Se ha convertido en el pupas, en el gran smurf de la F1, en el chivo expiatorio de la Ferrari como antes ya fue el gran chivo expiatorio, donde recaían todas las culpas, con Fernando Alonso.

Está intentando, nos cuentan nuestros amigos del corazón de Europa, negociar un año más de prórroga el contrato con la Ferrari, pero la primera condición que le han puesto es que acepte rebajar el salario de este año: el que ya está pactado y firmado.

La bajada le haría perder más de veinte millones de euros, y la renovación del contrato para 2011 apenas alcanzaría los diez. Así que Vettel pierde, suceda lo que suceda: pierde.

La rebaja para este año ya está aceptada porque no queda otro remedio, también la ha aceptado Leclerc y la mayoría de los otros pilotos; no tenemos noticias respecto a Hamilton (quizá puedan permitirse en Mercedes mantener lo firmado con el hexacampeón).

Que Vettel abandonase Ferrari la temporada que viene podría ser una buena noticia porque opinamos que daría más juego el candidato que más suena: Ricciardo, pero no es deseable que abandone la F1. Es parte de la familia, e incluso sus más feroces detractores deben admitir que ha tenido momentos de brillo fantásticos: aquella vez que tuvo un accidente que debería haberle costado el mundial a favor de Alonso y con el coche roto consiguió remontar y los suficientes puntos para acabar en lo más alto al final de la temporada y el año.

Le deseamos suerte, a él y a todos. No tenemos favoritos ni odiados en este momento, sólo queremos que vuelvan los coches. Vamos a aplaudir a todos los pilotos hasta que nos duelan las manos.

Tigre tigre.

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