Antes, cuando estudiábamos la EGB, recuerdo que teníamos los mapas políticos, los mapas físicos, incluso los mapas mudos: ahora tenemos los mapas mediáticos. Es como si la Geografía se uniera a la maldita posverdad. Ya nada es lo que parece. Las distancias, acortadas por las nuevas tecnologías, se malean, se hacen contradictorias. En cierto modo, a pesar de la llamada globalización, ocurre que el mundo se reduce. Para Trump solo existe EE.UU., el resto es un conjunto de peligrosos estados potencialmente terroristas. Para Rajoy toda Sudamérica es Venezuela. No existe Guatemala, Paraguay, Bolivia,… Es lógico que los jóvenes, entre los recortes horarios a los contenidos de dicha asignatura y las referencias de nuestro amado Telediario, hayan perdido el Norte, el Sur, además de la cartera.

No hay que ser muy listo para pensar que la intensidad de esa maldita Geografía es directamente proporcional al propósito de influir en determinados postulados. Ese periódico que antes leíamos, y que me van a permitir que no cite, tiene un día si y otro también, a la oposición al gobierno de Venezuela en la portada; un gobierno que nos guste o no, ha sido elegido democráticamente por los venezolanos. El mundo está lleno de países con Jefes de Estado que no han sido elegidos por sus ciudadanos (y no señalo). Que conste, que como la música militar, el socialismo “bolivariano” nunca me supo despertar. El coctel de Simón Bolívar y Carlos Marx me parece tan extravagante como los chándales de los chavistas. Pero la cuestión no es si quiera Venezuela, Maduro, Capriles, es la forma en que la prensa, cual ariete del sistema, se dedica a machacarnos con la idea de un Gobierno y de unos dirigentes endemoniados, tanto, que hasta el ex presidente Zapatero ha reaccionado a esa vergonzosa imagen que se transmite y que cala.

Se proyecta el retrato de unos manifestantes violentados con gases lacrimógenos por la fuerzas de seguridad venezolanas, ¡hay que ver estos policías! Como si aquí le tiraran a la gente caramelos y globos, como en la cabalgata de los Reyes Magos. Por otra parte, cualquiera que haya viajado (noble forma de abrir las mentes) habrá sufrido en carnes propias que la seguridad personal en países como Venezuela, Colombia, o incluso en determinados barrios de EE.UU., es la que es, no la ha inventado Maduro. Por supuesto que una violencia no justifica la otra.

Pero en esta extraña cosmografía del sistema, hay una cadena muy simple: Pablo Iglesias es el líder de Podemos, Pablo Iglesias tuvo relaciones con el gobierno de Chaves, los chavistas son violentos, asesinos y se comen a los niños crudos, luego Podemos si gobierna convertirá a España en Venezuela y esto será como dice José Mota “el Acabose”. Así de sencilla es la ecuación. La frecuencia en la repetición de la cadena implica una mayor penetración de la idea en el imaginario del votante o potencialmente simpatizante de la fuerza política que se quiere eliminar a toda PRISA. Venezuela en la sopa, es fácil, tan fácil como la Sopa de Ganso que hicieron famosa los otros Marx, Groucho, Harpo, Chico y Zeppo. Para colmo de los desatinos, después de no se cuántas decisiones judiciales que exculpaban a los líderes de Podemos de sus amistades peligrosas, ahora va a ser que desde la trama del PP de Madrid si que había conexiones con funcionarios sobornados del régimen chavista de Venezuela para lograr contratos públicos a su favor ¡qué cosas! Termino, y que conste que no he hablado de Venezuela, …ni de sopas.

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1 Comentario

  1. pinilla pa estar huerfano en la izquierda hay que ser mu rarito, poque padres adoptivos pa escoger y regalar tienes.
    El pecado de la izquierda es esa, tener tantas opciones y partidos como gentes de izquierdas haya.
    yo ahora mismo tengo de padre adoptivo a podemos, veremos mañana si no tengo que irme otra vez al orfanato

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