chupársela

Estoy en el Ring, mi bar más conspicuo, rodeado de actores y actrices. Sucedía que estaba cerca de la sala donde se celebraba la obra de teatro y les he convencido a todos para seguir juntos y beber algo. Una actriz suficientemente bella, suficientemente joven y con la mirada levemente nublada por alguna tormenta interior, está hablando conmigo. La escucho.

Está cabreada. Harta e indignada con el mundo. Una de sus mejores amigas es la prota de la serie de moda. Otra de sus compañeras en los cursos de A. triunfa en la Gran Vía de Mad Madrid. Una tercera es la cara, y el cuerpo, de una marca de lencería.

-¿Y yo? ¿qué tengo yo de malo? ¿Por qué no me llama nadie? Si mis profesores dicen que soy buenísima, y no paro de hacer castings y me lo curro todo lo que sé. ¿A quién hay que chupársela?

Joder con la preguntita, se me queda el vaso de burbon paralizado en mitad del viaje desde la barra hacia la boca. El vaso en el aire y el brazo congelado. ¿Es una insinuación? ¿Me está contando que si la ayudo…? No puede ser, qué descaro. Así que no digo nada. Dejo que pasen los segundos y mantengo el vaso en el aire y el brazo congelado en pausa y parado sin decir nada, hasta que los ojos que, de repente se habían iluminado, vuelven a hacerse mates y los bonitos labios -ah, los labios- dejan de sonreír para convertirse en un mohín de desencanto:

-Es una metáfora.

-Claro.

Y aún lo repito otra vez: claro. Porque la gacela estaba intentando jugar con el tigre, y ya de paso probar la varilla. Tal vez mi primo Anselmo tenga un teatro, o sepa que trabajo haciendo guiones de vez en cuando o… simplemente le caí simpático, con mi coleta y el juego de que la doble en años

-Claro.

Y ya no hablamos más, aunque me deja su nombre y su teléfono, y una última sonrisa, ya moviéndose hacia otro círculo en el bar atestado, donde quizá repita la misma pregunta a alguien, hombre o mujer, los bellos labios redondeándose, rojos y sensuales, de apenas veinte años, preguntando, una y otra vez, preguntando metafóricamente, claro:

-¿A quién hay que chupársela?

Le doy un trago largo al burbon y lo vacío, pido otro a Julián Chicheri, el dueño y barman. Me mira cómplice y levemente burlón, ha debido de tener la oreja sobrevolando la conversación.

-En la vida siempre hay que chupársela a alguien, Tigre. En todos los mundos. Hasta los campeones de la F1 de los que tanto te gusta escribir tienen que chupársela a alguien, acuérdate de Hamilton el año que no quiso chupársela a los mandamases de Mercedes y, mira por donde, quedó segundo detrás de Nico Rosberg.

Asiento con la cabeza. Todo metafórico, muy metafórico; pero no puedo evitar sentirme extraño, turbado, aún con el eco en la memoria de las palabras y el movimiento abismático de los bellos y rojos labios.

Otro burbon, por favor.

 

Tigre tigre.

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3 Comentarios

  1. Estabas en un bar con una chica, que por edad podría ser tu hija, pero que era joven y guapa, con unos labios sensuales, y que te lanzó una pregunta con doble sentido, que hablaba metafóricamente de hacer una felación. Y en consecuencia, se te puso morcillona. No pasa nada, no has cometido ningún delito o falta, no debes avergonzarte, ni justificarte, ni pedir perdón por ello. Simplemente, eres un hombre heterosexual al que le atraen las mujeres guapas. Te entiendo, a mí también me pasa.
    Repito: no pasa nada. Y no pidas perdón por ello, compañero. No caigas en el discurso progre de la corrección política y del feminazismo. No eres un violador, no eres un asesino, no eres un tipo violento. Eres un hombre, punto. No pidas perdón ni te sientas culpable de nada, porque no has hecho nada malo, no lo olvides. Y si alguien se indigna por tu artículo, que le den.

  2. Estabas en un bar con una chica, que por edad podría ser tu hija, pero que era joven y guapa, con unos labios sensuales, y que te lanzó una pregunta con doble sentido, que hablaba metafóricamente de hacer una felación. Y en consecuencia, se te puso morcillona. No pasa nada, no has cometido ningún delito o falta, no debes avergonzarte, ni justificarte, ni pedir perdón por ello. Simplemente, eres un hombre heterosexual al que le atraen las mujeres guapas. Te entiendo, a mí también me pasa.
    Repito: no pasa nada. Y no pidas perdón por ello, compañero. No caigas en el discurso progre de la corrección política y del feminazismo. No eres un violador, no eres un asesino, no eres un tipo violento. Eres un hombre, punto. No pidas perdón ni te sientas culpable de nada, porque no has hecho nada malo, no lo olvides. Y si alguien se indigna por tu artículo, que le den.

  3. Joder, si es que se me ha puesto morcillona solo con leer este post.
    De culplable, nada de nada, es algo natural.

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