Sheila Blanco. Foto: Óscar Peña González.

Otra vez es lunes y llueve. Otra vez pienso: Estará vacío, y no habrá ni un alma, así que tengo que ir. Pero no es que tenga que ir. ¡Es que me apetece casi viciosamente!

Lo de Mestre hace dos semanas fue más que genial; inspirador, como ya dije desde este pequeño púlpito literario.

A Sheila Blanco, mi ignorancia gracias a Dios sigue siendo infinita, no la conozco, no la he leído, no sé como es su cara, pero si la ha elegido Scarpa…

Así que me pongo las pilas justo cuando ya es imposible llegar a tiempo y corro por la ciudad, corro por el metro, corro por la calle Preciados y veo al vagabundo que fuma cigarrillos de marca cara y tiene un móvil de última generación, y cuando llego al edificio del Corte Inglés en Callao ya están a la mitad los del Festival Kerouac, y es muy divertido, sí, pero aún no es Sheila Blanco.

Sheila Blanco es la bomba, es una maravilla, es poesía… ya es poesía en El Corte Inglés, es un espectáculo que hipnotiza y arrebata el corazón. Es genial. Genial también su idea de homenajear y descubrir para el mundo a las poetas de la generación del 27.

¿Cómo es posible que un espectáculo tan excelente sea gratis? No es extraño que no haya ni una sola silla libre. Sí señoras y sí señores, ni una sola silla sillita sillotas libre. Me apalanco en una esquina del escenario con el pretexto de que hago fotos. Hago fotos a todo el mundo: algún día tendré que enseñarlas, también al fotógrafo oficial del evento: Óscar Peña González (me provoca lo de fotografiar a los fotógrafos).

Sheila Blanco es poeta, pero también es pianista y compositora. Tiene una voz capaz de conmover a las piedras, se atreve a interpretar un tema sólo con su voz y dándose golpes en el pecho. Es arrolladora, fabulosa.

Cuando llegue, sólo un pelín tarde esta vez, vi una chica vestida de negro, delgada y pequeña, me llamó la atención pero no me imaginaba que era ella, que se iba a convertir en una gigante y que todo el negro, como en su canción o poema de Los pájaros negros, se haría luz y color en cuanto se subiese al escenario. Las fotos no podían reflejarlo, pero todos cuanto estuvimos allí vivimos una orgía feérica de color, creación y altísimo nivel de espectáculo.

 

(mecanografía: Lolita FM)

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