Intento ponerme en la piel de una persona de fuera de Cataluña, ahora, en este sentido: si un servidor, por independentista que sea, está cansado, agotado, ante tanta “catalanidad” en los medios y la política, y ante un futuro que, previsiblemente, continuará igual (que a estas alturas ya significa peor) ¿cómo me sentiría si fuera de Segovia, de Jaén, Alicante o de Santander? Si, además, fuera una persona preocupada por la desigualdad reinante, por el futuro laboral y sus condiciones, por las no medidas ecológicas u otros tantos asuntos, ¿no estaría un poco hastiado de tanta catalanidad (es un decir) omnipresente? Incluso, les diré más: ¿no estaría enojado? Y, si fuera así, ¿hacia dónde debería dirigir este enojo?

Enfoquémoslo de otra manera: piensen en los tres o cuatro temas que más les preocupan, ya estén relacionados con el precio de la vivienda, el cambio climático o las pensiones. “Sus temas”. Ahora que se acerca el 10N y van a ir a votar, una pregunta: ¿saben realmente qué va a hacer cada uno de los partidos que pueden votar al respecto de sus temas? ¿Están seguros de qué van a hacer (o intentar) cada uno de ellos en caso de obtener el poder?

En mi opinión, el asunto catalán (que tanto insisten algunos que es “interno” a Cataluña) es la panacea para evitar tratar muchos otros temas. Les recuerdo la pregunta: ¿hacia quién deben trasladar su hastío o enojo? ¿Hacia los catalanes que reivindican una convicción política o a los políticos que pretenden gobernarnos? Imaginen esta campaña electoral con la sutil diferencia que Cataluña fuera independiente o la hubieran trasladado (en helicóptero, claro) a Pernambuco: ¿cómo se las apañarían los políticos para atraer su voto? ¿De qué hablarían? No soy pitonisa, pero me atrevo a aventurar que, en las próximas semanas, ni Cataluña va a ser independiente ni va a caber entera en Pernambuco (y tampoco va a desaparecer cierta reivindicación política por arte de magia).

15-M, 20-S, 1-O, 10-N… vivimos sobre los acontecimientos. Surfeando sobre ellos. Estas combinaciones de cifras y letras solamente significan picos en la cresta de las olas. Puntos concretos entre los que saltamos, de uno a otro, maravillados por el espectáculo que hace la espuma… mientras se disuelve en el aire. Opino que ello es debido, en gran parte, a un mal uso de la tecnología (por ejemplo: hacer política vía Twitter, no es hacer política). Le pueden añadir al cóctel unos medios supuestamente informativos cautivos del espectáculo y de un frenesí sujeto a las audiencias y a ciertos intereses ocultos (ocultos no en un sentido místico, sino, simplemente, que no están a la vista).

Creo que hay algo que une el problema catalán (aunque no debería llamarse así) con las preocupaciones de su propia lista: son “problemas de fondo”. Y los problemas de fondo no pueden tratarse surfeando por la superficie. La conclusión es casi risible por lo que tiene de evidente: los políticos no quieren tratar los problemas de fondo, porque para ellos, es de suponer, no son un problema (el problema es ganar las sucesivas elecciones). Es decir, el Sistema actual ha llegado a un punto de falta de alternativas, respecto al fondo, que los votos no se deciden en base a estos problemas, sino al estilo de cómo surfean estos políticos entre una ola y otra.

Comenté, hace unos artículos, que los partidos históricos saben cuándo deben detenerse, en cierto modo, desaparecer. Esperar sentados en la tabla de surf. Decía que eso era lo que estaban haciendo el PP y ERC: el PP, en el fondo, es más histórico que el PSOE, pues es ideológicamente una continuación del franquismo adaptada a los “procedimientos democráticos” de la Constitución del 78; y ERC, tiene más de 80 años de historia. Casado, el hípster acomodado y neoliberal, y su equipo, debieron percibir como el PSOE les haría la campaña intentando surfear en un mar revuelto (difícil no caerse), a sabiendas que el crecimiento de VOX no es un peligro: los votos de este partido, al final, siempre serán suyos. ERC, lo mismo: la rotunda inmovilidad del Estado ante la reivindicación catalana significa que, aquél que surfee, está predestinado a pasarse de largo y chocar contra el muro (es decir, se incumplirá cualquier promesa referente a la reivindicación). Ergo, wait and see. [Aunque los votantes catalanes están en un posible punto de inflexión, y eso crea un espacio para las sorpresas]. [Y, en cuanto al peso histórico del PSOE, más bien es un partido renacido al haber abandonado sus principios republicanos y federalistas].

Nosotros, los humildes votantes, tenemos un poder inmenso muy difícil de aplicar: creo que era un escrito de Saramago en que todos los individuos votaban en blanco, y eso hacía tambalearse al sistema. Pero no votamos en blanco. ¿Votamos en base al estilo de surfeo que nos muestran los medios, o en base a un programa? ¡Programa!

Los políticos, ¿son robots? Es más, ¿deberían ser robots? C3PO, R2D2, son robots y, como tales, actúan en función de sus programas. C3PO es un robot de protocolo (alto, dorado, forma humanizada), diplomático, conocedor de todas las lenguas y programado para escuchar, traducir, interceder entre los hombres (o seres azules o peludos) y aconsejar. Pero pídanle que tome una decisión rápida y conflictiva y entrará en un mar de dudas: no es su función según su programa. R2D2 es un robot técnico, con ruedecitas, que no necesita nuestro lenguaje salvo para comprender órdenes.

Con el lenguaje matemático tiene suficiente y está programado para analizar situaciones, resolver problemas, solucionar fallos. No importa mucho, en el fondo, si les gusta más uno que otro, lo relevante es que, si ambos fueran candidatos el 10N sería absurdo (o infantil) que ustedes se decidieran por cuál les cae más simpático, con qué estilo surfean. Lo indicado, suponemos, sería mirar su programa y, así, en función de sus propios temas, intereses o preocupaciones, ver cuál de ellos se adapta mejor a sus necesidades.

En Cataluña, por ejemplo, hemos visto muchas veces personas que decían votar a Ciudadanos porque Arrimadas era “muy guapa” (concepto que pasaré por alto) o que “hablaba muy bien” (concepto todavía peor). Se lo pueden tomar a guasa, o parecerles una sandez o exageración, pero no. Y cuando se fue para Madrid (previsora sí que lo es) colocaron a la Roldán, que, de lo que tenían a mano, es lo que más se le parece. No, no colocaron a Carrizosa. Es exactamente lo mismo que la foto estilo George Clooney de Pedro Sánchez sentado en su avión con gafas de Top Gun. Y lo mismo que llamar a Pablo Iglesias “el coletas”. Y también lo mismo que Ferreras poniendo en bucle cuatro contenedores ardiendo con banda sonora de terror focalizando el universo en 300 metros cuadrados de Barcelona mientras ignora una manifestación de tres días y centenares de quilómetros a pie convergiendo en más de 500 mil personas pacíficas. ¡Vivan las olas! ¡Qué chulas qué son! Y, si arden, más.

Claro que el PP, PSOE y Ciudadanos deben tener un programa. Pero también les interesa el humo de los contenedores en llamas. Lo que ocurre es que, salvo diferencias de “procedimiento”, y subrayo que no niego que son muy importantes y relevantes, el objetivo de fondo es el mismo: no cambiar nada; tal vez mejorar, para unos u otros, algunas cosas o aspectos. Ello explicaría que los problemas de fondo no se traten.

Lo de Cataluña, sería la excusa perfecta. ¿Quiero decir, con lo anterior, que Podemos sí que trataría estos problemas de fondo? Pues no tengo ni idea, y ustedes tampoco. Pueden creerlo o esperarlo, pero no saberlo: la intención de esos partidos es que Podemos no acceda jamás al poder y, así, que no pueda saberse si tal alternativa es realizable, incluso efectiva. Y también, me temo, evitar que Podemos acceda a resortes desde donde se vea claramente si hay un “programa oculto”: un programa simplemente mercantil, alejado totalmente de las necesidades individuales de los ciudadanos. Ajeno e insensible a la sociedad humana y focalizado en intereses económicos y financieros.

Todo lo anterior, creo, es una de las razones por las que conviene que la reivindicación catalana no se trate en profundidad. Naturalmente, hay más razones, como una concepción arcaica y rígida de la Nación España (sic), o la afectación de una independencia catalana en las posturas económicas actuales del Estado, incluso la legitimidad de la monarquía y el abandono (no reconocido directamente) del federalismo por parte del PSOE y el PSC. Todo ello, nos llevaría a pensar en un eterno prolongarse de este conflicto político. Aunque, opino, hay dos factores decisorios imprevisibles. Por un lado, que la sociedad española empezara a plantearse si el referéndum deja de ser un “ataque a la democracia” o un “golpe”, para ser una solución viable que puede tratarse de muchas maneras y que, tan solo por tenerse en cuenta, esa cortina de humo empezaría a disolverse. Pero un servidor lo duda bastante (si soy más sincero les diré que lo veo imposible). Por otro lado, hay otro imponderable.

Aunque no debería hablar de “sensaciones”, creo que hay la sensación, en Cataluña, que el modo de reivindicación va a ir cambiando. Que eso de las movilizaciones masivas y pacíficas, totalmente ignoradas tanto por el Estado como sus medios y la sociedad española, va a ir menguando. Y no por falta de compromiso (¡cómo cuentan ahora el número de asistentes en el Madrid que antes ignoraba un millón o más de manifestantes!), no por falta de compromiso, decía, y creer esto sería un error, sino por un cambio de programa: pasar de C3PO a R2D2. Del diálogo hasta cierto punto cándido y con un intento de diplomacia, hacia lo técnico y efectivo.

Y no me refiero a la violencia, sino a actos más imaginativos ante los cuales no se pueda dar la espalda tan fácilmente. Mientras tanto, claro, los medios y los políticos continuarán surfeando mientras los problemas de fondo van gestando la gran ola del Tsunami. Que sea solo catalán o vaya más allá, depende de los votantes españoles. Pero los catalanes, dudo que se estén con los brazos cruzados. La sociedad española debería empezar a comprender que no se trata de un globo o un soufflé que pueda deshincharse, y preguntarse si está dispuesta a convivir con ello y todo lo que acarrea u opta por, de una vez por todas, tratar el problema de fondo. Porque sus políticos van a hacer todo lo posible por evitarlo.

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Estudiante durante 4 años de arte y diseño en la escuela Eina de Barcelona. De 1992 a 1997 reside seis meses al año en Estambul, el primero publicando artículos en el semanario El Poble Andorrà, y los siguientes trabajando en turismo. Título de grado superior de Comercialización Turística, ha viajado por más de 50 países. Una novela publicada en el año 2000: La Lluna sobre el Mekong (Columna). Actualmente co-propietario de Speakerteam, agencia de viajes y conferenciantes para empresas. Mantiene dos blogs: uno de artículos políticos sobre el procés https://unaoportunidad2017.blogspot.com y otro de poesía https://malditospolimeros.blogspot.com."

1 Comentario

  1. La sociedad española va a lo suyo, no hay empatía ni voto ideológico, el votante defiende su status quo, su paguita, su nómina a fin de mes, por eso hay más de diez millones de personas que votan PPSOE llueva o truene, porque son funcionarios o pensionistas

    El día que la UE quiebre, el PPSOE desaparecerá como pasó en Grecia, y tendrán que buscarse nuevas siglas

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