Los gobiernos de Felipe González. Felipismo contra guerrismo

En octubre de 1982 el PSOE ganó las elecciones generales con el lema «Por el cambio». Fue el inicio de una transformación radical del país, una transformación que partió de la implementación de las reformas necesarias para implantar en España un Estado del Bienestar similar al de los países occidentales, medidas como la universalización de la sanidad o la educación o el sistema de pensiones públicas, por poner algunos ejemplos. Por otro lado, en este primer gobierno socialista se consumó la entrada de España en la Unión Europea, entonces Comunidad Económica Europea, hecho que ayudó al desarrollo económico y social del país. También se realizaron las reformas necesarias para modernizar la industria y el modelo laboral de nuestro país, lo que obligó a afrontar reconversiones industriales que fueron causa de grandes manifestaciones como, por ejemplo, la de Sagunto.

El viraje del PSOE no fue entendido por las bases y por una parte de la dirigencia del partido

En esta primera legislatura se produjo un hecho que volvió a generar división en el socialismo español: el referéndum de la OTAN. El viraje del PSOE no fue entendido por las bases y por una parte de la dirigencia del partido, incluso costó alguna dimisión en el gobierno. A pesar de que se pusieron tres condiciones entre las que se encontraba la no entrada de España en la estructura militar de la OTAN, muchos militantes no entendieron un cambio de postura tan radical. Felipe González cedió a las presiones de Estados Unidos y de ciertos países europeos que llegaron incluso a insinuar que la reciente entrada de España en la CEE podía estar en peligro si no se permanecía en la OTAN.

Este primer gobierno fue, quizá, el inicio de la caída del PSOE porque, a medida que se iban ganando las siguientes elecciones, la acción de gobierno fue abandonando las medidas socialistas para, en primer lugar, intentar implantar un modelo similar al socialdemócrata europeo y, posteriormente, girando hacia posiciones más cercanas al liberalismo económico.

En esos años de gobierno se volvió a producir una nueva división entre los dos principales líderes del partido, una división nuevamente provocada por la batalla ideológica. Por un lado estaban los felipistas que eran partidarios de buscar políticas socialdemócratas cada vez más centristas. Por el otro se encontraban los guerristas que estaban totalmente en contra de la búsqueda del centro político para defender las políticas de izquierdas. Esta división se mantuvo incluso después de que tanto Alfonso Guerra como Felipe González desaparecieran de la primera línea política.

El apoyo electoral se resentía en la misma proporción en que el PSOE iba abandonando el socialismo

El apoyo electoral se resentía en la misma proporción en que el PSOE iba abandonando el socialismo y se intentaba adoptar un modelo que no se puede aplicar en España. Este abandono de las bases ideológicas coincidió con el ascenso de la coalición comunista Izquierda Unida, sobre todo con el liderazgo de Julio Anguita, un joven profesor pero con una base ideológica más próxima a los años 20 que a finales del siglo XX. El escoramiento del PSOE hacia posiciones socialdemócratas y, en muchas ocasiones, liberales, provocó que millones de antiguos votantes socialistas se sintieran traicionados. En España la socialdemocracia suele ser entendida como un modo de hacer política más próxima a la derecha que al progresismo.

 

El PSOE post-González. Bases contra dirigencia

Si a todo lo anterior le sumamos los casos de corrupción o la guerra sucia contra ETA, el aumento de la actividad terrorista y una oposición salvaje y miserable por parte del nuevo Partido Popular liderado por el pequeño caudillo José María Aznar, lo normal era que hubiera un cambio de gobierno en 1996. A pesar de que el PP no obtuvo mayoría absoluta, los socialistas no supieron hacer una oposición fuerte como sí hicieron en 1979. Tampoco supieron ver que el plan económico implementado por los conservadores era, en realidad un business plan a largo plazo para aplicar su programa económico liberal con el objetivo de dinamitar el Estado del Bienestar. En este momento se produjo un nuevo caso de división entre las bases y la dirigencia. Tras la dimisión de Felipe González fue elegido como secretario general Joaquín Almunia. Dos años después fueron los militantes los que eligieron al candidato para las elecciones generales de 2000. Este proceso lo ganó Josep Borrell. Se produjo entonces una lucha de liderazgo entre Almunia y Borrell que finalizó con la dimisión de éste. El PSOE desaprovechó una gran ocasión de reestructurarse internamente al tener a un secretario general dedicado casi en exclusiva al partido y a un candidato con exclusividad para dedicarse a intentar recuperar la ilusión de los españoles en el proyecto socialista. Finalmente, Almunia fue el candidato a la Moncloa y perdió. Eso sí, tuvo la decencia de dimitir tras su fracaso electoral.

el plan económico implementado por los conservadores era, en realidad un business plan a largo plazo para aplicar su programa económico liberal con el objetivo de dinamitar el Estado del Bienestar

La legislatura no pintaba nada bien para el PSOE. El PP tenía mayoría absoluta en las Cortes, una situación económica de prosperidad y una tasa de paro en claro descenso. Parecía que las políticas implementadas por los conservadores daban resultados. Existía una sensación de extrema bonanza. Tras la dimisión de Almunia el PSOE eligió un nuevo secretario general. Se presentaron tres candidatos: José Bono, José Luis Rodríguez Zapatero y Rosa Díez. Todo parecía indicar que sería Bono el elegido pero los delegados se decantaron por Zapatero. A partir de ese momento el vallisoletano empezó una oposición que parecía blanda en el Parlamento –incluso se le llamó Bambi— pero acompañada de una gran actividad en la calle, sobre todo tras la nefasta gestión del gobierno de Aznar del hundimiento del Prestige y en las protestas contra la entrada de España en la invasión de Iraq promovida por el Presidente de los Estados Unidos George W. Bush y el Primer Ministro británico Toni Blair. Zapatero consiguió una relativa unidad de acción de cara a las generales de 2004. Esa estrategia de hacer oposición desde la calle provocó que el PSOE fuera recuperando poco a poco terreno aunque no con opciones de recuperar el gobierno. Sin embargo, el 11M lo cambió todo. La manipulación informativa del Ejecutivo de Aznar del atentado yihadista provocó un vuelco electoral. Zapatero ganó las elecciones.

 

Los gobiernos de Rodríguez Zapatero. La socialdemocracia demuestra su inoperancia frente a la crisis y su alejamiento de la ciudadanía

En su primera legislatura aplicó una serie de medidas de impacto, sobre todo en el ámbito social: la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo, la Ley de Dependencia, la Ley contra la Violencia de Género, la derogación de la Ley de Extranjería de Aznar o la reforma de la Ley del Aborto. También buscó reformar el sistema territorial del Estado para adaptarla a la nueva realidad del país. La prosperidad económica continuaba, lo que permitía un aumento de los salarios, las pensiones y una situación de prácticamente pleno empleo. Sin embargo, tras la victoria en 2008 la bonanza económica se fue diluyendo y estalló la crisis económica más salvaje de la historia. La explosión de la burbuja inmobiliaria trajo consigo que el sector sobre el que se había asentado el crecimiento económico se derrumbara y, por tanto, aumentara la tasa de paro, el sistema financiero se cayera y las esperanzas de la ciudadanía se convirtieran en un el recuerdo de un sueño maravilloso. El gobierno de Zapatero tomó demasiadas decisiones erróneas en materia laboral y económica que tuvieron su consecuencia en el plano político: negación de la crisis, aceptación de las medidas impuestas por Bruselas, reforma laboral de 2010 o la reforma del artículo 135 de la Constitución fueron algunas de ellas.

El gobierno de Zapatero tomó demasiadas decisiones erróneas en materia laboral y económica que tuvieron su consecuencia en el plano político

La inoperancia del gobierno ante esta situación provocó que el pueblo se «rebelara» y llenara las plazas de España. Nacía el movimiento 15M y el PSOE volvió a cometer un error gravísimo: obvió lo que era un movimiento popular, un movimiento formado por quien debía ser su prioridad, por el ciudadano de a pie. Tal y como escribió un analista y militante socialista en aquellos días: «esas plazas están llenas de gente normal, de personas que son de los nuestros y a los que hay que escuchar y defender». Casi al mismo tiempo se celebraron elecciones municipales y autonómicas donde el PSOE se derrumbó y fueron el preludio de la gran debacle de noviembre de 2011 que aupó al PP al gobierno con una mayoría absoluta que le iba a permitir continuar aplicando el plan de negocio pergeñado en 1996 y que había sido interrumpido en la derrota de 2004.

 

El desastre de 2.011, la oposición/masaje de Rubalcaba. Las bases piden más voz

Ante la imposibilidad de hacer una labor de oposición efectiva en el Congreso, Alfredo Pérez Rubalcaba se decidió por una línea de oposición de muy baja intensidad, como tirando la toalla ante el rodillo conservador, una estrategia opositora que él denominó de «leal». Mientras Rajoy imponía una dictadura parlamentaria y gobernaba a golpe de Decreto-Ley, hurtando el debate en las Cortes y aplicando recortes al Estado del Bienestar que rozaban la lesa humanidad, el PSOE se dedicaba a hacer «oposición leal». No se dieron cuenta de que la oposición con una mayoría absoluta había que hacerla en la calle, volver a acercarse a la gente, liderar en el asfalto la respuesta del pueblo ante políticas neoliberales de Rajoy, ante el desmantelamiento del Estado del Bienestar, ante la priorización del rescate al sistema financiero al rescate de las víctimas de la crisis. Se hizo exactamente lo contrario que hizo Zapatero en el «NO a la Guerra» o con el Prestige. Esta «oposición leal» fue vista por la ciudadanía como una especie de complicidad. Los ciudadanos le daban la espalda al proyecto socialista, hecho que se certificó en las elecciones europeas de 2014. Por otro lado, había aparecido una nueva fuerza política de izquierda que se presentaba como el representante del espíritu del 15M que le restó muchos votos porque su discurso estaba centrado en las bases del activismo social.

Esta «oposición leal» fue vista por la ciudadanía como una especie de complicidad

 

Pedro Sánchez secretario general. División entre Ferraz y la dirigencia, autoritarismo, culto a la personalidad y el escudo humano de las bases

Ante la presión orgánica y de las bases Rubalcaba dimitió y convocó el proceso de primarias de las que salió elegido como secretario general Pedro Sánchez, un hombre nuevo, con escasa experiencia política y con mucho ego. Los primeros meses fueron muy esperanzadores. El nuevo secretario general parecía haberse dado cuenta de que se debía acercar el partido a la gente. Eso se tradujo en una recuperación en los sondeos de intención de voto. Sin embargo, en 2015, se comenzó a imponer un régimen personalista y autoritario donde se intervinieron federaciones y agrupaciones, donde se impusieron candidatos y listas en contra de la voluntad de la militancia. El defensor, el paladín de las bases no tenía en cuenta su voz cuando lo decidido no se adecuaba a sus intereses personales. Con una estrategia de propaganda propia de cualquier dictadura hizo que la militancia socialista se creyera que sólo Pedro Sánchez era el defensor de los militantes para, de este modo, enfrentar a las bases a los dirigentes con mucho mayor peso y carisma político que él. El «respeto» de Sánchez y César Luena hacia los militantes se tradujo en purgas sistemáticas de militantes y pequeños dirigentes críticos. Se pretendía que sólo fuera válida la voluntad del Secretario General. Ese personalismo hizo que la campaña electoral del 20D se planteara como un publirreportaje de Sánchez olvidándose de presentar un programa electoral muy potente desde el punto de vista social y reformista. Por eso hizo el ridículo en los debates televisados ante el resto de candidatos. Sin embargo, su egocentrismo se convirtió en desvergüenza al afirmar que los 90 escaños logrados, los peores de la historia, habían sido históricos.

El defensor, el paladín de las bases no tenía en cuenta su voz cuando lo decidido no se adecuaba a sus intereses personales

Poco a poco la división entre los dirigentes y Ferraz se fue agrandando y Sánchez contraatacó lanzando a través de sus pretorianos el mensaje de que los dirigentes no querían saber nada de los militantes y que sólo pretendían asaltar el poder. También se llegó a afirmar que esos dirigentes no querían que él gobernara. Los militantes le creyeron y cerraron filas en torno suyo, lo que aumentó la distancia entre los llamados «barones» y la militancia. Por otro lado, Sánchez intentó formar gobierno. Como es un político muy limitado nombró una comisión negociadora incapaz de cerrar un acuerdo con Podemos e Izquierda Unida, lo que provocó que hubiera que cerrar deprisa y corriendo un pacto de investidura con la derecha. Sánchez pactó con quien dijo que no iba a pactar y, además, tuvo la poca decencia de presentar ese acuerdo para que fuera ratificado por los militantes, una consulta que encerraba un desafío a los órganos del partido. No fue investido y, en vez de recular e intentar un pacto con la izquierda, mantuvo el acuerdo con Ciudadanos. Lo que realmente encerraba esta terquedad era su intención de que los procedimientos internos no se activaran y él permaneciera en la secretaría general hasta después de las nuevas elecciones. El 26J volvió a superarse a sí mismo: 85 escaños. Con la configuración de las Cortes el PSOE quedaba en una situación muy difícil y, a la vez, ocupando un lugar de privilegio ya que la gobernabilidad pasaba inevitablemente por el Partido Socialista. En vez de tener una actitud inteligente y plantear negociaciones con el Partido Popular donde plantear una abstención con unas condiciones basadas en el programa electoral del PSOE, se cerró en banda con el «NO es NO». Realmente no había otra intención que seguir dilatando la convocatoria del Congreso Ordinario. Sin embargo, los fracasos estrepitosos en las elecciones gallegas y vascas indujeron a que Sánchez se lanzara al ataque con la clara intención blindarse en su puesto. En primer lugar, planteó una estrategia basada en la convocatoria del Congreso Ordinario que llevaba aplazando siete meses y de unas primarias diseñadas a la carta para que él fuera elegido con un calendario que sólo le dejaba unos pocos días para intentar formar gobierno. En segundo lugar, pactar con Podemos y los independentistas catalanes y vascos, además del PNV, su investidura. En tercer lugar, intentar poner a la militancia en contra de los dirigentes acusándoles de ser de derechas. La reacción fue fulminante por parte de los críticos, una reacción que llegaba tarde ya que debió producirse tras el desastre de junio. La división ya era insalvable. Incluso se llegó a hablar de una escisión del partido. En el Comité Federal del 1 de octubre Sánchez dimitió tras perder la votación de la ruta que él planteó. Del partido se hizo cargo una Comisión Gestora que cambió el «NO es NO» por la abstención para permitir que se iniciara un gobierno y poder gobernar desde la oposición.

los fracasos estrepitosos en las elecciones gallegas y vascas indujeron a que Sánchez se lanzara al ataque con la clara intención blindarse en su puesto

A partir de ese Comité Federal el PSOE estuvo dirigido por una Gestora que ha desaprovechado una oportunidad de reformar el partido o de iniciar los procedimientos internos para refundar el partido y adecuarse a lo que los españoles esperan del Partido Socialista. Sin embargo, la Gestora ha ido alargando los plazos. Muchos militantes creen que se ha hecho para buscar el mejor momento para favorecer los intereses de Susana Díaz pero en este tiempo la separación entre el sector «susanista» y el resto de las bases se ha agrandado de tal manera que es más que probable que en las primarias convocadas para el mes de mayo Pedro Sánchez vuelva a ganar por más que se haya postulado Patxi López, una candidatura que ha sido interpretada como una operación del «aparato» para frenar a Sánchez. A todo esto hay que sumar la abstención en la investidura de Mariano Rajoy, una abstención a cambio de nada que no fue entendida por gran parte de los militantes. Nuevamente, el PSOE ha perdido una oportunidad de volver a congraciarse con los millones de españoles a los que defraudó.

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