Mi hijo no irá a clase el 7 de Septiembre. Abrir las aulas en Septiembre, tal y como está la incidencia del Coronavirus en nuestro país,  es una absoluta irresponsabilidad, cuando no algo peor. Y más con las lamentables medidas arbitradas por la señora Celaá y el señor Marzà.

En primer lugar, la OMS, después del estudio y la carta de 239 científicos, ha tenido que admitir que el Coronavirus se transmite por el aire en espacios cerrados. Y nuestras aulas son espacios cerrados y mal ventilados.  En segundo lugar, tenemos el estudio realizado por Corea del Sur en el que se demuestra que los jóvenes entre 10 y 19 años pueden ser transmisores del Covid con la misma intensidad que los adultos. Los menores de 10 años son menos contagiosos pero no están exentos de infectar a otras personas. En tercer lugar tenemos lo sucedido en otros países como Israel o Australia; en Israel por ejemplo, después de reabrir los colegios e institutos, se ha constatado que casi el 30 % de las infecciones provienen del entorno escolar. El país hebreo está sufriendo por cierto una segunda oleada brutal. En cuarto lugar, si no queremos fijarnos en lo que ha sucedido en el extranjero, podemos constatar los tremendos brotes que han aparecido en España desde el entorno educativo abierto este verano; en Badajoz, el brote surgido en una guardería se ha saldado de momento con 56 casos, y en Cataluña son numerosos los brotes surgidos de campamentos infantiles. El que no quiera ver, que no vea, pero ésta es la realidad de las cosas.

Por otro lado, tenemos las nulas medidas tomadas por el Ministerio y las Comunidades Autónomas, y que han consistido fundamentalmente en lavarse las manos y en pasarle el marrón a los equipos directivos y los profesores. La idea de los grupos burbuja es lisa y llanamente una necedad, y más cuando, como ha demostrado la Universidad de Granada, una clase de infantil de 20 niños tendrá contacto con más de 800 personas en apenas dos días. Las ratios apenas se han reducido, seamos sinceros. Y en la Comunidad Valenciana, además de otras, nos encontramos con que no es obligatorio  en los Institutos que los alumnos lleven mascarilla en el aula cuando exista una separación de metro y medio. Una verdadera barbaridad. Recordemos que estamos hablando de espacios cerrados y que el Coronavirus se transmite por el aire con especial incidencia en los mismos. Sumemos a eso centros abarrotados, el autobús, los patios, etc, y tenemos todos los ingredientes para la tormenta perfecta.

Añadamos a todo esto, el aumento brutal de los casos este verano, y tenemos un retrato certero del desastre que se avecina. Por eso mi hijo no irá el 7. Los experimentos con gaseosa, con su salud y con la de mi familia va a ser que no.

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