Ojiplática, alucinada, perpleja…de esa guisa me quedé hace nada cuando en un acto en el que compartía mesa con Carmen Posadas, la escuché decir ante lo más granado del mundo empresarial (para más inri) dos perlas que aún resuenan en mi cabeza y me reafirman en que el camino de la igualdad más que al andar, se construye tropezando. Y es que si, el hombre (y las mujeres) tropezamos no una, sino tantas veces como nos empeñemos, en la misma piedra.

La primera sorpresa venía a colación de la racionalización de los horarios como la batalla pendiente de la sociedad, y más en especial de la mujer. “La gran perjudicada de los horarios que tenemos es la mujer”, decía. Hasta ahí todo bien. Posadas hablaba del techo de cristal bajo el que caminamos, día sí y día también, de cómo estudiamos con un ahínco especial frente al hombre para llegar a la universidad o de cómo se valoran nuestras capacidades en el mundo laboral.

La escritora también comentaba que las mujeres somos “enfermas del sentido de la culpa” y nos pasamos el día flagelándonos y pensando que estamos cometiendo el peor de los pecados. “La frase que más nos repetimos a lo largo del día es el tengo que, tengo que, tengo que…ser la mejor madre, esposa, amiga… Algo incompatible con los horarios que manejamos”, recalcaba. Y justo ahí el primer pasmo estaba a puntito de llegar. “Cuando el reloj biológico hace tic, tac, las prioridades cambian y no queremos ser presidentas de ninguna empresa, solo queremos tener niños. A las feministas no les gusta este dato, pero es la pura verdad”, sentenció. ¿A las feministas? ¿Qué hay de las mujeres que no quieren ser madres? ¿O de las que quieren serlo sin anular sus otros yoes, el de mujer y profesional? ¿O de las que no sienten que en la vida se tenga que elegir y se pueda tener – con cierta dificultad, eso si- el disfrute de ambas pasiones? Tierra trágame, pensé.

Aún no recuperada de tal afirmación llegó otra que me dejó boquiabiertamente pasmada, por decirlo elegante. “La lucha por la racionalización de los horarios es una lucha femenina. No feminista. Yo no soy feminista. En todo caso si soy algo es post-feminista. No creo en esta cosa de las mujeres contra los hombres, o de que nosotras somos superguays y ustedes unos machistas etc…pero sí creo que debemos hacer bandera de esta causa porque nos va mucho en ello”, concluyó.

Si una mujer como ella, cuya vida y verso son las letras, no sabe lo que es el feminismo (con lo fácil que es irse al diccionario y leer la definición http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=feminismo) ni que querer los mismos derechos que los hombres excluya ser femenina http://dle.rae.es/?id=HjghBNR o presumida, dígase como se quiera ¿cómo vamos a avanzar en una conquista social justa en la que a muchas se les va literalmente la vida porque el monstruo del machismo las mata?

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Es periodista feminista, autora de Hombres por la Igualdad (Ed LoQueNoExiste), editora, organizadora de eventos feministas y responsable de Comunicación y RR.PP. de Juan Merodio. Además es Máster en Producción Radiofónica (RNE), Biblioteconomía y Documentación (Universidad Complutense) así como Mujer y Liderazgo (Escuela Aliter). Fue becaria “Erasmus” y “Leonardo” en Roma. En la actualidad colabora con Diario 16, Público, El Español, 20 minutos y AgoraNews, entre otros medios. También es formadora en periodismo con perspectiva de género y ha sido galardonada con el “Premio de Diario 16” por la labor profesional y personal en la defensa de la igualdad (2018), el de “Embajadora de honor de yocambioelmundo.org” (2018) y el de “Candidata a las Top 100 Mujeres Líderes en España” (2018) en la especialidad de medios de comunicación.

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