La confusión se extiende como una mancha de aceite y hace resbalar ante la elaboración de análisis, de estrategias, de discursos.

Una clave fundamental para que la confusión se expanda es la falta de información en la que se pueda confiar. Los medios de propaganda hacen bien su trabajo, las redes sociales plagadas de perfiles que tienen el único objetivo de hacer ruido, de atacar, insultar, amenazar, mover imágenes descontextualizadas hacen su parte.

Vayamos por partes para tratar de clarificar algunas ideas.

¿Qué es lo que ha desencadenado la reacción del Estado de la forma más brutal? Me refiero a la reacción brutal de represión, la que no tenía precedentes en «democracia»: el envío de miles de agentes el 1 de octubre a reprimir con violencia a gente pacífica.

Y, ¿por qué sucede esto? ¿qué es lo que le preocupa al unionismo? La fuerza del 1 de octubre por parte de todas las personas que hicieron posible que más de dos millones pudieran votar en las urnas fue una cuestión clave: la confianza. Se establecieron lazos de confianza entre millones de personas, de solidaridad, de creer en su palabra. No hubo más. Por confianza guardaron las urnas, abrieron escuelas, ocuparon centros durmiendo, pusieron dinero, y se mantuvieron unidos ante los golpes y agresiones graves de los agentes.

Entre ellos había gente a favor de la independencia, pero también en contra. He conocido a muchísima gente que resultó lesionada por defender las urnas, cuando habían votado que no querían la independencia de Cataluña, pero sí la democracia para poder expresarlo. Por lo tanto, la confianza que se había establecido más allá de posicionamientos únicos, era la pieza fundamental.

Esa confianza es la que se está tratando de romper en todo momento. De ahí que se hayan desmontado los elementos indispensables para ello: la falta de liderazgo ha sido la acción principal. Obligando al exilio y encarcelando a los líderes que se habían convertido en personas en las que la ciudadanía confiaba, se ha generado el primer escenario. Ahora no hay líderes reconocidos que puedan hacer la magnífica labor que Cuixart, Sánchez, Puigdemont, Gabriel, Junqueras, Rovira, y tantos otros desarrollaban.

La confianza se sigue rompiendo a través de contaminación: noticias falsas, bulos en las redes, amenazas, personas que no dan la cara y generan el caos. Es la siguiente fase.

Ante una sentencia bestial, viene el siguiente nivel. Todo va por fases. Silenciar a la gente que podría servir para encender la luz y plantear movilizaciones pacíficas y eficaces es el objetivo. Por eso Sánchez y Cuixart son los que más días llevan en prisión: porque había que callarles y desactivarles desde el primer momento. Son ellos los únicos capaces de movilizar a la gente: convocar y desconvocar. A través del diálogo, de la palabra y de la confianza que generan en quienes les conocen y saben de su manera de trabajar.

Si hoy estuviera Cuixart en libertad, muchos estamos seguros de que habría sido capaz de dar mensajes claros, contundentes que cerrasen filas en torno a las acciones pacíficas y reivindicativas, y sería realmente difícil que nadie tuviera dudas.

Sin embargo, la situación es muy otra: no hay liderazgo. Y mientras faltan voces a las que la mayoría escucha y confía en ellas, se va generando un caos. Sí, por una minoría, es cierto. Pero la minoría que sirve para dar el mensaje y la imagen que hasta ahora nunca se consiguió dar: la de las calles ardiendo, la de la justificación de plantar cara a los agentes que están traspasando límites en sus actuaciones, destrozando a gente joven que únicamente ha quemado un contenedor.

Es difícil poder analizar todo sin tener información ni voces que enciendan luces entre tantas sombras. Todos recibimos mensajes donde se escuchan versiones sorprendentes: la última, la tía que cuenta cómo a su sobrino le entregaron por error un sobre con 3.000 euros en un portal, donde se encontró con otros jóvenes encapuchados. Un mensaje que viene a decir que alguien está pagando para que se generen altercados. Un mensaje difícilmente contrastable, que genera dudas muy graves.

Leemos mensajes en los que se dice que no hay infiltrados en los altercados. Que es la juventud, hastiada, cansada y cabreada porque ve cómo les han roto sus horizontes. De ser cierto: ¿no hay nadie capaz de explicar que en un par de horas de caos sin sentido se está tirando por tierra el trabajo organizado, pacífico de años realizado por millones de personas? ¿Nadie puede hacer que esto se entienda?

Otros, sin embargo, denuncian la presencia de grupos organizados, bien coordinados, desconocidos, que aprovechan la caída del sol para generar altercados, que se enfrentan con la policía para montar batallas campales donde la violencia policial se ejerce sin límites.

Volvemos de nuevo a la confusión: ¿los hay, no los hay, son las dos versiones ciertas? Todo es posible. Y realmente complicado poderlo explicar.

Sin embargo sí podemos hacernos algunas preguntas, que vendrían bien en estos momentos:

¿a quién beneficia de manera directa que haya imágenes de altercados?

¿qué consecuencias directas tienen estos altercados?

¿quién sustenta su discurso en la violencia que, hasta ahora no ha existido pero que aún así se han empeñado en denunciar?

¿a quién representa un grupo de gente que funciona sin dar la cara y que no responde a ningún tipo de estrategia transparente?

¿los jóvenes que, sin ser violentos, se ven envueltos en estas circunstancias, que podrían estar siendo promovidas por grupos organizados, son conscientes del riesgo que están corriendo?

Hay quien plantea, de manera bastante generalizada, que sería necesario establecer servicios de voluntarios, identificados, que sirvieran para evitar los altercados. ¿Recuerdan el 20 de septiembre y la impecable organización que hicieron desde la ANC con Jordi Sánchez coordinando, y desde Omnium, con Jordi Cuixart? Entiendo que ahí estuvo la clave que no ha hecho posible lo que podríamos intuir que algunos querían: fueron en aquel  momento todos los voluntarios y los líderes sociales los que hicieron posible que no hubiera altercados. Precisamente hoy hacen falta sus voces, sus estrategias, su manera de ver la situación para que este caos organizado no degenere en lo que solamente a unos beneficia. Adivinen a quien.

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1 Comentario

  1. El caos, el caos al que se refiere la autora del articulo, beneficia a mucha gente, alegra su ruin existencia a esa masa que demanda unos telediarios que comiencen por la seccion de sucesos, cuanto mas gore mejor. Esa masa, infracognitiva y psicopata, es mayoritariamente españa. A esa masa torera, futbolera, irresponsable y pateticamente ignorante de elementales cuestiones de sentido comun, ya le encantaba el telediario gore mucho antes de que surgiera el conflictillo catalan. Las cosas, son asi

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