Las luces rojas en el PSOE llevan encendidas hace tiempo. Pero conforme avanza la campaña y se conocen los sondeos orientativos, hasta los fluorescentes parpadean, señal para muchos socialistas que el terremoto está llegando. La noche del lunes al martes fue tremenda. Ardían los grupos de wasapp del PSOE en toda España. También los de los otros partidos, pero menos.

El debate a cuatro, por llamarle tal y como se le ha denominado oficial y pomposamente, fue una pantomima de debate. Encorsetado, diseñado por políticos que no por periodistas, estos último se dedicaron a ejercer de guardias de tráfico. No es eso, no es eso.

Habrá que seguir soñando con el día que los profesionales de la información sean los que decidan cómo, cuántos y con qué preguntas comparecen ante la opinión pública cuatro señores que quieren ser presidentes del Gobierno. Habrá que confiar que para entonces también haya mujeres con aspiraciones a ser presidentas de España. Y que en los debates electorales no se hable de violencia machista porque se haya acabado con la lacra; hipótesis bastante imposible al ver como en un debate de dos horas se le dedican solo 22 segundos a abordar el drama y soluciones contra la violencia de género.

El debate organizado por la Academia de TV benefició claramente –no es que lo ganara– al presidente en funciones y candidato del PP. Se había hecho de rogar tanto, durante tantos años, que sus adversarios tragaron con las propuestas del PP con tal de que, por fin, el plasma se convirtiera en carne. Para ello apostaron por un modelo tipo parlamentario, intervenciones medidas, regladas y sin la viveza que se espera a la hora de discutir los grandes asuntos de España. Y los académicos de la TV tragaron porque de haber impuesto normas profesionales y de interés general no hubiese habido espectáculo.

Rajoy, con casi todas sus plumas

Rajoy, por tanto, salió como llegó, entero, con casi todas sus plumas de gran jefe de la tribu. Algunas las perdió cuando Albert Rivera  le sacó el hacha de la corrupción, acusándole de haber trincado dinero sucio de la caja del tesorero del PP Luis Bárcenas. Los españoles que seguían el encuentro de los cuatro candidatos pudieron confirmar cómo Mariano Rajoy tartamudea cada vez que se le pregunta algo relacionado con la corrupción en su partido. Sacar a relucir a Chaves y Griñán, imputados por los ERE, no fue una salida muy afortunada. Entre otras cosas porque los dos expresidentes de la Junta y del PSOE dimitieron asumiendo responsabilidades políticas, algo que el propio Rajoy no ha hecho siquiera cuando despidió a su ministro José Manuel Soria, le acabó recordando Pedro Sánchez, al tiempo que alejaba sus manos del fuego por los dos expresidentes federales del partido.

Iglesias estuvo en su papel de esta campaña, moderado, socialdemócrata y alejado del Pablo Iglesias de las barricadas, pero sobre todo lanzando mensajes postelectorales. Pedro, te equivocas, no soy tu enemigo, le repetía continuamente por lo bajini pero perfectamente audible. Será, sin duda, el corte del debate que más se utilice a partir del 27 de junio.

Albert Rivera, el mejor comunicador de todos, ganó enteros al ir sin corbata, como Iglesias, y dejar constancia sin decirlo que, en caso de que sus votos sean necesarios para apoyar un gobierno liderado por el PP, Mariano Rajoy no es la persona para presidirlo. Le invitó a que reflexione sobre los hombres que se consideran imprescindibles. “Yo no le he pedido que dimita, señor Rajoy, solo le he pedido que reflexione usted”.

Los latigazos que en materia de corrupción le asestó a Rajoy fueron lo más llamativo de un debate plano, largo, con bloques de publicidad de 10 minutos  y, encima, aburrido.

Sánchez se “equivoca” de enemigo

Pedro Sánchez no fue capaz de aportar nada nuevo que no hubiese dicho antes en su debate de investidura frustrada o en las muchísimas declaraciones que ha protagonizado en estos meses.

Su obsesión contra Iglesias fue, sin duda, la parte más reiterativa de su discurso que, en muchos momentos resultó jartible, que dirían en Cádiz. Recordar permanentemente que por culpa de Podemos sigue Rajoy y que por eso estamos en una repetición de elecciones, fue la muletilla permanente de Sánchez. De todos los intervinientes, Sánchez fue posiblemente el que menos ganó en el espectáculo televisivos electoral.

Lo captaron muy bien los militantes socialistas, sorprendidos muchos al comprobar como desde el PSOE se atacaba al flanco de la izquierda, dejando al PP irse de rositas. Para muchos electores de izquierda eso sonaba a futura gran coalición en pleno verano y sin Rajoy.

Las posibles o necesarias combinaciones que demoscópicamente se aventuran tras el 26-J son machaconas  porque repetimos escenario político, se mantiene el equilibrio existente. Un gobierno de cambio PSOE-UP parece inviable, sobre todo si Pablo Iglesias obtiene más votos que Pedro Sánchez. Si ello ocurre ese será el verdadero sorpasso del 26-J. La suma PP-C’s no parece que tampoco resuelva el futuro, lo mismo que ocurrió el 20-D.

Visto lo visto y a tenor de que todos dicen garantizar que no volveremos por tercera vez a las urnas parece que, esta vez, sí habrá pacto, lo que no sabemos es cuál de los dos es más destructivo para el PSOE.

Un PSOE dividido y tensionado

Un partido que, para colmo, concurre a las elecciones dividido y tensionado, entre otros por la persona que, dicen, aspira a liderar el partido en cuanto se descalabre Sánchez el 26-J. Susana Díaz ha mantenido durante meses, sin desmentirlo tajantemente, la constante amenaza de asaltar Ferraz, dejando en una gran debilidad al secretario general y candidato socialista.

Una lideresa a la que se le nota el sarpullido que le produce oír hablar de Podemos. Que gobierna Andalucía gracias a Albert Rivera y que quiere olvidar en estos momentos que Sánchez fue una apuesta personal suya, obligando a la federación andaluza a votar en primarias como una piña contra Eduardo Madina. Luego, como suele ocurrir, Sánchez no se dejó controlar, entre otras cosas porque Susana Díaz no puso controladores en Ferraz de primer nivel y que fuesen capaces de controlarlo. Años antes, Susana Díaz,  hizo lo propio a favor de Carme Chacón frente a Rubalcaba en las primarias que le dieron la victoria a este último por una decena escasa de votos. (Gracias, por cierto, a la muy activa intervención de Gaspar Zarrías y José Antonio Viera en los pasillos del congreso socialista celebrado en el entonces Hotel Principe de Asturias de Sevilla).

Un veterano socialista, de los de primera época junto a ‘Isidoro’, dice no sorprenderse de lo que esta pasando. “Estamos en un tiempo de cambio de ciclo. El gran error que mi partido cometió fue no ser capaz de analizar el mensaje de fondo que emanaban de las plazas el 15-M. Pero es solo eso, la sociedad ha cambiado y quiere cambios. Nosotros no hemos sabido o querido ponernos al día, abrirnos como partido a la calle, de la misma forma que hicimos en los ochenta y acabamos llevando a Felipe González a La Moncloa”.

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