-Estáis verdes- le dijo la zorra a las uvas.

Eso lo sabemos todos, y aceptamos alegremente que la zorra pueda hablar y que las uvas escuchen sus palabras.

Y ya que las uvas tienen oídos para escuchar lo que dice la zorra sin duda también tendrán algún modo de ver como la supuesta perdedora de esta historia se va alejando del parral. Ahora bien, ¿la perspicacia de las uvas alcanza para descubrir el gesto astuto y ladino de la zorra , quien en realidad le ha dicho a las uvas:

Bah, estáis verdes,

porque en realidad, bah, están verdes, y eso le proporciona tiempo de sobra para fabricarse con ramas, palos y restos de muebles arrojados a la basura, una atalaya. Atalaya que consigue terminar al cabo de días y días de esfuerzo y trabajo en el momento exacto en el que las uvas alcanzan su más dulce madurez.

Y así la zorra, la paciente -y siempre más astuta que cualquier uva- zorra se come las tan deseadas uvas, ahora exquisitas: perfectamente maduras, y hasta se deja algunas en el parral porque, como buena zorra, sabe que el empacharse es casi tan malo como el ayunar.

 

(Este artilato, mucho más relato que artículo, es también el cuento-capítulo número 378 de EL AÑO DEL CAZADOR, obra de Javier Puebla que sólo se puede adquirir previo acuerdo personal con el autor. No se vende en librerías ni en ningún tipo de establecimiento público; tampoco a través de internet. La obra original, la única que puede conseguirse, consta exclusivamente de 365 cuento-capítulos, pues de eso se trataba, de escribir un relato al día durante todos los que conforman un año. Sin embargo el autor no pudo detenerse, liberarse de su obligación y costumbre, hasta meses después. De ese período es la breve obra que figura más arriba. Las correcciones sobre el original han sido mecanografiadas por Ángel Arteaga Balaguer).

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