Mientras se elude definir los alineamientos en materia de legislación laboral, derecho a la libertad de expresión, protección a los consumidores, la educación pública, la sanidad universal, el cuidado a los dependientes, y mientras la Justicia está dividida entre conservadores y progresistas; dado ese escenario… nos ocupamos de Venezuela.

A la mayoría de medios de comunicación les preocupa la situación de los presos por pensamiento en aquellas latitudes, pero poco o nada que sigan en prisión a quienes se les aplica la legislación que en esta legislatura se ha diseñado para reprimir la discrepancia en España. Se lleva a prisión a titiriteros, se penaliza a los afectados por preferentes, a los manifestantes pacíficos y a todos aquellos que expresen su disconformidad por el deterioro de la situación general. Inequitativo rigor si se lo compara con la galería de imputados que están y han estado en situación de destruir pruebas o de llevar el dinero de la corrupción a paraísos fiscales. Es necesario, tal vez, hablar de Venezuela para distraernos de la carta de compromiso de nuevos recortes que el señor Rajoy envió a la UE, por la que nos aplicará sin la menor compasión a la mayoría de españoles, otro descenso a los infiernos.

Para entender el propósito de lo publicado debemos remitirnos al nivel en el que se organizan y definen los mensajes a publicar en cada uno de los Mass Media. En la actualidad es frecuente advertir que en los medios de comunicación se tratan una serie de temas de modo vinculado con su línea editorial, o con los intereses de sus accionistas. Así, es común hablar, por parte de públicos cada vez más informados,  sobre la manipulación de la información. Algunos se dejan llevar por la pasión o la convicción. Otros por el deseo de llegar a la comprensión de la realidad que suele reflejar u ocultar la Opinión Publicada. Claro está que muchos otros afirmarán que este sesgo de lo publicado es un mito. En cualquier caso, los medios dependen intereses políticos y económicos concretos.

Pero lo cierto, es que la Agenda Setting es una teoría que se ocupa de estos temas, aunque de igual manera se dice, por parte de los que la utilizan, que no sirve de mucho, sin embargo marca las pautas informativas en los Medios de Comunicación Social. Esto ocurre ya sea que estos estén influenciados o no por ciertos intereses que provocan la turbulencia de credibilidad a la que actualmente someten públicos cada vez más críticos a los medios de comunicación. La decadencia de las cabeceras más influyentes de la Transición, además del cambio de paradigma tecnológico, es una evidencia.

La Agenda Setting postuló que los medios de comunicación de masas tienen una gran influencia sobre el público al determinar cuáles historias poseen interés informativo y cuánto espacio e importancia se les da. El punto central de esta teoría es la capacidad de los medios para graduar la importancia de la información que se va a difundir, dándole un orden de prioridad para obtener mayor audiencia, mayor impacto y una determinada conciencia sobre la noticia. Del mismo modo, deciden qué temas excluir de la agenda. Espero que llegados a este punto se vaya comprendiendo mejor la curiosa coincidencia de los temas publicados. Venezuela, por ejemplo.

Técnicamente, entonces, por Agenda Setting se puede traducir a la “fijación de la agenda” o “establecimiento de la agenda”. Si la mayoría de medios están en zona de pérdidas y ajuste de plantillas de periodistas, es obvio que se produzcan injerencias que atenten contra la realidad que debería ser publicada. Que harán los partidos políticos que se presentan el 26J, en relación a que él 28.6% de los españoles este en riesgo de pobreza y exclusión, por ejemplo.

Con estos conceptos básicos, podemos inferir que la Agenda Setting, no es más que como su mismo nombre lo indica una lista en la cual se establecen las prioridades informativas de algún medio de comunicación, en base a diversos criterios. Que pueden no tener nada que ver con el interés general.

Como dijo el maestro José Luis Sampedro: “La opinión pública está influida por los medios de comunicación y los medios están en manos de quienes mandan y los que mandan favorecen a los que dicen lo que a ellos les conviene y borran todo lo que no les conviene. Así que la opinión pública es, sobre todo, opinión mediática”.

Tengamos eso en cuenta cuando valoremos el sentido de nuestro voto.

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