Macarena Olona en un reciente acto político de Vox. Foto: Twitter.

Viktor Orbán es un ejemplo del rumbo que merece Europa: defensa de soberanías y fronteras, políticas de familia, respeto a raíces culturales. Es una buena noticia que Hungría mantenga su independencia frente a las presiones globalistas. Entre todos construiremos una Europa mejor”. Con este tuit el presidente nacional de Vox, Santiago Abascal, mostró el pasado miércoles su total apoyo y adhesión a las políticas supremacistas y xenófobas que desde hace años se han implantado en Hungría. Abascal nunca ha ocultado sus simpatías por la gran internacional trumpista en la que estaría el eje Roma-Varsovia-Budapest, pero este tuit ha sido más clarificador, si cabe, que ningún otro.

La gaceta de la Iberosfera, publicación de la Fundación Disenso, el laboratorio de ideas de Vox, vuelca todo su ideario trumpista en un artículo, publicado el mismo día, en el que denunciaba que el Partido Popular Europeo ha expulsado a los diputados de la formación política de Orbán, una medida con la que la ultraderecha española no está de acuerdo. “El Partido Popular Europeo, instalado en el consenso socialdemócrata, ha aprobado este miércoles una modificación de sus reglas internas para facilitar la suspensión de partidos miembros que se alejen de su ideario”, asegura La gaceta de la Iberosfera.

Según el panfleto de Vox, “la decisión iba encaminada a la expulsión de los diputados del húngaro Fidesz, el partido del primer ministro, Viktor Orbán, sobre la que ya se ha debatido en el grupo, un partido que tiene como principios básicos la defensa de la vida, de la familia, de las raíces cristianas de Europa y de la soberanía de las naciones que integran la Unión”. De este párrafo, cabe deducir que Vox comparte los mismos principios fundacionales de la extrema derecha húngara, no solo en lo que concierne al rechazo al aborto, sino al modelo de familia tradicional católica, apostólica y romana. Lo que traducido a la cultura española es tanto como recuperar el nacionalcatolicismo franquista.

Ayer mismo, sin ir más lejos, la portavoz de Vox en el Congreso de los Diputados, Macarena Olona, hacía una encendida defensa de los valores cristianos al oponerse a las medidas contra la pandemia decretadas por el Gobierno que supondrán una restricción de las procesiones durante la Semana Santa en toda España. En concreto, Olona manifestó que “si pueden salir a la calle a celebrar sus manifestaciones ideológicas del 8M, por supuesto que es muchísimo más seguro estar debajo de un paso en Semana Santa”.

El artículo de La gaceta de la Iberosfera es todo un alegato en defensa de las políticas ultranacionalistas y neofascistas de Orbán. Desde su llegada al poder, el líder húngaro se ha caracterizado por imponer un discurso ideológico antiinmigración que atenta directamente contra los derechos humanos. Hungría se niega a recibir refugiados porque su Gobierno y el propio Orbán no ven a los musulmanes que llegan huyendo a Europa como refugiados, sino como invasores. Además, el populista líder ultra es partidario de defender las fronteras y la nación. Orbán insiste en que su país tiene derecho a negarse a recibir inmigrantes y reitera su rechazo al multiculturalismo del que dijo que no es más que una “ilusión”. Es decir, la guerra cultural llevada a su máxima expresión.

Lógicamente todas estas políticas del odio conducen a movimientos violentos y reaccionarios que vuelcan su agresividad en las calles. No hay más que recordar que estos días Estados Unidos se encuentra en situación de máxima alerta después de que las Fuerzas de Seguridad hayan detectado movimientos de grupos trumpistas antisistema dispuestos a perpetrar un segundo intento de asalto al Capitolio como el que ya se llevó a cabo el pasado 6 de enero. Este ataque fue claramente inspirado por el entonces presidente Donald Trump, auténtico faro ideológico de la nueva internacional ultraderechista.

La gaceta de la Iberosfera recoge un tuit de Katalin Novák, ministra de Familia húngara y vicepresidenta de Fidesz : “No permitiremos que nuestros eurodiputados sean silenciados o limitados en su capacidad para representar a nuestros votantes”. Además, el artículo informa de que el partido nacionalista húngaro, con 13 diputados, abandona el Grupo Popular en la Eurocámara tras la votación.

La salida de la formación política de Orbán del Partido Popular Europeo (PPE) se produce dos años después de que los conservadores de Bruselas suspendieran a Fidesz por su oposición a la defensa por parte de la UE de las políticas globalistas. En las elecciones europeas de mayo de 2019 el grupo del PPE sumó los doce eurodiputados del partido de Orbán a su bancada para esta legislatura, según publica La gaceta de la Iberosfera.

Con su salida del grupo, los eurodiputados ultras húngaros pasarán a figurar como “no inscritos” –perdiendo así tiempo de intervención en los plenos–, pero podrían intentar entrar en otros grupos ideológicamente cercanos, como el de Conservadores y Reformistas (ECR). Para el mundo de Vox, Orbán es uno de los adalides dentro de la Unión Europea de la defensa de la soberanía de su país, unas fronteras seguras y una apuesta decidida por la familia. “Así, su Gobierno ha logrado que la tasa de natalidad en el país sea un 24% superior en la última década (desde 2010) y que el número de matrimonios casi se haya duplicado en ese tiempo. Mientras otros países creen que la solución a la dramática crisis demográfica que asola a Europa pasa por la inmigración (ilegal), Hungría considera con éxito que se debe aumentar la ratio de nacimientos”. Es decir, la apuesta para solucionar el problema demográfico en el viejo continente es volver a la familia numerosa y a la endogamia. ¿Puede haber una ideología política más rancia, antigua y anacrónica que esa?

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