en el Rif. Francia y España se enzarzan en acusaciones mutuas, incluso París contempla la toma del Protectorado español. Mohamed V, exiliado en Madagascar, es utilizado por Francia, que le promete un Estado independiente democrático. Será en marzo de 1956 cuando llegue la independencia de la zona francesa, un mes después Mohamed V (se hospedará en La Moncloa) es recibido por Franco en Madrid, quien entrega al Sultán todo el Protectorado Norte, en el que se incluye el Rif, y ordena al ejército la evacuación de la zona que tantos miles de muertos costó tres décadas antes. En agosto de 1961, cincuenta años después de Annual, se completa la gradual retirada española. Túnez, Mauritania y Argelia también accederán a la independencia.

¿Y Abdelkrim? Sigue en El Cairo como referente anticolonialista y conocerá la independencia de todo el norte de África. Sin embargo, no se entiende con el Sultán Rey Mohamed V quien, en un encuentro en El Cairo, en 1960, le ofrece regresar a Marruecos a lo que Abdelkrim se niega al no reconocerle su autoridad política sobre el Rif.  Cree Abdelkrim -según la historiadora Rosa de Madariaga– que el monarca pasó de ser rehén de Francia, a ser rehén del partido nacionalista Istiqlal. El Rif se llena de funcionarios afrancesados venidos del sur, lo que supone un choque social, cultural y político para los rifeños que se levantan contra el abandono socio-económico del Majzen (la poderosa oligarquía de Palacio). Rabat trata de asimilarlos despreciando que son bereberes, con lengua y cultura propia. Es el príncipe heredero Mulay Hassan (después Rey, Hasan II) quien al frente del ejército va a dirigir duramente la represión, con el apoyo de oficiales franceses, contra las revueltas en el Rif (1958-1959), justo dos años después de la independencia de Marruecos, lo que definitivamente aleja a Abdelkrim de cualquier reconciliación con el absolutismo de la monarquía alauita, que se ha olvidado del desarrollo del antiguo Protectorado Español. Los bombardeos con napalm y bombas de fragmentación causan miles de muertos en la población rifeña.

Hasan II no solo es el gran represor, sino que su desprecio hace que nunca visite el Rif como monarca. Con razón se puede escuchar en el documental La Leyenda del Rif la afirmación de que con la independencia marroquí “los rifeños se vieron gobernados por una autoridad más cruel e injusta que los propios españoles”. Abdelkrim tras conocer los hechos se aleja aun más de la monarquía marroquí, por eso renuncia a regresar en 1960. Va a fallecer en enero de 1963, en El Cairo, donde aún están sus restos que nunca volvieron al Rif. Sus métodos y ejemplos fueron admirados por otros revolucionarios, como Lenin, Mao, Ho Chi Min (lo consideraba el precursor), Tito o el Che Guevara. Es aún un símbolo de su lucha contra el poder colonial, sea España, Francia… o Marruecos.

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1 Comentario

  1. Una muy buena lección de historia sobre un pasado reciente prácticamente desconocido por la mayoría de los españoles.

    Gracias.

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