Recuerdo que allá por noviembre de dos mil trece parecía que, al hilo de una conferencia política, en el Partido Socialista se abría un tiempo de reflexión para afrontar la durísima realidad de una sociedad castigada hasta el extremo por una crisis que andaban y andan gestionándola ‘los mismos’ que la generaron. Ya nos temíamos la rémora de un ‘aparato’ que no estaba dispuesto a ceder poder a cambio de una adaptación a las demandas de la ciudadanía, querían que no pareciera un baile de máscaras en el que solo cambiaban las caras. Con la perspectiva de dos años y medio el papel mojado de aquellos días se hizo programas electorales y en ellos siempre quedaron dobleces para lo social y lo debido en un sistema que mira a las claras al dinero a costa de la sangre y el sufrimiento de un pueblo.

En estas se fue organizando paralelamente la sociedad civil en el germen de aquel ilusionante 15M. Retaron a quienes dejaron en la calle, sin trabajo, sin esperanza,… a organizarse para participar ‘ordenadamente’ en la vida política de este país, de este mundo, y a ‘fe’ que lo hicieron. Nacieron organizaciones desde las ‘Mareas’, desde lo ‘Común’ –que no desde el comunismo-, desde el ‘Compromiso’ con la ciudadanía y dijeron bien alto “’Podemos’ estar para participar en los gobiernos y para gobernar de otra manera más social y menos ‘liberal’”.

Es curioso lo de las vendas en los ojos, ni Izquierda Unida, ni el Partido Socialista Obrero Español, calcularon su dejación de funciones en su andadura por los gobiernos democráticos. Alcanzar los hitos que se consiguieron en los últimos cinco lustros del siglo pasado, no quería decir más que a partir de entonces había que mantenerlos. Tanto que se habla de la sostenibilidad, parece que nadie en el fragor del éxito pensaba que lo mismo que se construye una cabaña o un palacio ambos pueden ser destruidos. El último ejemplo lo tenemos en Palmira como metáfora perfecta de que el tiempo vuelve cíclicamente a cobijar la barbarie del hombre en la lucha de hacerse humano.

Ahora, después de más de cien días de las elecciones generales donde ninguna fuerza política perdió a pesar de irrumpir el movimiento social con 69 escaños en el Congreso de los Diputados, ahora que la derecha de abolengo de este país se sienta a esperar acontecimientos mientras en funciones arreglan sus cuentas, siguen machacando al pueblo y preparan su resistencia en el poder, de donde nunca en el fondo se han ido. Ahora la culpa es de otros y por ello, ellos los más votados por el pueblo, para vergüenza del mismo, andan en la taciturna espera, de la que son maestros por los siglos de los siglos, para recoger en las urnas los infalibles despojos de una lucha irracional que otros libran planteando cuestiones que de nuevo se adivinan fugaces. El Capital es el Capital y eso no se ha cuestionado más allá de los programas políticos, ni siquiera en la dinámica de negociación que se ha planteado más allá de la frontera del ‘Gran Diván’ de ese inmóvil partido.

Ya dije en aquel noviembre de 2013 que “Es un buen momento, tras más de treinta años, en los que no somos inocentes de lo bueno y lo malo que se ha gestado en ellos, para pararse por un momento y analizar el camino recorrido y si los principios están intactos… Ante esta oportunidad, creo que muchos hemos aprovechado para pararnos a pensar un poco en lo que éramos, en los que hemos construido y, sobre, en lo que nos hemos ido convirtiendo y, especialmente, en qué rumbos hemos ido navegando y por qué.”

También decía que era necesario “pensar que de los vientos de un posibilismo, sobre el bienestar común incardinado en una sociedad en duermevela, ha llegado la tormenta del neoliberalismo capitalista más feroz jamás conocido.”. El diagnóstico es claro, pero el Poder siempre acecha, se agazapa y espera para hacer presa desde la voluble condición humana con los dientes afilados de una realidad ‘fiera’ en la Utopía. El negocio es el negocio porque el Capital hace que la vida de aquellos que lo poseen sea en la cumbre de la eterna ‘pirámide’ sobre la voluntad del resto de los mortales, donde realmente habita el Poder de un puñado de congéneres sobre los miles de millones restantes.

Y es que en lo prosaico de todo esto es donde se incardina la necesidad de justificar la gestión privada de las cosas, la instrumentalización de las instituciones, la necesidad última del Capital y las leyes que lo rigen en la actualidad.

Como ejemplo tomemos las agencias de calificación económica y, cualquier lego en la materia, como yo, puede observar cómo han ido minando la confianza en cualquier ámbito de la gestión pública y alentando las catástrofes económicas a las que hemos asistido en las últimas décadas, fundamentadas básicamente en la especulación y la corrupción. Sin ningún tipo de pudor nos han ido indicando que la participación privada ofrece una mayor competitividad y eficiencia en los servicios; así, por medio de externalizaciones han ido poniendo la gestión política de lo social en manos privadas con lo que ello ha conllevado. Todo esto se ha hecho a veces enmascarado con ‘empresas públicas’, otras veces con concertaciones, otras con convenios de colaboración, esto es, un sinfín de fórmulas que simbióticamente han ido acomodando justificaciones presupuestarias con el fisco y en los foros políticos desde una infame justificación de la eficiencia en los servicios y el gasto; todo ello a costa de los derechos laborales de la gente, que en el fondo llevan a ‘modernas formas de esclavitud’, coartando derechos fundamentales de los hombres, como la vivienda, como la educación, como la sanidad, como la atención en situación de dependencia,…, como la Paz. Y es que en lo prosaico para la derecha no hay nada como la Caridad frente a la Solidaridad.

Volviendo a la situación política que nos acontece, en el baile aburrido y monótono en el que han convertido algo que debiera haber sido ilusionante y rompedor para la sociedad, la valentía que planteó el partido socialista para afrontar la configuración de un gobierno de progreso y reformista, y que inicialmente generó una situación de ánimo y de esperanza, se va viendo ensombrecida por los vaivenes nada claros de lo que se quiere hacer.

En mi opinión, para nada ha sido inteligente que el partido socialista comience las negociaciones con la derecha liberal, llamada a sí misma, en un giro copernicano de la realidad, ‘una síntesis del liberalismo progresista y del socialismo democrático’, todo un eufemismo de lo que conocemos en síntesis como liberalismo democrático, la derecha moderada en la ficción del centro del espectro político de este país. Sellar un pacto con Ciudadanos por parte del Partido Socialista antes de reunirse y establecer una negociación formal con las fuerzas de izquierdas, con ochenta y nueve diputados, es cuando menos prepotente y falto de perspectiva respecto a su espacio político natural. La consecuencia, la imposibilidad de una investidura. Porque, ¿no quería el partido socialista buscar con ello la abstención de la ‘inmóvil y acechante derecha’, en ese afán que algunos próceres tienen en conjugar el verbo macilento de la necesidad de un ‘Pacto de Estado’ entre las ‘fuerzas políticas de orden’?

También dije aquel mes de noviembre que “No es fácil la tarea, pero es imprescindible mirar muy adentro y arrancarnos los complejos ante la utopía y sus caminos a la realidad para que no sigamos esperando la caridad de quienes generaron la miseria que la justifica, ni sigamos esperando la clemencia y la piedad de quienes dejaron muerta la justicia en todos los ámbitos de la vida humana.”

Entiendo que en la lógica de la gente corriente, la normal, no la de la calculadora del poder político y sus élites, es que la negociación entre las fuerzas de izquierdas es prioritaria. Es evidente que esta negociación, debe ser liderada desde la fuerza más votada, pero inequívocamente debe partir de los fundamentos de las políticas sociales para ‘Ganarse el futuro’ y ‘Conectar’ con la ciudadanía en sintonía de las ideas hechas política para la gente. Y, si después de una negociación sincera, más allá de los sillones y de las personalizaciones, se establece un pacto que evite volver a las urnas, para repetir este ‘terrible día de la marmota’ o este ‘baile de las cabañuelas’, habremos roto un ciclo del liberalismo y estaremos en condiciones de poder afrontar cambios más allá de lo tangible. Todo ello, sin ser ilusos y saber del Poder del Capital y sus herramientas y sabiendo que en ese juego está el Senado que se ha convertido un arma política de bloqueo que mantiene a la derecha tradicional y ultraliberal recostada y a la espera.

Para concluir esta reflexión yo diría, a quienes son los agentes responsables del sentido del punto de inflexión en el que nos encontramos que, considerando el mes en el que estamos y pensando que hace cuatrocientos años que murió Cervantes, hoy es más tiempo de la lectura y acomodo de ‘Don Quijote de La Mancha’ que de ‘Lázaro de Tormes. En una paráfrasis al uso, os digo que cualquier ‘Quijano’ de hoy diría ‘¡Cuán largo me lo fiais amigo… Pedro, Pablo, Alberto!’, y proseguiría sin embargo en la lucha contra los fantasmas de ‘los cueros de vino’ o contra ‘los molinos’ que aplastan en sus piedras los ideales con los vientos que mudan los aires…

La gente humilde la que vive ‘al día’ y ‘en el día’ necesita solo lo necesario para un presente y un futuro en igualdad y bienestar común de todos y todas, necesita que sus gobernantes miren más hacia afuera y menos hacia adentro, que para ellos y ellas sean una prioridad los Servicios Públicos en clave de Igualdad de oportunidades y de Justicia Social, que haya ‘nubes sin tormenta para mayo’ para poder decir que ha venido la esperanza como ‘agua de mayo’ en forma de un gobierno del pueblo y para el pueblo.

Por último les digo a todos los políticos y políticas enfrascados en este momento de posibilidad de cambio que siempre el miedo es libre de hacerse esclavo, pero que recuerden en la Historia lo que supone romper las cadenas de cualquier esclavitud.

Y es que la Utopía en la Realidad es algo ‘Galeánico’ y conlleva un movimiento continuo en el principio de incertidumbre de los destinos.

Por Francisco Beltrán
¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

2 Comentarios

  1. Artículo brillante y lúcido donde los haya.
    Estoy completamente de acuerdo.
    Me encanta y me sugiere un gran respeto Diario16, porque tiene y fomenta una línea periodística ética y con corazón.
    Valores olvidados en la mayoría de medios de comunicación.
    Enhorabuena por recordar la perdida justicia de los desfavorecidos en un sistema tan desigualitario y cruel.

  2. Gracias Francisca. La ética nos lleva a la dignidad y la decencia, y este sistema que machaca al ser humano, y que es obra del ser humano, es un vórtice que nos lleva a la deshumanización. Nos queda la lucha continua en cada rincón y con cada palabra. De nuevo gracias y espero más comentarios tuyos a mis artículos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

15 − cuatro =