El próximo 21 de Diciembre Cataluña enfrentará las que sin lugar a dudas serán las elecciones autonómicas más importantes de su historia y por ende de las acontecidas en España desde el advenimiento de la democracia. Así, en el tablero de juego electoral catalán la polarización política entre independentistas y no independentistas presenta a priori un resultado de gran complejidad para la gobernabilidad de una comunidad en la que el fantasma de la repetición de unas elecciones se muestra patente a tenor de unas encuestas que no vienen a configurar un mapa claro de la decisión que el pueblo catalán tomará el próximo jueves. Máxime, cuando en las últimas claras el número de personas indecisas sigue aumentando hasta un 35% entre la ciudadanía no independentista en la batalla campal de una campaña que lejos de servir para temblar los ánimos entre los representantes del pueblo catalán parecen haber contribuido a encender más las posturas, algo que se pudo ver en el debate que la TV3 ofreció recientemente en donde el reproche sustituyo a la propuesta, lejos de servir así la confrontación de ideas a la clarificación del camino para una Cataluña estancada en el conflicto.

De esta forma, llegamos a una cita el próximo 21 de Diciembre en donde enfrentaremos a la solución de dos incógnitas. La primera, en relación a la victoria o no de la propuesta unilateral independentista en unos comicios que vendrán a validar o rechazar la hoja de ruta puesta en marcha desde la Generalitat por Puigdemont junto sus aliados de la CUP y ERC , pero junto a esta estará la segunda solución esa en forma de gobernabilidad hoy imposible ante un choque de trenes en donde Catalunya en Comú-Podem podría tener la llave de la gobernabilidad en un escenario de caída de la mayoría independentista , eso sí a cambio de un acuerdo a tres bandas PSC e ERC que conllevase necesariamente un proceso de referéndum pactado entre estado y comunidad autónoma, un camino de improbable aceptación por un PSC que ya anuncio que no apoyaría la presidencia de ninguna fuerza independentista en la Generalitat pero que podría cambiar si el presidente del acuerdo fuera un Iceta hoy cada día más presente como posible candidato de consenso para la resolución del problema catalán. Estaría por ver no obstante las consecuencias que para el PSOE tendría este acuerdo en el que la pedagogía de la explicación del mismo a las bases electorales socialistas debería ser muy certera para evitar una merma de votos que podría pasarle factura a los socialistas en las próximas elecciones generales.

Por contra, la senda del pacto de las fuerzas nacionales (PSC, Ciudadanos y PP) podría ser otra de las opciones en el mapa de la gobernabilidad de una Generalitat en la que las fuerza de los indecisos podrían servir para cambiar las encuestas y llevar a la presidencia del gobierno de Cataluña a la líder naranja Inés Arrimadas que podría contar para ello con el apoyo de un Miquel Iceta que tendría que valorar en este caso la margarita sobre la oportunidad o no de formar parte de un gobierno catalán que se enfrentará a grandes retos y desafíos y en donde el riesgo o la oportunidad se podrían medir a ambos niveles. Si bien, ciertamente esta posible senda postelectoral podría ayudar a la llegada del PSOE a la Moncloa con el aval de haber favorecido a la solución en Cataluña, si bien a día de hoy parece complejo que el escenario electoral ofrezca un resultado final en el que Catalunya en Comú-Podem sea prescindible en la dinámica de pactos que deberán desplegarse a partir del 22 de Diciembre. Máxime cuando el PP con su candidato Xavier Albiol podrían sufrir el voto útil de un 42% de sus antiguos votantes que buscarían favorecer el ascenso de Inés Arrimadas y Ciudadanos como dique de contención del nacionalismo independentista.

En definitiva, 68 escaños son los que fijarán en unos días el futuro de una Cataluña que necesita por su bien y el de España como nación una solución viable y a la altura de un tiempo que requiere del acuerdo estadista por el beneficio común. Si bien, hoy lo que el panorama ofrece es una posible ingobernabilidad por falta de acuerdos y una posible repetición de elecciones en el horizonte , la llave del futuro la tendrán así los indecisos que fijaran el próximo 21 de Diciembre el futuro de Cataluña. 

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