Foto de Wilma Lorenzo

Iñigo Errejón nació en Madrid el 14 de diciembre de 1983. Es Doctor en Ciencias Políticas y en 2014 saltó a la escena pública como uno de los miembros fundadores de Podemos, junto a Pablo Iglesias

Hacían un tándem fresco y sorprendente, algo que necesitaba el panorama político: dos perfiles jóvenes, con un discurso potente y que sabían hacer un equilibrio interesante. Además, eran de izquierda, algo que hacía mucha falta en ese momento (y ahora, evidentemente también). 

Pablo representaba una izquierda más «radical», e Iñigo, con discurso también cargado de contenido, era «el chico bueno». Fueron cuatro años en los que consiguieron ilusionar a millones de personas, sobre todo a gente joven que no encontraba en las formaciones políticas de entonces (el bipartidismo y una Izquierda Unida que, salvando los perfiles como el de Alberto Garzón o Tania Sánchez, no conseguía despegar). 

Fue así como llegaron arrasando al Parlamento Europeo nada más presentar la formación morada. Y desde entonces, cinco años en los que, a gran velocidad, hemos ido viendo cómo aquellos que se habían presentado juntos, terminaron cada uno por su lado.

Ya no están ni Carolina Bescansa, ni Tania Sánchez, ni Monedero, ni Iñigo junto a Pablo.

Precisamente la ruptura más sonada fue, la de Errejón, porque fue aireada y no disimularon las amarguras que supuso. Ya hubo un aviso previo en un Vistalegre donde Iñigo presentaba una alternativa a Iglesias, pero no funcionó. 

Se está consolidando su experiencia como parlamentario: fue diputado en el Congreso en la XI y XII legislatura.

Tiempo después formaría Más Madrid junto a Manuela Carmena donde fue diputado de la Asamblea de Madrid, y más tarde, sería diputado por Más País volviendo así al Congreso, donde está actualmente.

Esto es más o menos lo que todos conocemos de Errejón, y algo suena de su recorrido como activista y militante en distintas organizaciones juveniles de perfil anarquista y anticapitalista.

Es, sin duda, una de las voces más potentes del panorama político español. Incluso quienes le critican por haberse marchado de Podemos, reconocen en él su talante tranquilo, dialogante, y su capacidad para expresar unas ideas estructuradas y llenas de contenido.

En este momento está jugando un papel muy interesante: representa a una izquierda que, sin formar parte de la coalición de gobierno, supone un elemento fundamental en la ecuación. Y, aunque a veces no se le escuche lo suficiente, la crítica que plantea es siempre constructiva. 

De esto, precisamente, he querido hablar con él:  de su visión sobre las medidas que se están tomando en el momento actual –crisis por COVID19-, el porqué de sus posicionamientos ante algunas decisiones del Gobierno y sobre todo, sus propuestas

El Gobierno acaba de tomar la decisión de levantar la medida de confinamiento total para algunos trabajadores que no se dedican, precisamente, a servicios esenciales. Desde Más Madrid, ¿qué opinión os merece?

Desde Mas pais consideramos que es precipitado levantar la suspensión de las actividades económicas y laborales que no sean estrictamente esenciales para el mantenimiento de la vida porque la senda por la que hemos logrado como país comenzar a aplanar la curva ha sido la del confinamiento total y riguroso y la de la suspensión de las actividades laborales. Llevábamos semanas insistiendo al Gobierno en que este era el camino. Concretamente pasaron tres semanas desde que se lo dijimos hasta que lo aplicó.

¿Tomó tarde la medida, según vuestro criterio?

Creemos que el Gobierno lo aplicó tarde, pero finalmente cuando accedió a aplicarlo, nos ha dado buenos datos: ha bajado el número de contagiados, ha bajado el número de muertos y parece que empezamos a vislumbrar la posibilidad de la luz al final del túnel y de vencer a la pandemia. Eso significa que esta senda, aunque ha sido dura, es la correcta.

Hay quien no entiende bien las críticas que habéis planteado desde Más País sobre relajar el confinamiento, puesto que sois una formación de izquierda que, de alguna manera ha salido de Podemos -que ahora mismo está en el Gobierno junto al PSOE-.

Nosotros hemos estado siempre al lado del Gobierno cuando las derechas le han intentado criticar por una cosa y por la contraria y han elegido que, en lugar de hacerle la guerra al virus, le harían la guerra al Gobierno. Ese no ha sido nuestro camino. Nosotros hemos dicho que el confinamiento estricto era el necesario pero también que los contagios sí que iban por barrios, y sí que entendían de clases. Había gente que podía teletrabajar y que podía irse a su casa de campo, pero que en lo fundamental, la gente más humilde, la gente que necesitaba su salario para vivir, la que tenía más miedo de que si no se presentaba a trabajar le despidieran, necesitaba de la protección del Estado, y esto suponía que no se levantara la suspensión de las actividades laborales, de las actividades económicas no esenciales y que el Gobierno mantuviera la protección de que pudieran quedarse en casa y cobrar su salario. En definitiva, que no tuvieran que elegir entre el miedo al virus y el miedo al desempleo y la pobreza.

Pero sobre todo creo que ya nada es como antes del Covid-19 y ya no tienen sentido los mismos planteamientos que usábamos antes de él. Esta crisis lo ha cambiado todo y nos va a cambiar a todos, incluidos a los actores políticos. Por lo tanto no es es una cuestión de darse golpes en el pecho por ser más de izquierdas o de competir con el Gobierno por las etiquetas. Lo que ocurre es que en un momento excepcional, no avanzar es lo mismo que retroceder. El Gobierno no puede ni perder el tiempo ni distraerse con las derechas y lo que debe hacer es garantizar que haya una reconstrucción justa que nos fortalezca como país, con una transformación de nuestro sistema productivo en el sentido de una transición ecológica y miles de empleos verdes y con un fortalecimiento de los servicios públicos gracias a una transformación del sistema fiscal que lo haga más justo. Insisto en esto último porque hoy en España se grava sobre todo a trabajadores y clases medias dejando que se desentienden e irresponsabilicen de su país a la pequeña minoría de millonarios que no aporta lo que deberían aportar.»

Según señalas, no es el momento de relajar las medidas porque esto puede perjudicar a las clases trabajadoras…

No entendemos cómo cuando empieza a dar buenos resultados, ahora esas medidas se levantan. Me parece que nadie en una carrera, cuando va cogiendo ventaja, reduce la velocidad. Es el momento de insistir en la senda correcta, no de levantarla. No nos parece que sea el momento de mandar a millones de españoles al trabajo en vagones de metro, en vagones de tren, en condiciones en las que todavía no hemos derrotado a la pandemia.

A juzgar por las declaraciones que desde algunos miembros del Gobierno se han hecho estos días, habrían estado recibiendo presiones para calmar a los empresarios. ¿Cómo se equilibra la balanza entre la salud pública y la economía?

Entendemos que el Gobierno pueda estar sufriendo presiones de poderes económicos pero no creemos que esta sea una discusión entre la salud y la economía. En primer lugar, porque si no hay salud, nunca habrá economía ni recuperación económica. Y en segundo lugar, porque para que la recuperación económica y la reconstrucción económica de nuestro país pueda ser más corta, pueda ser más efectiva, es necesario que el confinamiento sea más duro y más corto y alejar cualquier posibilidad de un repunte que haga que tengamos que volver a retroceder en las medidas de confinamiento.

Nos parece que, en lo fundamental, el Gobierno debería haber aguantado más las presiones porque son presiones entre una visión del país que pone por un lado la salud por delante de todo y por otro una visión cortoplacista que, por recuperar beneficios en el corto plazo, está dispuesta a poner en peligro la recuperación sanitaria y también la posibilidad de reconstrucción económica el día después.

Hay quien te acusará de no querer afrontar la reconstrucción económica, de que tu discurso no es realista…

Claro que hay que afrontar la reconstrucción económica pero eso habrá que hacerlo cuando hayamos derrotado al virus y habiendo asegurado que se queda el menor número de gente por el camino. Y esto supone confinamiento duro y protección económica de la gente que se tiene que confinar. Por eso hablábamos de la renta de cuarentena.

¿En qué consiste exactamente la renta de cuarentena? Porque se oye hablar de Renta Básica Universal, de un ingreso mínimo vital, y no son lo mismo.

Cada vez hay más expertos economistas, profesores, incluso muchos de ellos que provienen de filas liberales que hoy empiezan a hacer suya la necesidad o la propuesta de una Renta Básica Universal Temporal. El último, sin ir más lejos, ha sido nada más y nada menos que el Papa Francisco que ha dicho que es la única manera de no dejar a nadie atrás y de proteger a todos los trabajadores por precarias que sean sus condiciones.

Y esto, ¿por qué? Para nosotros, en primer lugar, porque una buena parte de las ayudas que el Gobierno ha movilizado son ayudas en el sentido de facilitarte la solicitud de un préstamo, o bien son ayudas que suponen tantos requisitos y tan complicados que al final mucha gente no podrá acceder a la moratoria de hipotecas, a las ayudas para el alquiler. Por ejemplo, a los autónomos se les exige haber perdido el 75% de su facturación, que esto en alguien que gana 1.000 euros es muchísimo. Muchas de las ayudas son un verdadero laberinto por el que se está cayendo mucha gente. A este respecto le dijimos al Gobierno que su escudo social, ese del que nos hablaba, tiene muchos agujeros.

¿En qué se diferenciaría esta renta de cuarentena de las ayudas que está proponiendo el gobierno, entonces?

Creemos que es necesario poner en marcha ya, de inmediato, de manera rápida y directa una transferencia, una renta de cuarentena que le llegue a todos los adultos que estuvieran ingresando antes del Estado de Alarma menos del salario mínimo interprofesional.

Pero ¿supondría tener que hacer muchos trámites burocráticos y esto supondría tardar demasiado, y entonces no ser efectiva?

No. Porque nosotros no creemos que el control se tenga que hacer previo: tiene que poderla solicitar quien quiera y que se le adjudique de inmediato.

Nosotros hemos propuesto 600 euros por adulto y 200 euros por hijo a cargo hasta un máximo de 1.600 euros para los hogares que dure hasta 6 meses después del final de la cuarentena, para ayudar a la reconstrucción económica.

Has dicho que habría que dársela a todo el que la solicite. Y te dirán que eso va a ser un coladero… ¿no se controlará a quién hay que dársela?

Sí. Hay que dársela a todos los que solicitan. Porque los derechos sólo son derechos cuando son un universales, pero se tiene que llevar a cabo con un control ex post: quienes no cualificaran, o quienes ganaran más dinero, después tendrán que ir devolviéndolo en las declaraciones del IRPF.

Esto del control ex post es algo realmente nuevo. ¿A qué responde una medida tan rompedora?

¿Qué nos aseguramos con un control ex post? Pues que el Gobierno salga de este atasco en el que está decidiendo si aprueba o no aprueba un ingreso mínimo vital, que no es lo mismo que una Renta Básica. De esta manera salimos rápido de este «embrollo», y sobre todo, garantizamos que las ayudas lleguen ya, cuando son más necesarias y no dentro de tres meses. Se aprueban y se le garantizan a la gente ya, de inmediato. Que es lo importante.

Y darle dinero a la gente ¿no va en contra de una reconstrucción económica? Es la crítica más común a este tipo de propuestas.

Creemos que esta es la mejor manera de ayudar a la reconstrucción. Es verdad que las políticas para no dejar caer a nadie son caras, pero tener que levantar a las familias, a los autónomos, a los trabajadores que se han caído serían mucho más caras. Por eso nosotros hemos dicho que para que el confinamiento sea seguro, es necesario que sea un confinamiento protegido socialmente. Que nadie se vuelva pobre por confinarse, porque nadie se confina por capricho sino que se confina por disciplina social. Así que eso tenemos que acompañarlo con protección, con una renta de cuarentena que además, mantenga la renta de los hogares, mantenga la capacidad de compra de los hogares, mantenga la demanda y por lo tanto, sea un elemento que nos permita arrancar la economía cuando salgamos del confinamiento.

Este planteamiento sería, precisamente lo contrario a lo que se hizo en la última crisis, donde se asfixió tanto a las clases populares que no tenían manera de hacer frente a las deudas y por desgracia todos hemos visto que no fue positivo para casi nadie, salvo para los de siempre… ¿Crees que aprendimos de aquello?

Ya sabemos cómo no se sale de una crisis. Lo vivimos en el 2008. No se sale de una crisis con políticas de recortes, con las llamadas políticas «de austeridad», con esa obsesión por el déficit.

Se sale de una crisis con políticas expansivas, con políticas que ayuden a reconstruir la economía, que ayuden a movilizar recursos que protejan la renta de los hogares y que ayuden a quienes estén en condiciones de generar más actividad económica. Eso para nosotros pasa de manera directa por una renta de cuarentena.

Y ¿a ti te parece que el Gobierno está por la labor de tomar decisiones tan valientes?

Entendemos que el Gobierno debería atreverse. Ahora es el momento. Hay consenso entre los expertos, incluso entre aquellos que provienen del mundo liberal. Hay amplio consenso entre autoridades académicas y autoridades internacionales. La sociedad española lo entendería, es el momento más necesario y a la vez, goza de más consenso social.

Para nosotros, tanto por la urgencia política como por entendimiento social, el Gobierno debería atreverse.

Una cosa es atreverse y otra cosa es ¿de dónde sale el dinero para financiar todo esto?

Lo hemos dicho muchas veces: estamos en una situación que nadie podía haber previsto, insólita y sin precedentes y que, por lo tanto exige que el Estado movilice recursos sin precedentes. Y el Estado se está haciendo cargo de muchas cosas: el pago de los ERTES de los trabajadores, de avalar muchos préstamos -aunque habría que revisar qué están haciendo los bancos con esos préstamos porque a veces después se utilizan para hacer negocio cuando tienen que darle un préstamo a un autónomo o a una pequeña empresa- y es evidente que el Estado está movilizando mucho dinero. Nosotros queremos plantear una pregunta: ¿esto quién lo va a pagar? Y aquí nos tememos que sólo hay dos respuestas: o se equilibra la balanza fiscal haciendo que los más ricos contribuyan al esfuerzo nacional, o si no, todo lo que estamos haciendo, se convertirá en deuda que, de últimas, acabarán pagando los trabajadores, las familias y los hogares españoles.

Me parece que la segunda opción ya la hemos probado hace poco y no ha sido positiva para la mayoría de la gente. Además, Pedro Sánchez en Europa lo decía el otro día: que había que aprender de lo sucedido en la última crisis y que los platos rotos no los podía volver a pagar la gente… Imagino que vuestro mensaje ¿apuesta más por la primera opción?

Lo que estamos diciendo es que hace falta una política europea a la altura: hay que mutualizar las deudas, la Unión Europea tiene que ser también una Unión fiscal y una Unión social. Nos parece que España debe mantenerse al lado de Italia y de Francia en la pelea porque nosotros no tenemos que pagar ninguna condicionalidad por los fondos europeos, porque no estamos sufriendo esto porque hayamos hecho las cosas mal, sino que (si acaso) nos está afectando más es porque nosotros hicimos los recortes que Bruselas nos dijo y que hoy nos hace ser más débiles. Nuestro déficit es el superávit de los alemanes. Por lo tanto una cosa es la cara y otra cosa es la cruz de la moneda, que están intrínsecamente relacionadas.

Es necesario que Europa esté a la altura y movilice recursos sin precedentes para que nadie se quede atrás. Porque la Unión Europea, si no reacciona ante esto, habrá perdido su razón de ser.

Pero no estaréis pensando solamente en que Europa venga a resolvernos la papeleta, porque últimamente parece que es mejor no esperar mucho de ella. ¿Qué medidas proponéis para equilibrar la balanza fiscal en España?

En España hay mucho margen. Porque los más ricos en España pagan mucho menos impuestos que sus vecinos europeos. Necesitamos que contribuyan un poco al esfuerzo nacional porque necesitamos que el país no se rompa por la desigualdad ni por la pobreza. Porque esto saldría mucho más caro que un pequeño aumento en impuestos.

Nosotros queremos que el Gobierno responda a esa pregunta: ¿quién va a pagar esto? Nosotros no queremos que esto deba convertirse en deuda y después en más ajustes o más recortes en el futuro para las familias españolas. Creemos que hay que equilibrar la carga de los costes de esta crisis. Y para ello, hace falta una transformación fiscal, que haya justicia fiscal.

Proponemos un impuesto de solidaridad cívica o una «tasa COVID» que en lo fundamental establezca:

  • por una parte dos tramos nuevos en el IRPF para las rentas más altas: para los que ganan más de 100.000 euros al año y para los que ganan más de 200.000 euros al año. Son aproximadamente el 1% de los españoles. Siempre que hablamos de justicia fiscal, las formaciones políticas y los intelectuales de la derecha nos dicen que esto es hacerle pagar el pato a las clases medias. Y en realidad estamos hablando del 1% de los españoles. Que la gente se pregunte si cuando acaba el año ha ingresado 200.000 euros por su trabajo.
  • Y en segundo lugar: El impuesto de Patrimonio habría que subirlo entre un 1,5 y un 2% para quienes tienen más de un millón de euros, lo que afectaría a 900.000 españoles.
  • Estoy segura de que mucha gente cuando lea esto se va a quedar sorprendida. ¿En serio hay en España casi un millón de personas que tiene más de un millón de euros?

El número de millonarios se ha multiplicado en España por cinco desde el 2010 al 2019.

Se supone que quien más gana más aporta para poder sufragar entre todos lo que ha de ser para todos…

Si queremos tener buenos médicos, si queremos tener buenos laboratorios que investiguen vacunas, si queremos tener una buena transformación ecológica de nuestra economía, si queremos poder dar un salto adelante y salir de esta diversificando nuestra economía y manteniendo las rentas de nuestras familias, necesitamos un esfuerzo más. Y al mismo tiempo le vamos a pedir al Gobierno que, lo que ya aprobó, que es el impuesto a las transacciones financieras, y a las grandes empresas tecnológicas -que no sólo no han facturado menos sino que están ganando más que nunca- se pongan en marcha.

Da la sensación de que el Gobierno toma decisiones que apuntan en esa línea, pero como que le cuesta, que llega tarde. ¿Lo sientes tú también así?

Creemos que el ejecutivo ha ido adoptando algunas de las medidas que le decíamos, aunque más bien lo ha hecho por detrás de los acontecimientos, por detrás del virus y de su impacto social y económico. Nos preocupa que algunas de las medidas, que son bienintencionadas, concretamente algunas de protección social, tengan demasiados requisitos, tengan demasiados recovecos y que los trámites para que te las concedan sean tan complicados, que al final la mayor parte de la gente se queda fuera.

El otro día conocíamos la noticia de que tan sólo el 10% de los que solicitan la moratoria de hipotecas al final consiguen acogerse. Y estamos hablando de una medida que simplemente está pidiendo que se aplace el pago de la hipoteca, que se convierta en una deuda para un poco más adelante. Lo mismo nos dicen los autónomos, como la gente que tiene que pagar alquileres.

En lo fundamental el Gobierno ha sido muy drástico en garantizar los derechos y lo beneficios de algunos, como los rentistas que tienen hasta 10 casas, de las grandes compañías como las de televisión privada, del oligopolio eléctrico -a quienes han garantizado inmediatamente los beneficios-. como los bancos -que se benefician de los avales para la deuda que da el Gobierno-. Y sin embargo cuando se trata de la gente trabajadora, las ayudas son condicionadas, son más lentas y cuesta más acceder a ellas.

Nos parece que el Gobierno tiene buenas intenciones pero está llegando un poco tarde, y está llegando arrastrado por los acontecimientos y ante eso, lo que le decimos es que ahora hay más condiciones que nunca para avanzar en la protección social y para reconstruir todo aquello que nos hace más fuertes frente al virus.

Decía Macron el lunes que el COVID19 había pillado a Francia con el paso cambiado. Y a nosotros, ¿cómo nos ha pillado?

El virus nos ha cogido como país muy débiles: por la destrucción de los servicios públicos, por la desigualdad, por un mercado laboral que está enfermo de temporalidad y precariedad, por todas las décadas de reformas neoliberales que han dañado la comunidad y que han ido convirtiendo el Estado sólo en un seguro para los que más tienen: cuando las cosas van bien los beneficios son suyos y cuando las cosas van mal, acuden al Estado para que les salve.

Precisamente porque estamos en un momento que todo el mundo reconoce como de «reconstrucción», y porque la necesidad de lo público, de la solidaridad colectiva y la necesidad de planificar y de no estar al albur de los caprichos de los mercados financieros, sino de planificar nuestro desarrollo económico -por ejemplo en el derecho a producir una buena parte de las cosas que necesitamos aquí, porque es absurdo que nosotros no seamos capaces de producir respiradores o mascarillas, y eso tiene que ver con una política económica que ha tenido nuestro país muy poco diversificada, fundamentalmente en el ladrillo y en el turismo-. Por todo ello ahora se ve que es necesario reindustrializar nuestro país, que es necesario tener una política económica soberana y que es necesario poder planificar qué queremos ser en el futuro.

¿Crees que este mensaje no te lo van a quemar como comunista bolivariano o «comeniños» ahora mismo?

Creo que hay un consenso mayoritario en ese sentido. Y creo que hay que aprovechar el momento, precisamente porque hay un consenso sobre qué es lo importante cuando vienen mal dadas: los servicios públicos, el Estado, una economía fortalecida porque puede ser planificada en colaboración entre lo público y lo privado, una política de rentas que garantice que las familias tienen lo necesario para subsistir también en los momentos difíciles, un mercado laboral que está protegido contra la precariedad… Ahora que sabemos qué es lo importante, es el momento de avanzar para garantizar que esta crisis no la pagan los de siempre y que no salimos haciendo lo mismo que en 2008, sino justamente lo contrario. Y en todo esto, el Gobierno, incluso con buenas intenciones, está yendo por detrás. Nosotros le apoyamos cada vez que avanza, pero estamos siendo muy críticos y en los últimos decretos nos abstuvimos y les dijimos que hace falta un esfuerzo más: que la diferencia en una situación de crisis entre llegar tarde y no llegar es nula. Hay mucha gente que no puede llegar y necesita una acción decidida y contundente. El pueblo español se está confinando con disciplina y necesita que alguien responda a la altura de los acontecimientos. En los momentos malos, cuando todo el mundo se esconde, ése que responde sólo puede ser el Estado.

Los chinos dicen que la palabra crisis es siempre también un momento para aprender, para la oportunidad de transformación. Muchos aseguran que saldremos distintos de esta. ¿Cómo ves el panorama post COVID?

Esta crisis está siendo un verdadero drama humano, sanitario y social que nos va a cambiar a todos. Saldremos de esta siendo diferentes: como sociedad y seguramente como individuos porque todos tenemos casos dolorosos, casos difíciles y todavía queda.

No lo hemos vencido del todo y ya nos ha golpeado mucho. Todas las crisis en ese sentido sirven para mostrar qué es lo que nos hace más fuertes como sociedad y qué es lo que nos hace más débiles. Creo que todos hemos podido comprobar que los servicios públicos nos hacen más fuertes, que la solidaridad entre vecinos nos hace más fuertes, que las medidas que nos permiten garantizar unos márgenes de seguridad y tranquilidad para que nadie se quede atrás nos hacen más fuertes, que producir cosas en nuestro país nos hacen más fuertes, que tener más instrumentos soberanos para que el Estado intervenga en favor del interés general y no de los privilegios de unos pocos nos hace más fuertes, y por lo tanto, creo que todo el mundo tiene que hacerse una pregunta: todas aquellas recomendaciones del neoliberalismo, de los recortes en los servicios públicos, de la precarización del empleo, de que el Estado solo sirva como avalista de los que más tienen pero nunca puede intervenir para la mayoría social, de ir adelgazando o mermando la posibilidad de que nuestra economía pueda producir aquí, de desindustrializar nuestro país y de hacernos más dependientes energéticamente, de las cosas que se deciden en Bruselas: todas esas recetas ¿nos han hecho más fuertes o más débiles para salir de esta?

Ya que esta pregunta la haces tú, ¿qué responderías?

Lo que nos hace más fuertes es precisamente lo que las derechas llevan tanto tiempo denigrando: los servicios públicos, la solidaridad, la capacidad colectiva de gobernar las fuerzas financieras, la capacidad de cómo vamos a salir de esta -y que vamos a salir juntos-, el sentimiento de comunidad son los elementos importantes para la reconstrucción.

Y es que, tenemos por delante una inmensa tarea de reconstrucción social y económica de nuestro país.

Creo que hoy hay un consenso creciente en que todo esto sólo se puede hacer, nosotros lo hemos dicho desde el principio, con una especie de «plan Marshall» -no porque esto sea una guerra bélica, pero sí es una contienda contra el virus que deja a nuestro país exhausto y deja muchos costes humanos y sociales- para volvernos a levantar.

¿A qué te refieres exactamente con la idea del Plan Marshall?

Necesitará la movilización de inmensos recursos públicos para volver a poner en marcha el motor de la economía. Y nosotros creemos que hay que aprovechar que se tiene que volver a poner en marcha para hacerlo corrigiendo algunos de los principales errores o déficits que ha tenido hasta ahora: hay que diversificar nuestra economía, que no puede seguir basada sólo en el ladrillo, y en el turismo. Hay que diversificar las fuentes de producción energética y hay que apostar por las formas de producción de energía verde, de energía limpia que, además pueden producir más valor añadido y empleo verde en nuestro país. La transición ecológica va a ser, sin duda, el vector principal de la recuperación económica de los que lo sepan ver y hay que apostar por una política económica que no haga que España compita siempre por tener los salarios más bajos, sino que compita por más conocimiento, por más diversificación de su economía por más capacidad de compra, más formación de sus trabajadores y por más cultura.

¿Crees que hemos aprendido la lección entonces?

En lo fundamental, creo que todo el mundo sabe que hoy los criterios de déficit, la estabilidad de la Unión Europea, los caprichos de los poderes financieros no nos van a sacar de esta, nos van a hacer cavar más hondo. Y que frente a esto, necesitamos una propuesta de reconstrucción en la que el Estado vuelva a ser decente, vuelva a ser responsable, y vuelva a ser emprendedor para una transición ecológica con justicia social.

Por lo que veo, das caña pero la crítica es constructiva. Con tanto ruido, cuesta escuchar las propuestas. ¿Lo harán precisamente para eso?

Creemos que al gobierno le viene muy bien que todo lo que se escuche no sean sólo los ruidos como hacen las derechas. Y es que, las derechas hacen tanto ruido y exageran tanto, que pueden cumplir una función de protección del status quo. Exageran y gritan tanto que cualquier cosa, con que el Gobierno se quede quieto, parece ya un gobierno social-comunista.

Lo dijimos ya en el Congreso de los Diputados: el Gobierno no debería asustarse por los gritos de las derechas y la mejor manera de no asustarse es retomar la iniciativa: no en el choque con ellos, con sus bulos o con sus mentiras, sino en recuperar una agenda de reconstrucción económica y social que ponga en el centro las necesidades de la mayoría trabajadora en España. Creemos claramente que hay condiciones. Los momentos de crisis y de excepción pueden marcar lo que venga a ser la normalidad durante muchos años. En estos días y en estos meses puede que se esté jugando qué tipo de país queremos ser, igual qué tipo de Europa vamos a querer ser en el futuro. Todos los economistas de referencia dicen que ahora es momento de no quedarse corto.

Y ¿cuál sería para ti el mayor error que se puede cometer ahora mismo?

El mayor error que podríamos cometer sería quedarnos cortos: ante el desafío que nos plantea el COVID y que nos plantea la necesaria reconstrucción económica tenemos que proponer un plan de reconstrucción nacional que pase por la transición ecológica, por la justicia social, las industrias culturales y por la posibilidad de un Estado emprendedor que decida lo que vamos a querer ser en el futuro y que corrija alguna de las fragilidades que han hecho que los golpes de la crisis nos hayan caído con más fuerza. Tenemos una ocasión para corregirlo y tenemos ocasión para salir de esta: con todo el daño y con todo el dolor, pero para salir mejores.

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2 Comentarios

  1. Muy bien Iñigo,referente a la rente minima,paso a decir;yo estoy trabajando o jubilado,m mujer ama de casa,un hijo mayor sin trabajo y otro estudiando ellos me dicen que quieren cobrar la renta minima ya que no tienen ingresos entonces Iñigo pregunto ¿ tienen derecho a la renta minima ya que no tienen ingresos ? Si tienen derecho bien de lo contrario esto es el tocomocho o un truco de los podemitas para que les sigan apoyando.

  2. A mí Errejón e Iglesias nunca me han dado mucha confianza. Después de ser amigos durante muchos años, se acordaron, cuando tocaron poder, que no tenían la misma ideología… O nunca fueron amigos o uno de los dos brotó…www.larojaverguenza.blogspot.com

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