Espectacular el sábado 16 de septiembre de 2017 el piloto Sebastian Vettel, consiguiendo quedar el primero en la clasificación para la carrera que se celebrará mañana, día 17.

Estaba tan nervioso que parecía se hubiese tomado algo; parecía que estuviese dopado. ¿Les hacen los mismos controles a los pilotos de F1 que a los ciclistas?

Al borde de las lágrimas, en el pantano de la alegría y el histerismo. Sebastian Vettel no podía creerse lo que había conseguido. Mi aplauso absoluto, pero Vettel no era dueño de sí mismo.

Esa falta de autocontrol que demostró cuando golpeó a Hamilton por frenarle en el Gran Premio de Austria. La misma incontinencia que se permite cuando insulta a los pilotos que no le dejan pasar, o al mismísimo Charlie Whiting.

Pero esta vez el mundo entero la ha visto -la locura, la histeria- en vivo y en directo. Sin casco. Los ojos desorbitados, la lengua soltando vivas y mueras y conejos y culebras… sólo faltaba que se le cayese la baba para parecer un poseído cuando ha denunciado que los Red Bull les habían copiado el aletín.

Y aún con todo lo anterior: magnífico Sebastian Vettel, jugándoselo todo, rozando incluso los muros. Ese histerismo, esa pasión, fue capaz de canalizarla en las dos vueltas excelentes que le valieron la pole position en Singapur 2017.

Pero mañana, mañana domingo, la carrera va a ganarla Red Bull. Más probablemente Daniel Ricciardo que Max Verstappen, pero en cualquier caso uno de los dos. No hace falta ninguna bola de cristal, aunque por supuesto también la tenemos, para creer que sucederá así. Mañana, repito, ganará un Red Bull en Marina Bay esta décima edición del Gran Premio de Singapur: está clarísimo.

Otro burbon, por favor.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

uno × 5 =