domingo, 13junio, 2021
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15-M. Diez años después

Memorias apócrifas de un falangista infiltrado.

Jesús Ausín
Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.
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La primera vez, fuimos de oyentes. La Delegación del Movimiento de Sevilla, había contactado con nosotros a través del sindicato estudiantil católico al que pertenecíamos, por nuestra “capacidad de liderazgo” y “nuestra manera de generar simpatías”, según nos habían contado en la reunión anterior a la infiltración que habíamos mantenido con el delegado provincial de la Falange, Jefe del Movimiento y Gobernador civil de la provincia, Utrera Molina.

En aquellos tiempos, finales de los sesenta, la brigada social tenía controlados a todos los miembros del Partido Socialista. No eran peligrosos para el sistema. Se dedicaban a mantener reuniones que creían clandestinas, en las que hablaban mucho de cómo deberían prepararse para cuando Franco desapareciera, pero en las que jamás, salvo algún exaltado que siempre hay, se proponían acciones contra el régimen como  huelgas, activismo en las fábricas o acciones de lucha callejera. Todo eso era más propio de los Comunistas a los que el régimen encarcelaba en cuanto conocían su ideología. Pero los compañeros del PSOE tenían una vida normal, en sus librerías, en sus despachos de abogados o en sus trabajos de oficina. Eran gente que vivían en la normalidad diaria del trabajo, el bar, las tapas, la Feria de Abril, el Rocío, los toros, el Betis,… todo sin ejercer la política.

Tras presentarnos fotografías de los viejos socialistas y de sus hijos universitarios, en aquella primera reunión en la sede de la Brigada Político Social, nos encomendaron la misión de hacernos amigos de los hijos. Deberíamos acercarnos a ellos en la Universidad, entablar amistad y generar confianza para lograr que nos llevaran a una de las reuniones clandestinas del partido. Creíamos que iba a ser difícil, y sin embargo sólo nos costó siete meses acudir a una de esas asambleas que celebraron en un piso del número cuatro de la calle Ruiseñor. Una ratonera en caso de que acudiera la brigada social en una redada, cosa que nunca había ocurrido. Más que una asamblea, era una reunión de amigos. Apenas diez personas, sólo tres mayores de cuarenta años: el dueño de la Librería De Paz, un abogado poco conocido y el padre de mi nuevo amigo Pepe que trabajaba para un notario. Los otros siete, eran compañeros nuestros de la Universidad.

Nos fue tan bien, en aquella mesa camilla de amigos, que ese mismo día nos enteramos de los problemas de organización que tenían en el Partido, porque eran muy pocos, timoratos y nadie quería dar la cara. Sin embargo, Jacinto Romero, el abogado desconocido, parecía ser muy valorado entre los socialistas de Madrid y tener contactos habituales con gentes del partido en Barcelona,  Valladolid o Asturias.

Tres años después de aquella primera toma de contacto en la calle Ruiseñor a la que habíamos ido por orden de Utrera Molina, entonces Gobernador de Sevilla, y tras haber participado en varias charlas de amigos más, el nuevo gobernador, Muñoz-González, nos comunicó las nuevas órdenes venidas directamente de Madrid desde el Ministro Secretario General del Movimiento Torcuato Fernández Miranda y a través de Utrera Molina, ahora Ministro de la Vivienda: deberíamos convencer a nuestros nuevos amigos de que nosotros podríamos asumir los cargos que nadie quería ostentar. Y así fue como entramos a formar parte, o mejor, a controlar la organización en Sevilla.

Un año después en 1972, y a través de Jacinto Romero, comenzamos a sondear la posibilidad de un Congreso Extraordinario que acabara con Llopis y la vieja guardia republicana. La misión era sencilla. Franco tenía ya 80 años y una salud endeble. El propio Carrero Blanco sabía que el régimen no podría sobrevivir a Franco. Necesitaban dinamitar a la izquierda republicana española para que, si había elecciones, no ganaran los comunistas que se habían hecho fuertes a través de la lucha obrera. Necesitaban un partido que fingiera ser socialdemócrata, moderno y europeo para que, los que habían estado haciendo grandes negocios durante la dictadura y todos los que habían cometido el genocidio de 150.000 españoles depurados durante el franquismo, no fueran juzgados tras la muerte de Franco.

Así, montamos el Congreso de Suresnes, para el que el propio Carrero, antes de morir, nos había dado el pasaporte y preparado la documentación y la de la delegación que debería asistir para destronar a un Llopis, que se olía la jugada y no quiso participar. Pero logramos que ese congreso fuera legalizado por los propios militantes. RTVE y los medios de prensa escrita de entonces, hicieron que el milagro de presentarnos en sociedad, se cumpliera, obteniendo más de cinco millones de votos. El abandono del marxismo, del que nunca fuimos catequistas, y la jugada de Suarez que sacó a Carrillo el compromiso previo de no luchar contra la monarquía si quería ser legalizado, que acabó rompiendo el PCE, hicieron el resto: cambiar el Régimen sin mover ni una sola piedra de su estructura.

15-M. Diez años después

 «No hay pan, pa tanto chorizo»
 «Que, no, que no, que no  nos representan, que no»
 «Lo llaman democracia y no lo es»
 «Vamos despacio, porque vamos lejos»
 «Me sobra mes, al final del sueldo»
 «Los de abajo contra los de arriba»
 Lemas del 15-M 

Ahora que se cumplen diez años desde que tomamos primero las calles y después las plazas, como el ser humano tiene el recuerdo selectivo, el régimen teme tanto a quién piensa por sí mismo y la tele moldea la realidad al interés de quién paga las nóminas, me veo en la obligación de recordar que, cuando aquel 15 de mayo tomamos la calle Alcalá desde Cibeles a Sol, aquella concentración tuvo lugar sin el apoyo, mención o exposición de ningún medio de comunicación y que todos los miles de personas que aquel día nos manifestamos, fuimos convocados de motu proprio por informaciones que habíamos visto en las redes (Facebook y Twitter principalmente). Es más, no solo no fueron capaces de prever la que se venía encima, sino que durante muchas semanas, muchos de ellos, estuvieron silenciando lo que estaba pasando en las plazas. Luego, cuando aquella primera manifestación convocada por DRY (Democracia Real Ya) y “Juventud sin futuro” se convirtió en el 15-M y comenzaron las propuestas que iban contra el régimen del 78, nos ningunearon, nos llamaron perroflautas (aunque algunos como yo, ya íbamos ligeros de pelo y jamás hayamos tenido perro), cerdos, vagos y un montón de insultos denigrantes más que fijarían en una imagen terrible la visión general de este movimiento en jóvenes con rastas, sucios y vagabundos que iban pidiendo por la calle con su flauta y su perro y no querían trabajar. Sin embargo, muchos de mis compañeros de lo que después acabó siendo la Asamblea del 15-M de Barajas, era gente pasada de los cuarenta, con trabajo y más años cotizados que la mayor parte de los que entonces y ahora se autodenominan españoles constitucionalistas.

Seguramente, si hiciéramos una encuesta, muchos de los que participamos en aquella manifestación del 15 de mayo de 2011, dirán que durmieron en Sol esa noche. Yo no. A pesar de haber marchado y llegado a Sol, me enteré de la acampada al día siguiente. Jamás dormí en Sol. La familia y el trabajo seguían siendo mi principal objetivo diario. Lo que no quiere decir que no estuviera de acuerdo con la necesidad perentoria de cambiar las cosas que reclamábamos durante todo el tiempo que duró el movimiento. Para los que mal informan (esos que entrevistan a Inés Arrimadas o a Errejón como parte fundamental del movimiento) y nos quieren explicar ahora como fue aquella movilización de masas, de la que entonces, primero no informaban, después descalificaban y por último denigraban y ninguneaban diciéndonos que si queríamos cambiar las cosas nos presentáramos a las elecciones, he de recordar que en aquel mayo de 2011, el presidente del Gobierno era José Luis González Zapatero, del PSOE, el hombre que a muchos nos ilusionó en el 2004 y que acabó siendo la segunda mayor decepción, para acabar, como siempre, en la correa de transmisión del Régimen del 78, recortando derechos, pensiones y servicios públicos. También he de recordar que no se admitían partidos políticos en aquellas manifestaciones y que cada cual iba en representación de sí mismo. Hasta las banderas estaban mal vistas. Y por último advertir que uno de los principales «gritos de guerra» de las concentraciones y manifestaciones era aquello de «PSOE, PP, la misma mierda es».

Aquel movimiento que reclamaba un cambio de Régimen que dejara atrás la corrupción generalizada, que pusiera a los jóvenes en la senda del futuro, que acabara con los abusos bancarios, con la estafa eléctrica, con los desahucios, que metiera en la cárcel a corruptos y que desembocara en un estado social real, con una democracia plena en la que se acabara con la Ley D’Hont, la circunscripción provincial y las listas cerradas, y los nombramientos de los jueces por los partidos políticos, fue el capitalizador del malestar general que venía acumulando la sociedad española desde los Gal, los fondos reservados y las reformas del estado llevadas a cabo por el odiador insufrible que nos acabó devolviendo a los últimos años del franquismo.

Pocas veces se vivieron en este país manifestaciones del calado de las “Marchas de la dignidad” (22 de marzo de 2014) que acabaron trayendo a Madrid un millón de personas de toda la geografía española, (1.500.000 según Wikipedia y 50.000 según la delegación del gobierno del PP que acabó rebajando a 36.000. Sólo mi columna, ocupaba toda la calle Alcalá, desde Menéndez Pelayo a Ventas y no pudimos entrar en Atocha porque no se cabía. Nos quedamos en Alfonso XII ocupando toda la calle desde la Puerta de Alcalá), reclamando la dación en pago, justicia social, futuro, trabajo digno y dignidad.

El 15-M trajo muchas cosas buenas. La principal, el miedo que metimos en el cuerpo de los corruptos y del R78. Otros, el interés de los jóvenes por la política, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), los nuevos movimientos vecinales asamblearios y hasta alcaldías, como las de Santiago, Madrid o Barcelona. Como he dicho antes, la prensa canalla del Régimen, primero nos ignoró, pensando que éramos cuatro exaltados, luego nos ninguneó, porque según ellos no representábamos a nadie, y por último cuando el colectivo tomó fuerza e hizo proposiciones de cambio, justas, pero contrarias a los privilegios del R78, esa misma prensa acabó odiándonos y haciendo lo posible por destruirnos. Ahora quieren contarnos que en realidad lo que hicimos fue jugar con la gente y con sus esperanzas (lo que significa que ellos lo están haciendo tan mal que temen esa realidad). Con la denigración y las mentiras de la prensa empezó el desguace del movimiento y la pérdida de apoyos de toda esa nueva generación de borregos que vive de las homilías diarias de las tertulias y noticiarios televisivos. Pasados diez años, estamos peor que en el 2011, sí. El temor al cambio de régimen, hizo que el PP dictara la ley Mordaza, de cuya aplicación ha salido un miedo generalizado a la manifestación y una mayor impunidad policial. El miedo a los efectos del 15-M nos ha dejado un poder judicial enconado en el franquismo, pasando de aplicar las leyes a dictaminar directamente lo que es o no legal, convirtiéndose en una tercera cámara con total impunidad y lo que es peor, como un organismo fuera de todo control del que muchos tenemos la impresión que actúa por afinidad política.

La conversión de algunos de los miembros del 15-M en un partido político, Podemos, ha hecho que la prensa haya sacado su peor perfil, convirtiendo a su líder, Pablo Iglesias en la persona más odiada de España y a la sociedad española en una enferma crónica de infantilismo.

El R78 se ha hecho fuerte. Los que fueron a Suresnes infiltrados, se han quitado la careta. Los bancos siguen siendo los mayores ejecutores del hijoputismo (cobros de comisiones, desahucios, bonus indignantes para sus directivos mientras pagamos sus deudas,…) el recibo eléctrico sigue siendo desorbitado, opaco y probablemente una estafa, el Banco de España sigue mirando hacia los poderosos y abogando por el hijoputismo, los políticos siguen siendo procesados por corrupción pero sin que apenas ninguno pague por ello, y el bipartidismo está de nuevo en escena.

Hoy, en España tenemos que volver a luchar por derechos que parecían inalienables. El machismo campa a sus anchas, la mujer sigue siendo denigrada y no solo desde el machismo social, sino desde las propias tribunas de los distintos parlamentos del estado. Tenemos que volver a recordar que las mujeres no son propiedad de nadie, y que no son objetos sexuales. Pero no sólo en la calle. Hoy vemos sentencias como que 84 puñaladas no es ensañamiento, o como que una violación en grupo sólo es agresión sexual.

Aquella reclamación de «pan, trabajo y libertad» ha quedado reducida a la felicidad de poder acudir al bar sin restricciones.

No aprovechamos la ocasión y el régimen no sólo no ha caído sino que se ha quitado el traje de camuflaje y la careta y hemos vuelto al franquismo después de Franco.

Salud, feminismo, república y más escuelas públicas y laicas.

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