Santiago Abascal no cree necesario ponerse en cuarentena del coronavirus a pesar de que participó en un acto en Estados Unidos donde se ha detectado al menos un infectado. Según el líder de Vox, la cuarentena no tiene sentido para él, ya que no estuvo en contacto con un caso “positivo” más de un cuarto de hora durante la conferencia anual del Comité de Acción Política Conservadora (CPAC), que se celebró el pasado mes de febrero en Washington. A aquella reunión también asistió el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, del que hasta el momento se desconoce si se someterá o no a la medida de prevención. Lo normal es que no lo haga, ya que alguien que se cree el emperador del mundo no va a dejarse amedrentar por el vacile de un bacilo.

Quienes sí han anunciado que seguirán la cuarentena, demostrando bastante más responsabilidad, son el senador republicano Ted Cruz, con el que por cierto Santiago Abascal se reunió, y el congresista Paul Gosar, según informa el diario El Independiente. Y aquí es donde surge la gran pregunta: ¿debe un líder político como Abascal someterse a los protocolos médicos establecidos en estos casos? Sin duda, y no solo porque así se ordena, sino porque todo mandatario debe predicar con el ejemplo. Sin embargo, hasta el momento el líder de Vox parece negarse a lo que todo ciudadano está obligado a hacer por una mera cuestión de prevención, según las elementales normas sanitarias. Quizá Abascal piense que está dotado de un gen españolazo y fuerte capaz de resistir el envite del virus más mortífero. Pero no están las cosas como para ir alardeando de genética especial. El coronavirus requiere que todos nos tomemos en serio una amenaza global y Abascal debería tomar la iniciativa de forma voluntaria.

Pero por lo visto El Caudillo recién elegido en la pasada Asamblea Nacional del partido celebrada en Vistalegre el pasado fin de semana se cree tan inmune que estas cosas de médicos no van con él. Para un vascongado como Dios manda que ha sido capaz de resistir la amenaza de ETA el microbio de Wuhan debe ser poco menos que un constipado o un enfriamiento. Él es del mismo Bilbao, ahí va la hostia joder Patxi, y allí a los virus mortales se les mete en una cazuela y se hace un marmitaco de bonito con ellos. El consenso progre del Gobierno rojo sanchista no va a poder con el pechazo y el corazón de granito de un patriota español que no se amilana con cuatro rumores de viejas ni por una voraz epidemia propagada por los chinos comunistas de Mao.

De momento Jorge Buxadé, portavoz de Vox, ya se ha encargado de enviar un mensaje de calma a los simpatizantes del partido. Buxadé ha descartado que Abascal siga el ejemplo de sus socios estadounidenses Ted Cruz y Paul Gosar, aunque reconoce que ha solicitado “asesoramiento médico”, de modo que “está manteniendo medidas habituales”. Buxadé ha confirmado además que el dirigente de Vox “no tiene ningún tipo de síntoma”, como no podía ser de otra manera en alguien que está convencido de llevar los genes de Don Pelayo dentro de sí para guiar a España a lo más alto.

A Abascal el virus ese del que todo el mundo habla no le detiene en sus tareas y grandes obras políticas ni le tose encima. Un microbio diminuto no va a pararlo a él en su gran misión de destino en lo universal, que no es otra que construir una España grande y libre. ¿Qué diría el general Franco si el heredero del imperio se encierra en su casa, asustado, con un termómetro en la boca y una mantita de cuadros en la cabeza? Sería un oprobio para los mártires del Alcázar que terminaron tísicos y comiendo piedras. Al coronavirus no se le combate con cuarentenas ni vacunas para miedosos hipocondriacos, como hace la enclenque izquierda bolivariana, sino con valor patriótico macho y recio. Y con un par.

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