No hizo falta conocerte para sufrir el dolor que hoy siento. Tras tu desaparición te mantuve suspendida en el aire de mi pensamiento. Despierta y durante el sueño, tu nombre removía mi conciencia. Una joven bella, con talento, digna de continuar vinculada a la vida, no debía pasar a formar parte de mis peores recuerdos. Albergué alguna esperanza, lo confieso, deseando con toda mi alma que tus padres pudieran volver a respirar.

Hoy despierto y al leer la noticia mi corazón se ha vuelto hielo. Las últimas estrellas que aún brillaban se han apagado por completo. Un gigante sin alma osó cruzar la niebla para pararte el tiempo. Probablemente violada, implacablemente asesinada, un tal día como hoy a las ocho de la tarde.

Sé que el odio no es bueno, pero no voy a doblegarme a los encantos de la misericordia. Por el amor de Dios, ¡no es justo! Ruego que le encuentren y que la justicia esparza sus huesos. Nosotras, las mujeres, no merecemos tener que escondernos, ni apuntalar las paredes con nuestro miedo. Exijamos de una vez por todas, una auténtica reforma del código penal. Y que se aparte de la sociedad a los violadores reincidentes. No unos años, ¡SIEMPRE!

Hoy a las once de la noche en el Whatsapp, todas seremos Laura.

Desde aquí mi más sincera solidaridad. A sus amigos, a su novio y especialmente a sus padres, que el tiempo aplaque vuestra ira y os ayude a sobrellevar tanto sufrimiento.

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