Autor de diversos libros de divulgación e investigación, el santanderino Sergio Martínez (1975), doctor en Historia por la Universidad de Cantabria, se embarca en La ciudad enfurecida (Grijalbo) en una apasionante trama histórica que nos remite a la Pamplona del siglo XIII, una ciudad totalmente fracturada que huele a guerra por todas sus esquinas y que finalmente desembocará en lo que se conoció como La Navarrería. Pese a todo, en el amor, contra todo pronóstico, puede hallarse la solución final a tanta barbarie y luchas de poder.

Si ya en sí misma toda la Edad Media es una de las etapas históricas más enigmáticas entre todas las que existen, usted se centra en uno de los episodios más desconocidos de nuestra historia. ¿Por qué precisamente ha puesto el foco de atención en la denominada Guerra de la Navarrería?

La Historia medieval está llena de momentos extraordinarios, muchos de ellos bien conocidos. Por eso quise centrarme en un episodio menos célebre pero igual de impactante: un conflicto que se produjo en el interior de la ciudad de Pamplona en 1276 y que terminó como una auténtica guerra fratricida entre los diferentes burgos que componían la ciudad. Es un escenario inmejorable por la tensión y la intensidad con que se vivió.

¿Qué detonante concreto determinó que usted emprendiera el reto de contar este hecho histórico en particular?

El detonante fue la lectura del poema La Guerra de Navarra, escrito por una de las personas que participó en aquel enfrentamiento: un poeta provenzal llamado Guilhem Anelier, que era mitad juglar mitad soldado. Anelier cuenta en primera persona la guerra y nos hace partícipes de todos los terribles hechos que sucedieron. Cuando leí su obra supe que quería escribir una historia sobre aquel momento y que Anelier sería uno de los protagonistas, quizá el más importante de todos.

“La fuerza narrativa extraordinaria de la Guerra de la Navarrería reside en la inusitada violencia con la que se resolvió”

¿Qué ocurría en aquella Pamplona del siglo XIII para que haya atrapado su atención y le haya salido una novela de casi 600 páginas?

Pamplona en la Edad Media, a diferencia de lo que ocurre hoy, no era una sola ciudad, sino tres. Existían dos burgos de francos, San Cernin y San Nicolás, y un burgo navarro, conocido como La Navarrería. Cada uno tenía su propio concejo, sus propios cargos y oficiales e incluso sus propias murallas. Es un caso absolutamente excepcional. Pero aquella excepcionalidad terminó siendo la causa del conflicto, porque entre los diferentes burgos había rencillas de todo tipo: los privilegios que unos tenían y otros no, el diferente origen de los pobladores, las diferentes ocupaciones… Entre 1274 y 1276 todo el odio acumulado desde tiempo atrás saltó por los aires y se desencadenó el conflicto que terminó en guerra abierta. Además, el conjunto del reino estaba en una situación de gran inestabilidad por la minoría de edad de la reina heredera, Juana, y los intentos de los reinos vecinos por hacerse con el trono.

¿Cree que, como doctor en Historia más que como novelista, cualquier hecho histórico es susceptible de ser novelado con éxito?

Cualquier momento histórico puede ser un buen escenario para una novela, porque lo importante no es tanto el ambiente como lo que quieras contar. Hay historias, de hecho, que pueden funcionar igual de bien si las ambientas en un momento histórico o si las trasladas a otro diferente. Pero también es verdad que hay acontecimientos que tienen una fuerza extraordinaria y la Guerra de la Navarrería es uno de ellos, por la inusitada violencia con la que se resolvió y por la cantidad de personajes importantes de la Historia que se vieron implicados a su alrededor.

¿Por qué en muchas ocasiones la realidad, la Historia, es más apasionante que cualquier ficción?

Es tan así, que muchas veces se cumple lo de que ‘la realidad supera a la ficción’. Hay muchas ocasiones en que leemos acontecimientos históricos y no podemos dar crédito. Eso es lo que me sucedió a mí con la Guerra de la Navarrería, que rebosa de increíbles actos de valentía, de soberbia, de traición y de rebeldía. Tiene tantos momentos ‘novelescos’ que realmente parecería una historia de ficción si no supieras por la documentación que todo aquello sucedió realmente.

En su novela, pese a ser una ciudad arrasada por los intereses personales y las luchas intestinas entre clanes, también es posible que en ella germine el amor. ¿He aquí quizá el mensaje final de su novela?

“Entre 1274 y 1276 todo el odio acumulado desde tiempo atrás saltó por los aires y se desencadenó el conflicto que terminó en guerra abierta”

No sé si es tanto un mensaje como un pequeño destello de esperanza en un conflicto en el que nadie hizo apenas nada por evitar la guerra. Desde todos los bandos en conflicto, que fueron muchos, los contendientes sacaron a relucir las diferencias, los rencores, las afrentas pasadas, pero ninguno se paró a pensar que seguir ese camino solo conduciría al desastre. La pareja de enamorados son los únicos que supieron ver un poco más allá y que no se dejaron arrastrar por el torbellino de odio que se estaba formando a su alrededor.

¿Por qué los nacionalismos más variopintos siguen dirimiendo el destino de los pueblos aun en pleno siglo veintiuno?

Quizá porque a los humanos nos resulta muy fácil enfatizar lo que nos diferencia y minimizar lo que nos une. La diversidad es una riqueza incalculable pero cuando el discurso identitario convierte al otro en un enemigo por el solo hecho de no pertenecer a «los míos» es cuando se pueden despertar sentimientos de odio y rechazo totalmente irracionales. Por eso es tan importante optar siempre por el diálogo y la aceptación de los demás con sus similitudes y también con sus diferencias.

¿Qué debe hacer un historiador y novelista histórico, como es su caso, para que los conocimientos en la materia de ambas especialidades estén bien diferenciados y su novela no se desequilibre hacia un lado o hacia otro en exceso?

Cuando se escribe una novela histórica hay que crear un marco adecuado, que sea fiel a la época que se describe. Pero una vez establecido el marco hay que dar rienda suelta a la imaginación y crear historias que sean capaces de atrapar al lector, de hacerle vibrar y emocionarse con lo que se cuenta. Si nos limitamos a contar una historia tratando de ser muy exactos y rigurosos, pero sin aportar nada más, no estaríamos haciendo una novela histórica, sino otro género mucho menos atractivo. La parte de historiador tiene que intuirse, pero nunca debería verse.

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