Vivo dentro de otro cuerpo. Vivo la vida de otro.
No me pertenece. Ni la quiero ni deseo. Pero la vivo.
No sé ni cuándo ni cómo llegué aquí dentro. Aunque no hace mucho tiempo, deduzco.

El dueño de mi cuerpo es del sur de Italia. De un pueblito perdido donde los niños nacen mamando calostro y camorra. Donde el aire perfuma de albahaca y de sangre.

Le escucho mientras piensa. Mientras se habla a sí mismo. Él no sabe que le espío, ni que velo mientras duerme. No sospecha que le vigilo. Ni que conozco sus planes, sus miedos, sus amarguras y sus vicios.
No sabe que existo y que vivo en sus entrañas.

El dueño de mi cuerpo es joven. Tez de aceituna y pelo perfecto. Viste siempre impecable. Abrigo largo (demasiado, le hace más bajito), camisa inmaculada, corbata de seda y zapatos brillantes.

Él ni se imagina que yo sé que detrás de su maniacal escaparate se esconde su niñez de pan con aceite y pobreza en fascículos.
Siempre quiso enterrar aquellos recuerdos de paredes de cal y cucarachas parlantes. Siempre soñó con vestir como los galanes americanos de las pelis en blanco y negro.

Y ahora lo hace.

Y la gente le escucha. Le aplauden. Y él se repite en sus adentros que está a un paso de lograrlo. De convertirse en un gigante. Alguien tan grande que su cuerpo ya no quepa por las calles estrechas de aquel pueblito perdido.
Por eso imagino que ahora vivo en su cuerpo.

Sueña con llevarnos a un palacio (si va él, voy yo a la fuerza obviamente).
“El “Palacio”. Así lo llama él en los pensamientos que le robo…
Allí, en el “Palacio”, culminaría el sueño que tiene desde niño, cuando compartía libro y macarrones con su hermana de ojos cándidos y risa dormida.
Cuando ya soñaba con ser el gigante que vive en el “Palacio”. Cuando soñaba con saludar a la muchedumbre enloquecida desde el balcón de banderas tricolores y mentiras de mármol.

Yo le susurro. Le persuado. Incluso le manipulo. A veces le confundo. Desato mis palabras entre las suyas. Libero mis bajezas y le hago creer que son suyas. Y le pongo nervioso.
Él no se percata que en realidad soy yo el fruto de su confusión. Él cree que sus ideales de patria y carbonara podrán con mis argucias.

Pero se equivoca. Porque yo soy incansable y le lleno los sesos de lujos antiguos y excesos modernos. De vicio y dinero.
Y al final, como siempre, sepultaré su ridículo idealismo de calles estrechas de cal y tomate.

Siempre termino ganando.
A fin de cuentas, algún motivo habrá para que me haya tocado en suerte este cuerpo. Ahora que caigo… Ni siquiera me había presentado.
Encantada, me llamo Codicia.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?
Compartir
Artículo anteriorLos límites del humor y la discapacidad
Artículo siguienteKingsley Amis, todo un señor ‘sir’ que desternilla y causa acidez
Licenciado en Ciencias de la Información. Diploma en Publicidad y Marketing. Su experiencia profesional inicia muy pronto en 1988 como locutor de 40 Principales Jerez de la Frontera y más tarde en Canal Sur Radio Cádiz. A estas emisoras se sumarán varias más durante su paso por la Universidad. Da sus primeros pasos en la televisión en 1997 como presentador de los informativos de Onda Jerez Tv, cuyo trabajo recibe el premio al Mejor Espacio informativo local del año en 1998. Más adelante ha formado parte como redactor, reportero, guionista, redactor jefe o coordinador de producción para programas de televisión de todo tipo de contenidos en España (Tve, Telecinco, Antena 3, laSexta, Eitb) e Italia (Rai Uno, Rai Due y La7). Actualmente produce espacios políticos para la televisión italiana La7 (Roma). Escribe habitualmente en su blog literario Elbestiariohumano.wordpress.com Habla español, italiano, inglés, y tiene buenas nociones de francés, euskera y catalán. La experiencia en Italia es fundamental en su carrera: A parte su experiencia en canales italianos ha sido profesor de Lengua Española en colegios públicos de Roma y alrededores. También ha sido el adaptador a la lengua española de las letras de los cantantes italianos Al Bano Carrisi y Biagio Antonacci. Es soltero y padre de un hijo de diez años que vive también en Roma.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

17 − siete =