3/10/2016. Susanita Dinamita y nuestros íntimos engaños

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Este es uno de nuestros peores problemas, puede que el más peludo: Siempre creemos que somos mejores de lo que somos. Y como así lo creemos, nos empeñamos en que salga en las encuestas.

Creímos que en Gran Bretaña no triunfaría ese Brexit fascistoide.

Creímos que bastaba “un plan” para que los países europeos acogieran a los refugiados.

Creímos que tras conocer sus innumerables corrupciones, robos y crueldades no ganaría el PP. O ganaría por la muy mínima.

Creímos que en Colombia triunfaría el proceso de paz.

¿Y por qué es este uno de nuestros peores problemas? Porque cuando llegan las bestias nos quedamos con cara de idiotas. Y entonces, cuando por fin el horror se nos planta ante las narices, siempre, impepinablemente, uno de nosotros se pregunta: ¿Cómo no lo habíamos visto venir?

Al tiempo.

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También creímos que los militantes pintaban algo, y: Susanita Dinamita.

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Eso sí, ya nadie dirá que, con el PSOE este, uno puede seguir engañándose. Atentos a las tres afirmaciones de hoy de su presidente, Javier Fernández:

Una: “No es lo mismo una abstención que un apoyo”.

Dos: “La peor de las soluciones es ir a elecciones”.

Y tres: “Hay un incendio interior que nos está consumiendo”.

Sin negarle a este señor la vena poética –con tiempo y dedicación, ya se sabe–, su presentación en sociedad no da más de sí. Ni siquiera para un engaño íntimo de los pequeñitos, uno doméstico.

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En fin, que la vida del periodista “diario” oscila entre el desengaño y el ripio. Por eso pienso terminar el día hundiendo mi nariz en El amor del revés, último libro de Luisgé Martín, brutal narración íntima a celebrar.

Mañana más. Aquí mismo.

1 Comentario

  1. Realmente disfruto del verbo de Fallarás (nunca entenderé por qué tal apellido en tal persona) en los platós, mientras a la vez me maravillo de su pluma. Y no es tanto por sus actitudes desafiantes ante las cámaras, o el desenfado conque teclea los artículos… sino porque tiene unas pelotas (no me refiero a las del pecho, que podrían ser suficientes) que podrían ser la envidia de tantos pichikortos de la politiquería española.

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