De sopetón y sin previo aviso, ahora sabemos que el feminismo también tiene apellido. De todos es sobradamente conocido que el feminismo no solo no tiene dueños ni siglas, sino que por supuesto tampoco ostenta apellidos, que solo sirven para patrimonializar un movimiento, una lucha, una identidad que concierne por igual a todas y todos los que defienden la erradicación del patriarcado imperante, el machismo y la violencia ejercida sobre la mujer. El resto, palabrería barata y oportunista, amén de decálogo preelectoral huero para captar voluntades incautas y pescar en el actual caladero electoral, revuelto tras la irrupción en el panorama político de los negacionistas del feminismo y la lacra de la violencia machista, de la extrema derecha, vamos.

A estas alturas, resulta sumamente agotador tener que rebatir y desmontar punto por punto el decálogo del ¿¡feminismo liberal!? presentado este fin de semana por los líderes de Ciudadanos, que como Santa Bárbara cuando truena, sólo se acuerda en su programa político de la existencia de la mujer y su lucha por la igualdad curiosamente los días previos al 8-M, Día Internacional de la Mujer.

Para hacernos una idea de la inquietud ‘feminista’ de Ciudadanos a lo largo de su corta existencia basta tirar de hemeroteca. Ahí está todo, aunque no hace falta irse muy atrás en sus apenas 14 años de vida. El histórico 8-M de 2018, el partido supuestamente liberal que en Andalucía ha firmado un pacto de gobierno con la derecha en la que aceptan las premisas de la extrema derecha, dijo que no apoyaba la huelga feminista “porque no somos anticapitalistas”. Albert Rivera dixit.

Como Santa Bárbara cuando truena, Cs sólo se acuerda en su programa de la existencia de la mujer y su lucha por la igualdad curiosamente los días previos al 8-M

Este espíritu enmarañador es precisamente el que enarbola la formación que defiende la política de vientres de alquiler “altruista” y la regulación de la prostitución porque aún siguen convencidos de que la mujer debe elegir libremente qué quiere hacer con su propio cuerpo de forma ‘libre’ y unipersonal, y si lo quiere vender tal cual para practicar sexo con hombres que les pagan una cantidad de dinero a convenir, bienvenido sea el capitalismo y del feminismo ya tal en otra ocasión, a ser posible preelectoral, donde Ciudadanos suele tener unos principios y si no gustan a la ciudadanía pues vuelve a la parte contratante de la primera parte.

Claro que el feminismo no es patrimonio de la izquierda. Ni de las derechas, ni de nadie. Faltaría más después de tanto sufrimiento y sometimiento a un sistema patriarcal que mantiene unas estructuras inmovilistas que son duras de roer, aún más que el implacable techo de cristal. El feminismo es patrimonio de todas y de todos, porque la sencilla ecuación “quien no es feminista es machista, así de sencillo” debe aplicarse aquí como baremo de un movimiento que no tiene ni patria ni más bandera que la de la igualdad, un objetivo aún muy lejos en el horizonte pese a los históricos pasos avanzados hacia ella en los últimos años.

Que el feminismo no sea patrimonio de las izquierdas no quita para asegurar sin eufemismos que las derechas de cualquier pelaje –ya sea la neoliberal de Ciudadanos, pasando por la de PP y su visión de las mujeres como simples paridoras de futuros obreros y terminando con los negacionistas de Vox– nunca han creído en él, si acaso como un señuelo burdo para captación de voluntades electorales con mensajes engañosos que poco ayudan al movimiento feminista en sí.

Del decálogo feminista “liberal”, sacado ahora de la manga del mismo partido cuyo líder hoy dice que el feminismo es un “movimiento transversal de toda la sociedad” pero hace solo un año rechazaba de plano el paro de las mujeres de este país el histórico 8-M por que no se consideraba “anticapitalista”, nos quedamos con el punto seis. En él se apunta: “El feminismo liberal no excluye al hombre: es una batalla de toda la sociedad. Los hombres son imprescindibles para la tarea que se propone el feminismo liberal. No podemos ignorar a la mitad de la sociedad para emprender la batalla de la igualdad de derechos y deberes”.

Una verdad de Perogrullo que intenta desviar el foco de lo verdaderamente importante, ya que a nadie escapa que el movimiento feminista no excluye al hombre en su cometido, ni mucho menos. Más bien lo conmina a participar activamente en el desmantelamiento de los clichés machistas que provocan, en una deriva perversa, la violencia sobre la mujer.

Craso daño hacen estos mensajes enrevesados y maledicentes, que solo buscan enredar en una lucha tan cristalina y sin ambages como los millones de mujeres y hombres que el 8-M de hace un año gritaron al unísono ¡basta ya, vuestro tiempo terminó! Machistadas las precisas o ninguna.

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