La victoria de Joe Biden y Kamala Harris pone luz en dos puntos principales:

El primero es que las fuerzas populistas de derecha radical pueden ser derrotadas. Si bien Trump había entrado como un tren en la política estadounidense, una gran sorpresa para muchos, y si bien luego de su elección se había convertido en una suerte de líder del club mundial nacional-populista, Trump perdió en elecciones libres. El voto fue más reñido que lo proyectado porque Trump, que nunca tuvo la mayoría del voto popular, aumentó su apoyo desde 2016. No obstante, fue derrotado y con un margen considerable.

Si bien los populismos, en especial los de derecha radical, ya estaban presentes en Europa desde mucho antes de la llegada de Trump, es muy probable que la derrota del presidente reduzca en el impulso de las derechas radicales.

El segundo punto es cómo esas fuerzas, en este caso representadas por Trump, son derrotadas. La polarización tiende a ser buena para los líderes populistas, por lo que éstos normalmente intentan dividir la sociedad y, por consiguiente, a los votantes. Por eso Trump habría preferido competir con Bernie Sanders, por eso Jeremy Corbyn perdió en el Reino Unido, etc. Para las fuerzas liberales, tanto de centroizquierda como de centroderecha, es clave no ceder a la división, mantenerse como espacios de centro y ampliar ese centro lo más posible, dando síntesis a su esencia ideológica y rechazando o reduciendo las alas más radicalizadas. Inclusive en la concepción estadounidense, esto es reconocible. En otras palabras, el Partido Demócrata tiene dos líneas: una más de centro («moderada») y una más de izquierda (“progresista”). Prevaleció la primera, aunque probablemente el clivaje dentro del partido se manifestará más claramente cuando formen el gabinete.

Se dice que Biden no podrá realizar grandes reformas, porque el Senado y la Corte Suprema están en manos republicanas. La verdad es que Biden obtuvo más votos que Obama y es el candidato más votado en la historia de Estados Unidos, en elecciones con un nivel participación histórico, según las proyecciones. Su tarea principal será devolverle a Estados Unidos (e, indirectamente, a la política transnacional) un tono liberal, a la vez que re-colocar Washington en la escena internacional – luego de que, durante la experiencia de Trump, los Estados Unidos abandonaran los Acuerdos de París y fueran más bien escépticos hacia las instituciones y la cooperación internacionales.

El resultado de las elecciones en los Estados Unidos deja atrás la estación nacional-populista. Luego de los festejos, se presentan diversos desafíos – el inmediato, contener los efectos del COVID19. Sucesivamente, tejer una red de democracias liberales en el mundo y mantener la unidad dentro de su partido. Y para eso, Joe Biden y Kamala Harris deberán hacer política.

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