Aún sin terminar la carrera de Medicina, Ernesto Guevara de la Serna decide con su amigo Alberto Granado, realizar su primer viaje por América Latina. El destino final sería Venezuela. Aunque antes Guevara realizó 4 mil  kilómetros de carreteras por la Argentina. Su traslado lo realizó con una bicicleta con motor Fido M 38, que le había agregado un motorcito. Partió de Buenos Aires la noche del 1 de enero de 1950. Durante el largo recorrido parte  de  Córdoba continuando luego hacia el noroeste para conocer las provincias más pobres y atrasadas del país, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, Mendoza y San Luis.   

En 1951 decide junto a su amigo Alberto Granado, que era doctor en biología, hacer un largo viaje rumbo a Venezuela. 

Nos cuenta don Ernesto Guevara Linch, padre del Che: 

“Ernesto, en esa época, acababa de ponerse  en relaciones con una simpática joven cordobesa, (Chichina Ferreyra). Tanto mi familia como yo estábamos seguros de que se casaría con ella. Un buen día Ernesto me dijo: 

–          Viejo, me voy a Venezuela. 

–          Cuál no sería mi sorpresa al contestar a mi pregunta ¿Por cuánto tiempo?, diciéndome: “un año”. 

-Pero  “Y tu novia”? – volví a preguntarle. 

Si me quiere, que me espere – fue la contestación.” 

El viaje con su amigo Alberto Granado lo realiza  en una moto de 1939, bautizada como La Poderosa II,  un viejo Modelo Norton de 500 cc de cilindrada. 

Los dos amigos partieron de  San Francisco, Córdoba el 4 de enero de 1952. Llegan a Buenos Aires el día 5. Luego de saludar familiares y amigos parten rumbo a Villa Gesell, llegando el 6 día de reyes, por la tardecita.  En el camino encuentran a un perrito que recogen de la ruta y Ernesto lo recoge para regalárselo a Chichina como regalo de reyes. 

El día de 6 de Enero empieza su cuaderno de viajes. 

“6 de enero de 1952” 

Los primeros 1.200 kilómetros,  cuarenta de tierra, nos han enseñado al menos a respetar las distancias. No sé si llegaremos o no a la meta nominal de nuestro viaje, pero sé que, lleguemos o no, va a ser empresa dura. En los primeros kilómetros de tierra, la moto excesivamente cargada se nos ha caído dos veces, una con consecuencias para la integridad física del armatoste que salió del tropezón con un farol abollado en mala forma”. 

El motivo de hacer la primera parada en Gessel, es que allí tenía una casa su tía María Luisa Guevara Linch, casada con Martin Martínez Castro. La vivienda quedaba en avenida costanera y paseo 107. El matrimonio residía en San Isidro y habían hecho una vivienda en Gessel, cuando se habían vendido los primeros lotes. Martínez Castro era un hombre muy moderno para aquella época, había fundado un club de Rugby el SIC en San Isidro, del que llegó a ser  presidente y donde jugó algunas temporadas Ernestito Guevara. 

“La moto tenía el freno abollado, el vidrio y las luces rotas, y el (elegible) volcado nada importante. Alberto pataconeó hasta un almacén cercano para buscar aceite, y después de cargarlo salimos. La noche se nos venía encima de modo de que había que luchar contra el factor tiempo.” Nos relata Ernesto Guevara de la Serna. 

Alberto conducía la Poderosa II, la moto estaba cargada de ropa de abrigo, mantas, faroles, herramientas.  En la moto no cabía un alfiler. El peso de la carga y las rutas deterioradas o de tierra, convertían el recorrido en muy peligroso. Por la tardecita cuando el sol se escondía en el mar, llegaron a la casa de su tía María Luisa. Después de los saludos efusivos, los dos amigos se acercaron a la playa, para contemplar el mar en el anochecer. 

 “Alberto conoció esa noche un viejo amigo mío, el Mar, poco imponente en la noche tranquila, solo me trajo recuerdos de mi vida vaga enfermero a bordo de la flota mercante. Las impresiones de él, con su pan se las coma. Villa Gessel es un pueblo progresista en el sentido urbano, lo que para los temperamentos solitarios como el mío, no significa ninguna ventaja, pero la planificación asimétrica de sus manzanas perdidas entre los montículos de arena, le da una fisonomía propia. Original e interesante. Las almejas no las pesca quien tiene ganas, sino quien sabe esperar”. Nos sigue contando Ernesto Guevara. 

Por aquellos años las playas de Villa Gessel estaban colmadas de almejas y en su costa marítima abundaban los pequeños tiburones, las Mantas de Raya, las corvinas y los pejerreyes. 

Según cuenta la historia oral, tanto Ernesto como Granado conocen a Carlos Gessel a través de su tío Martínez Castro. Era lógico que Martínez Castro y su mujer María Luisa Guevara mantuvieran una estrecha relación con el fundador de la Villa.  Eran muy pocos vecinos y las regulares  tertulias entre los pioneros, alegraban los largos veraneos. Tanto Martin como María Luisa eran  aficionados a la pintura, teniendo como tema inspirador el mar y las playas de Gesell. Don Gessel ya estaba informado por Martín Martínez Castro, que llegaría su sobrino. Para el fundador de la Villa, la llegada de forasteros siempre era un motivo de interés para estar informado de primera mano, cómo trascurría la vida política en la capital.

Escribe Ernesto en sus apuntes de viaje. “La luna llena se recorta sobre el mar y cubre de reflejos plateados las olas. Sentados sobre una duna, miramos el continuo vaivén con distintos ánimos: Para mí fue siempre el mar un confidente, un amigo que absorbe todo lo que le cuentan sin revelar jamás el secreto confiado y que da el mejor de los consejos: Un ruido cuyo significado cada uno interpreta como puede; para Alberto es un espectáculo nuevo que le causa una turbación extraña cuyos reflejos se perciben en la mirada atenta con que sigue el desarrollo de cada una de las olas que van a morir en la playa. Frisando los treinta años Alberto descubre el Océano Atlántico y siente en ese momento la trascendencia del descubrimiento que le abre infinitas vías hacia todos los puntos del globo. El viento fresco llena los sentidos del ambiente marino, todo se transforma ante su contacto, hasta el mismo Come back mira, con su extraño hociquito estirado, la cinta plateada que se desenrosca ante su vista varias veces por minutos. Come back es un símbolo y un sobreviviente; símbolo de los lazos que exigen mi retorno, sobreviviente a su propia desdicha, a dos caídas en la moto en que voló encerrado en su bolsa, al pisotón de un caballo que lo “descangalló” y a una diarrea pertinaz”. 

Durante todo el viaje Ernesto tenía un pensamiento obsesivo, encontrarse con su novia Chichina que estaba de vacaciones en Miramar. En aquel encuentro Ernesto le comentaría sus planes de ir de viaje, algunos meses hasta Venezuela, para luego terminar la carrera de medicina y hacer planes de casamiento. Tan solo un día estuvieron en Gessel, luego La Poderosa parte con los dos amigos hasta Mar del Plata y desde allí a Miramar donde estaba su novia Chichina. Esta fue la escala más larga por la costa Atlántica. Aquel encuentro con su novia fue decisivo. Ernestito le cuenta sus planes de llegar a Venezuela. Ella recibe con desagrado la noticia. A pesar de ello Guevara decide continuar el viaje. Pasan por Necochea y luego por Bahía Blanca. 

Desde allí cruzan la Pampa y la provincia de Rio Negro. El 8 de febrero llegan a la punta norte del lago Nahuel Guapi y duerme a su orilla y el 11 a San Carlos de Bariloche. 

María del Carmen Ferreyra “Chichina” no tardaría más de un par de  días en tomar una decisión sobre su relación con Ernesto. La presión familiar y la actitud aventurera de Guevara la llevaran a redactarle una carta, que le llegará a los lagos del sur, donde pone fin al romance. La carta lo tomó por sorpresa y nunca pensó que así terminaría este apasionado romance. Con mucha tristeza  asume este golpe sentimental y continúa su viaje a Chile, que terminará en Miami. Luego la historia todos la conocen. 

Ernesto Guevara se ha convertido en el argentino más universal de todos los tiempos. Su conducta moral y ética lo transformaron en un paradigma de lucha por la defensa de los pueblos y de los más humildes. En Villa Gessel ha quedado en la memoria permanente de sus vecinos. 

Una ordenanza municipal  del año 1997 declara el 6 de enero como día de “interés turístico cultural”, igual que al tramo de la Avenida 1 entre los paseos 107 y 108, porque en esa zona se habían alojado Guevara y Granado, en casa de su Tía María Luisa Guevara Linch. 

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