Según el INE, a través de su Encuesta de Condiciones de Vida, el 22,3 % de los hogares españoles es pobre. Según indica este organismo oficial, 4,1 millones de hogares de nuestro país pasan el año con ingresos inferiores a 8.209 euros cuando son unipersonales y con un máximo de 17.200 cuando conviven dos adultos y dos niños, que son considerados los umbrales de la pobreza.

Por su parte, la asociación de Directores y Gerentes de servicios sociales de España va más allá y ha publicado recientemente un estudio donde se señala que la renta media nuestro país se ha reducido un 13 % desde el año 2009. Según dicho estudio 8.000.000 de trabajadores de nuestro país, repito, ocho millones, están por debajo del umbral de la pobreza, y 700.000 hogares en España no tienen ningún ingreso. Dicho estudio viene a coincidir con uno también reciente de Fedea, que no son precisamente considerados “rojos peligrosos” ni “venezolamos antisistema”, que afirma que 4,2 millones de españoles están en riesgo extremo de pobreza por el paro o la precariedad laboral; de ellos un 36,6 % eran parados de larga duración y un 25,5 % se encontraba en situación de precariedad laboral. El grupo más numeroso y más vulnerable se sitúa en la franja de 45 a 54 años de edad.

Además, el estudio de la asociación de Directores de servicios sociales indica que más de un millón de españoles padecen hambre o están mal alimentados. Algo que contrasta, según dicho trabajo, con el 1 % de la población con mayor patrimonio de nuestro país, que acaparó en el 2016 el 27 % de la riqueza total de España. Las causas de esta situación globlal, para el estudio, radican en tres factores: en primer lugar la desregulación del mercado laboral, algo que ha llevado a que más de seis millones de conciudadanos cobren menos del salario mínimo. A ello hay que añadir la fiscalidad débil y regresiva por un lado y el desmontaje de las políticas sociales que se ha producido.

Podríamos seguir dando cifras, podríamos hablar por ejemplo de los más de dos millones de personas que según el INE sufren pobreza energética. O de las siete mil, sí, 7.000, personas que mueren, según diversos estudios, cada año como consecuencia de la misma. Pero las cifras, como las estadísticas, son muy frías. Y es que detrás de las mismas, y conviene recordarlo una y otra vez, se ocultan personas, se ocultan nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestra familia, tal vez nosotros mismos. Así es Juan quien lleva parado más de tres años. O Josep quién no puede afrontar la factura de la luz y pasa frío. O María quien ve con pavor cómo no puede alimentar como ella quisiera a sus hijos. O Empar quien ha tenido que dejar la universidad porque no puede afrontar los gastos. Y tanta, tanta gente. Y es que más que las cifras de la vergüenza tal vez haya que hablar de nuestra vergüenza como país; vergüenza marca España.

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