A estas alturas ningún atlético debe albergar duda alguna respecto al traslado de los trastos a La Peineta en agosto de 2017. Es un hecho que salvo sorpresa de última hora el nuevo estadio, ya se llame finalmente Wanda, Telefónica o cualquier otra marca que pague lo suficiente, será el escenario del Atleti a partir de la temporada 2017-18.

Cuesta llamarlo casa. El Manzanares, el Estadio Vicente Calderón, lo levantó la afición atlética y fue de su propiedad hasta 1992. Es fácil sentirlo como tu casa, máxime si has nacido y crecido en él con todos los recuerdos y vivencias que ello conlleva. Con el nefando advenimiento del gilismo todo cambió y el Templo ha llegado a ser propiedad de los más variopintos personajes ajenos totalmente al Club. Ya lo expliqué en su día. Y de aquellos barros estos lodos.

Pero volvamos al presente y escudriñemos los motivos por los cuales la afición rojiblanca se encuentra ante esta encrucijada. La entelequia del Madrid olímpico fue el caldo de cultivo para que entre Gallardón, Gil Marín y Cerezo se urdiera un plan que debería haberse finiquitado desde el mismo momento en que se cotejó que Madrid nunca sería olímpica o, al menos, en los años venideros y por mucho tiempo. Porque se podía haber hecho cuando las obras no estaban comenzadas, dejando las cosas como están.

Sin embargo, el consistorio del PP prosiguió con el proyecto para inmediatamente abandonarlo y dejarlo a su suerte. Gil Marín hizo lo mismo. Desde el 2008 en que se firma el Convenio patrimonial entre el Ayuntamiento y el Club las obras se iniciaron tarde y mal y se han estado ejecutando incluso sin licencia por obra y gracia de la administración municipal pepera. Y respecto de las infraestructuras ni se movió una piedra. Y el convenio estipulaba unos plazos. Era fácil adivinar que si antes de acabar el 2106 había de recalificarse el suelo para poder venderlo al Atlético de Madrid, que tiene de plazo para decidir comprarlo –como así será- hasta abril de 2017, lo lógico es que ya quisiera ocupar el estadio, como fecha tope, en la temporada 2017-18.

 En cualquier caso, el Atleti podría haber inaugurado el estadio mucho antes. Mejor dicho, debería haberlo inaugurado en la 2015-16, eso sí, en régimen de concesión adquiriéndolo después. Hubiera dado igual porque las infraestructuras que ni siquiera se han empezado ahora tampoco lo hubieran hecho hace dos años, obviamente. Pero este dato es transcendente. Me explico.

Cuando Ahora Madrid llega al gobierno municipal, se encuentra con una patata caliente de considerables dimensiones y difícil encaje pero no tuvo los redaños de poner fin a la situación. Y ello a pesar de que todas las voces desde el Consistorio clamaban por el disparate que se avecinaba. Pero nadie reparó o quiso hacerlo en la estipulación 5 del Convenio patrimonial que obligaba a ejecutar el estadio en el plazo de tres años desde la firma del acta de replanteo. Como quiera que el acta de replanteo se firmó el 21 de octubre de 2011, salvo que se haya -acordado una prórroga para la total ejecución de las obras, lo cual ni consta ni se ha hecho público, es evidente que el Club habría incumplido la estipulación 10 a) del Convenio –ejecución en plazo- y habría incurrido en una infracción por falta muy grave, recogida en la estipulación 18 a), 1, que podría implicar la extinción de la concesión de conformidad con lo previsto en la estipulación 20, 2 a).

En consecuencia con lo expuesto, entresacado del propio texto del Convenio, es evidente que el estadio debería haber quedado ejecutado antes del 24 de octubre de 2014 y como no se hizo así, el Ayuntamiento podría haber extinguido la concesión por un incumplimiento imputable al Club. El coste de extinción de la concesión hubiera sido indemnizar al Club por las obras realizadas hasta la fecha, nunca más de 36 millones de euros, pues ese era el coste estimado de ejecución cuando Slim decidió paralizar la obra y resolver el contrato suscrito con Gil Marín, que como conocen permutaba las plusvalías urbanísticas del suelo del Calderón por el coste total de ejecución del nuevo estadio. Dicha resolución, ha supuesto un resultado negativo para el Club de 25.5 millones de euros, según recogen las cuentas anuales, pero ya dedicaremos un artículo para examinar, en mi humilde opinión, la negligencia supina de Gil Marín y sus asesores a la hora de afrontar dicha resolución.

Resultaría una boutade pensar que el gobierno municipal del PP iba a provocar la extinción de la concesión, habiendo sido promotor del convenio y máximo coadyuvante del caos generado. Y las razones de que Ahora Madrid no lo haya hecho pueden radicar en la bisoñez en el gobierno y el miedo a la hora de encarar la medida. Y ciertamente en la responsabilidad que entraña la misma, pues hubiera implicado indemnizar al Atleti en una suma con la que no se cuenta ni por asomo. Cierto es que el Ayuntamiento se encuentra en una situación financiera muy complicada, no cabe negarlo, pero no se trata solo de sujetar las cartas que tienes en tu mano, hay que saber jugarlas. Y que a agosto de 2017 no se iban a haber desplegado las medidas necesarias para paliar los problemas de seguridad y movilidad de la zona era de todos conocido.

La situación es de auténtico caos con un estadio que se inaugura en poco más de 9 meses y con los accesos, transportes y demás infraestructuras de movilidad aún por iniciar, si no por definir. En estas circunstancias lo aconsejable es diferir la apertura del estadio pero Gil Marín esgrime compromisos comerciales ineludibles que implicarían penalizaciones económicas para el Club. Y más allá de ese incumplimiento esencial de no ejecutar la obra en plazo, lo cierto es que para esa fecha todo lo que corre por cuenta del Atlético de Madrid estará ejecutado, luego no cabría denegar la licencia de funcionamiento del estadio por no darse una serie de circunstancias cuya solución no compete al Club, sino a la propia administración a tres bandas –Ayuntamiento, Comunidad y Fomento-.

la inauguración del nuevo estadio del Atlético de Madrid en agosto de 2017 será una de las medidas más antisociales que se adopten en Madrid en años

Lo que si cabe asegurar es que la inauguración del nuevo estadio del Atlético de Madrid en agosto de 2017 será una de las medidas más antisociales que se adopten en Madrid en años, perjudicando gravemente a un populoso vecindario y a una afición que arrastra miles de hinchas a su estadio, al mismo tiempo. Y esa medida se ve avocado a adoptarla un Ayuntamiento que al menos sí ha mostrado interés en solventar el problema, un ayuntamiento que escucha a la ciudadanía, que propone soluciones y que dista mucho de ser ese PP hermético y tirano, aunque, es obvio que no es ningún consuelo, ni resulta de recibo escuchar al Concejal delegado de Urbanismo y Desarrollo Sostenible que los primeros años habrá problemas de movilidad en la Peineta.

Insisto, no se puede obligar a una afición a soportar un éxodo caótico y frustrante que además encara entre mentiras y falta de transparencia por parte de los dueños del Club y bajo su ordeno y mando, los cuales hacen y deshacen a su antojo y comodidad sin contar con los portadores del sentimiento atlético y los que verdaderamente sujetan la entidad: los aficionados.

Los vecinos de San Blas, Las Musas, Las Rosas, Amposta, Rejas, Colonia Fin de Semana…todos ellos levantados en armas desde siempre por las carencias que sufre el distrito, padecerán las molestias igualmente, pero a la larga la llegada del Atleti les va a transformar sus barrios para mucho mejor, pues gran parte de sus reivindicaciones se van a ver satisfechas si finalmente se desarrolla todo lo planeado. Que habrá que verlo.

Lo que nadie acaba de entender es la lacra que supone tantos años perdidos, de dejadez y molicie administrativa y de negligencia e incuria de los regidores del Club, cuyas nefastas consecuencias habrán de soportar y padecer los aficionados del Atleti. ¿Y a nosotros, quién nos indemniza?.

es la propia desidia de la administración, principalmente del Ayuntamiento que es quien mantiene el problema de sacar el proyecto adelante en su ciudad

En conclusión, es la propia desidia de la administración, principalmente del Ayuntamiento que es quien mantiene el problema de sacar el proyecto adelante en su ciudad, la que va a propiciar que en agosto de 2017, tanto vecinos como aficionados pasen un calvario durante al menos 30 días al año y por varios años. Cierto es que quien genera esta vorágine es el PP y Ahora Madrid lo hereda con una capacidad de reacción muy limitada en el tiempo. Pero todos se han dormido en los laureles, pues no resulta de recibo que durante años no se hayan ejecutado unas infraestructuras que podrían haber corrido en paralelo a la edificación del estadio. Quizá todo se circunscriba a un problema financiero. Es posible que nada se haya hecho por falta de dinero, pues la inversión se antoja millonaria. Y nadie es capaz de asegurar que ese problema se haya resuelto en el momento actual.

2 Comentarios

    • El término está bien usado. En el contesto jurídico se refiere, tal y como especifica la RAE a “atraer a sí la resolución de un asunto o causa cuya decisión correspondería a un órgano inferior.” Y es lo que expresa el autor. Un saludo.

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