No dice nada, claro, se limita a sonreír y poner su expresión más sociable, hablar maravillas de Leclerc, su futuro y nuevo compañero de equipo, porque Carlos Sainz es un señor, un gran señor, un gentleman como dicen los ingleses, un caballero como dicen los españoles, pero….

¡Peeeeero! Cada vez que piensa en la batalla que le espera comienza a salivar como una fiera salvaje y las fosas nasales se le llenan de olor a sangre.

Carlos quiere ser campeón del mundo -y estamos seguros de que lo será- pero incluso antes que eso lo que ahora quiere, su sueño absoluto -después de despertarse con un mono rojo y un contrato de más de mil millones de las antiguas pesetas- es comerse a Leclerc.

Sainz hará lo posible y lo imposible para demostrar quien es el amo, quien es el mejor y por lo tanto el más malo y rápido e implacable y despiadado (en la pista, of course).

¡Qué brutal va a ser la lucha! Porque Carlos (Sainz) es muy bueno, pero el otro Carlos (Charles y Leclerc) tampoco está nada mal. Él también está loco por demostrar que puede ganar al ESPAÑOL DE HIELO.

2021, si las coronas y los virus nos dejan, va a ser una temporada ¡BESTIAL!

¡GgggggRRRRAAAaaGGGGrrrrraauauauu!!!!!!!!!!

Tigre tigre.

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