Y Rajoy decide renovarse a sí mismo

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No se puede decir otra cosa ya a estas alturas que Mariano Rajoy es imperturbablemente fiel a su estilo político: menear la coctelera lo mínimo no sea que cambiando demasiado los ingredientes el producto sea absolutamente novedoso y desconcertante. Rajoy y la novedad son dos conceptos antitéticos.

La gran paradoja es que en un tiempo como el actual, nuevo y lleno de posibilidades, se ha colocado al frente la persona más reacia al cambio. Dice esto bastante poco de la fuerza creativa de “los novedosos” y mucho de la inteligencia estratégica del resistente, en este caso Mariano Rajoy.

Si algo se puede decir del recién renovado presidente del gobierno es que es una persona conservadora hasta decir basta, y no tanto desde el punto de vista ideológico, que seguramente las ideologías como tales le importan bastante poco a un hombre netamente de gestión y despacho, sino desde el punto de vista del talante, de la actitud ante la vida.

Algunos cambios en el nuevo gabinete, pero ninguno en la línea de dar un nuevo tono a un gobierno cuyo presidente reconocía en el debate de investidura que nos encontramos en un nuevo tiempo político. Algunos ejemplos significativos: ¿Dónde está Pablo Casado, que sonaba con insistencia como posible ministro? La sociedad está cambiando, la política refleja ese cambio con modos y maneras distintos a lo que era habitual hace solamente tres, cuatro o cinco años. Rajoy se adapta lo justo y apuesta por el continuismo dejando en el banquillo lo más nuevo de su partido.

Entre los jóvenes pero experimentados, Soraya Sáenz de Santamaría dejará de ser la voz del gobierno pero mantiene e incluso aumenta su poder como vicepresidenta. Lo cierto es que sin su trabajo es imposible comprender lo que ha hecho Rajoy en los últimos años. Es también la que mejor pronuncia el catalán desde fuera de Cataluña, y eso se me antoja fundamental en los próximos meses.

María Dolores Cospedal encaja perfectamente en el ministerio de Defensa. Luce galones ese despacho, y mientras conserve la secretaría general del partido, el poder que acumula puede hacer un cierto contrapeso a la vicepresidenta. Será Cospedal el otro punto fuerte de un Ejecutivo hecho para aguantar y culminar más que para emprender. Hecho también (en clave focos de poder en Moncloa-Génova) para quedar medianamente bien en varios frentes sin hacer sangre en ninguno. Ya vendrán otros con las catarsis necesarias. Así es Mariano Rajoy.

Sin embargo, en la calle hay bullicio y el gobierno necesitaría más novedades para entroncar con ese sonido. Necesita además sensibilidad para hacerse cargo de lo que está pasando con una generación que ya vive peor que la de sus predecesores que no se puede sentir a gusto en el discurso de “trabaja aunque sea sin cobrar que algo es algo”. Un drama del que todavía no somos del todo conscientes y que va a marcar el resultado de las todas las citas electorales del futuro.

La baza de Mariano Rajoy en esta que es su segunda legislatura hubiera sido colocarse como un eslabón de enlace entre el viejo y el nuevo tiempo político, aunque para ello es necesario hacerse eco con más intensidad de lo que está ocurriendo en la calle a nivel de cambio generacional, pero él ha decidido renovarse a sí mismo en busca de culminar una carrera política larga donde en todo momento ha manejado con absoluta maestría el “quien resiste gana”.

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