No recuerdo el momento ni la manera en que me encontré dentro del CDR. Fue un paso lleno de convencimiento y determinación. Mi caso es el de alguien bastante encarrilado en los engranajes del sistema aunque capaz de ver sus incongruencias. Llega un momento que respiras que te encuentras en un tiempo al que debes responder sin dudar. Debes entregarte aunque la vida en la que te encontrabas se resienta. Es la vida que deviene de la que te has de ocupar.

Cataluña propone una oportunidad que me convence. Asoman unas expectativas que sabes irrenunciables.

A partir de aquí descubres personas, dinámicas, necesidades, sentimientos, ámbitos… Por otro lado descubres a lo que estan dispuestos tantos y tantos agentes e ideologías. Aparecen aspectos muy agradables y otros inhumanos, viles.

Todo conduce a una conclusión: Cataluña merece plenitud y, a su vez, debe comprometerse con un mundo digno.

En cualquier caso, formar parte convenientemente de un CDR exige generosidad, confianza y disposición, respetando las capacidades y seguridades de los demás.

 

Vicenç Mateu

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