La huelga feminista convocada para el próximo 8 de Marzo pretende visibilizar la labor femenina en una sociedad masculinizada donde se ponderan los esfuerzos de un grupo poblacional masculino frente al trabajo “natural” e invisible de la mujer. Es la violencia dirigida hacia las mujeres desde todos los estamentos sociales clave y motivo de esta reivindicación.

Sin nosotras el mundo no gira, es así de simple ¿No se lo creen? Pues esperen a ver el efecto de nuestra revolución (nuestra y de todas las personas). Cuestiones como el cuidado desde los niveles básicos en el núcleo del hogar, hasta niveles de complejidad mayor ya sea en las escuelas o en las estructuras destinadas al cuidado quedarán congeladas al menos por unas horas.

Parece despiadado por lo tanto que una reivindicación tan necesaria, tan espontánea y tan vital no sea apoyada por todos los grupos políticos que si están ocupando cargo no es más que para velar por los intereses sociales. ¿Existe mayor interés social que el de la lucha por los derechos humanos? Recordemos que las mujeres somos seres humanos con plenos derechos y deberes (aunque lo de los deberes desgraciadamente siempre lo tenemos claro las mujeres).

Desde el gobierno central se ha establecido un argumentario de porqué no apoyar la huelga feminista. Entre sus fundamentos está el no fomentar la lucha hombre-mujer y producir la ruptura del modelo de sociedad actual.

Parece ridículo que aún tengamos que explicar que el ying y el yang como elementos excluyentes el uno del otro y contrapuestos quedó en épocas de Confucio. Ser feminista no es luchar en contra de los hombres, es asumir igualdad de derechos independientemente del género al que se pertenezca. Todas las personas debemos, por imperativo humano, ser feministas y ¡claro que hay que romper un modelo de sociedad que mantiene una estructura de sometimiento hacia la mujer! Pero ¿cómo podemos llamarnos país avanzado si perpetuamos la esclavitud femenina en aras de no tocar nuestro modelo social? ¿qué modelo social es ese por el que merece tanto la pena atropellar los derechos de las mujeres?

Hace unos días oímos de boca de Isabel Tejerina, ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente la intención de hacer huelga feminista pero a la japonesa animando a aquellas personas que secundarán la huelga a tomar su ejemplo sobre-produciendo más si cabe y demostrando valías ¿Cree la persona lectora que las mujeres diariamente no realizamos ese tipo de huelga? Las jornadas maratonianas interminables fuera y dentro del hogar hacen que nuestra media horaria de jornada no baje, en el mejor de los casos, de las doce horas ininterrumpidas, día y noche, día tras día los trescientos sesenta y cinco días del año. La actual Ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal siguiendo la estela marcada por su partido se ha manifestado en contra de la huelga y Dolors Montserrat actual ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ni se ha manifestado (y esto es particularmente doloroso al ser ministra de Igualdad).

¿Pueden dejar de tomarnos el pelo? Quizá estas respetables familias que ejercen la política desde sus asientos de cuero elitistas lleguen a su hogar y el trabajo doméstico y de cuidado de la descendencia ya haya sido realizado por personal remunerado, sólo cabe pensar esto cuando se habla con tanta ligereza y sátira (o en el caso de la ministra de Igualdad no se habla) de este gran lastre que nos afecta como sociedad.

Incluso hay sectores que dicen que las mujeres cuando nos “hacemos” feministas nos volvemos feas, quizá las mujeres liberadas de la opresión consumista de valores occidentales dejamos de someternos a los estándares masculinos de belleza y trabajo. Recordemos, por medieval que parezca, que somos más que un físico y que no somos esclavas.

Despoliticemos la huelga, la cuestión femenina es transversal a lo político, no permitamos que nos usen, una vez más, como arma arrojadiza.

El apoyo a esta huelga debe ser de profundo calado social pues ha llegado el momento de ser escuchadas, de no ser asesinadas, de tener los mismos derechos humanos, de no ser consideradas trofeos de carne, de no ser juzgadas por nuestro físico, de no ser valoradas según las labores del cuidado doméstico, de no tener que elegir entre lo profesional y la familia. Basta. Demasiado hemos aguantado.

Nos queda mucho camino por recorrer, camino principalmente educativo, concienciador y concienciado, pero todo tiene un punto de partida y ese punto de inflexión ha llegado. Pues el 8- M: Yo paro.

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