Todo parecía cantando antes de la clasificación en el Gran Premio de Bélgica 2018, circuito de Francorchamps con su mítica curva Eau Rouge. Todo parecía cantado porque las bestias rojas de Raikonnen y Vettel habían dominado las tres jornadas de entrenamientos libres.

Pero Bélgica tiene un clima asqueroso (eso debe pensar Sebastian Vettel) o maravilloso (ese, supongo, es el juicio de Hamilton). Y debido a ese clima asqueroso o maravilloso, cuando menos se espera: llueve.

Ah, como habríamos disfrutado con Fernando Alonso y Carlos Sainz si hubiesen aguantado hasta la última manga, hasta que las lágrimas del cielo empaparon los más de sierte kilómetros de negro asfalto. No fue el caso. Tanto Alonso como Sainz quedaron descalificados en la primera ronda de las clasificaciones. Y era inevitable no sentir nostalgia, casi tristeza, al ver a Alonso ante los micros mirando atrás: “dos veces campeón del mundo, un chaval de Oviedo” y no hacia adelante, aceptando los ocho grandes premios que aún le quedan por disputar como una larga despedida, sin posibilidades de gloria; duro trámite. Aunque el año que viene sucediese que ganara Indianápolis y las IndyCar Series, lo de ahora seguiría siendo un duro trámite.

Fernando Alonso, cuando el “adiós” sueña con ser “hasta luego”

Es lamentable no poder verle luchando contra Vettel y Hamilton, contra Ricciardo y Verstappen. Y quizá sea lo peor de la Fórmula1 actual, que aunque el alma sea la de un titán si la bestia con ruedas es una enana, no hay prácticamente ninguna posibilidad de victoria: tres años sin subir a los cajones del éxito, el gran Fernando Alonso.

Pero estuvo guapa la cuali. El vueltón que consiguió marcarse Hamilton con la pista mojada, y ya secándose, y como a Vettel se le quedó cara de “Aymamasitacomomedueleelestómago”. Y tan contento como Lewis Hamilton, y quizá incluso más, estaba Esteban Ocon, que no sabe en qué coche va a correr la próxima carrera, si es que encuentra plaza en alguno, pero mientras tanto consiguió acabar tercero en la clasificación, por primera vez en su vida, y hacerse ver por propios y extraños en el momento en que más lo ha necesitado nunca de su carrera velocística.

Mañana todo es posible en Francorchamps. Y más aún si la lluvia vuelve a hacer acto de presencia. Dicen los oráculos que este año el mundial debe ser para Sebastian Vettel, y probablemente tengan razón, pero Hamilton no se lo va a poner fácil; ni nosotros tampoco. Este año vamos con Hamilton incondicionalmente. A ver qué pasa.

 

Otro burbon, por favor.

Tigre tigre.

 

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