Vuelve el coco de la política, el que todo lo fue en España y en su partido, y lo hace entre vítores de Pablo Casado y su equipo. La nueva cúpula del PP que aspira a volver a Gobierno de este país, algo que sienten les corresponde por derecho de pernada, hacia ayer la ola a su ex jefe de filas sin complejos ni disimulos. Aznar entró con aire triunfante y salió de la comisión del Congreso que investiga la corrupción del PP “divertido”, según reconocía él mismo.

Mientras el ex presidente faltaba al respeto a la Comisión que investiga la corrupción del partido que ha dirigido 20 años, y a sus señorías, el PP de Pablo Casado le hacía la ola a la prepotencia, el mal gusto y al más puro estilo chulesco.

Mientras Aznar se comía al PSOE a través de la pusilánime presencia de su portavoz en esta Comisión, Rafael Simancas, Gabriel Rufíán, de Esquerra Repubicana, lograba ponerle en tensión, hasta que llegó el momento de “la puntilla” que por fin le dio Pablo Iglesias.

Rufíán lograba ponerle en tensión, hasta que llegó el momento de “la puntilla” que por fin le dio Pablo Iglesias

Pero el ex presidente no fue a esa Comisión a responder a las preguntas de los diferentes grupos políticos, fue para llamar corrupto al PSOE, acusar de tratar de romper España a Esquerra y de ser un peligro para la Democracia y la Libertad al líder de Podemos.

A diestro y siniestro dio José María Aznar, mientras se daba autobombo, despreciaba a Rufián por llevar sólo dos años en el Congreso -frente a sus dos décadas de experiencia en la Cámara Baja- , y llama golpistas a los líderes independentistas.

Pero lo más duro, y lo fue y mucho, no es ver al Aznar chulesco y prepotente, sino cómo le jaleaba la gente de Casado, tras el abrazo inicial del actual líder del PP con el que considera su maestro.

Todos en alerta, vuelve el pasado y puede que para quedarse.

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