En Europa se considera parado de larga duración al que lleva sin trabajar un año. En Estados Unidos, menos, seis meses. En España no. En este país, los parados de larga duración forman parte del colectivo que lleva más de cuatro años sin actividad laboral. Según los resultados de la EPA del segundo trimestre de 2016, son el 24,8% de los 4.574.700 desempleados. El problema es que es prácticamente imposible que vuelvan a recolocarse. Y peor si tienen más de 50 años.

Los expertos conocen perfectamente las circunstancias a las que se enfrentan los trabajadores parados de larga duración. Las empresas no los quieren. Prefieren parados que lleven menos de un año en esta situación o, en su defecto, jóvenes demandantes del primer empleo.

Además hay otra circunstancia negativa para este colectivo. Suelen ser personas no cualificadas que acuden a una selección en desigualdad de condiciones. Compitiendo con personas que gozan de titulación, de grado medio como mínimo, incluso universitaria. Y todo ello para ofertas de trabajos en los que no se van a necesitar una elevada formación. El empleo sigue concentrándose en dos sectores de baja remuneración: el comercio y la hostelería. En el primer trimestre de 2016, ambos sectores empleaban a 4,4 millones de trabajadores, un 24,5% del total. En ambos casos se trata del nivel más elevado desde 2008. En la hostelería el salario medio es de 13.851 euros anuales, lo que supone un 39% menos que el salario medio, mientras que en el comercio es de 19.069 euros, un 16% menos que la media.

Volviendo a los parados de larga duración, los expertos no se ponen de acuerdo a la hora de buscar una solución para ellos. Un sector piensa que la solución pasa por el inmediato reciclaje, formación y recolocación. “Las empresas se fijan mucho en el tiempo en el que el trabajador lleva parado. Una persona que lleva fuera del mercado laboral cuatro o más años necesita reciclarse, y una colocación inmediata. Formación y empleo”, señala el técnico de empleo en las oficinas del Servicio Público de Galicia, Enrique Negueruelo. El objetivo de una medida así es, por un lado, dar una alternativa a un grupo que en su gran mayoría tiene poca formación (el 63% solo tienen formación de secundaria obligatoria o menos). Pero también busca rellenar en el currículum el hueco de la experiencia en los últimos tiempos.

Recientemente ha surgido otro grupo de expertos que consideran como única salida el empleo público. En lugar de fomentar puestos de trabajo en el sector privado mediante incentivos a las empresas, destinar ese dinero a colocar a este tipo de parados en ayuntamientos, corporaciones provinciales, autonómicas e, incluso, en la administración central. Esta es la idea que defiende José Ignacio Pérez Infante, miembro del colectivo Economistas Frente a la Crisis y de la Asociación Española de Economía del Trabajo. “Durante años, los dirigentes políticos se han dedicado a regar de dinero a las empresas con bonificaciones y descuentos indiscriminados de las cotizaciones sociales con los resultados ya conocidos”, indica este experto.

Y hay otra causa por la que este colectivo tiene dificultades de recolocación. La alta tasa de temporalidad existente en España les enmascara. La rotación de puestos de trabajo no cuenta con ellos. Hasta tal punto que los que se dedican a estudiar la entrada y salida del mercado laboral no cuentan con ese casi 25% de desempleados, una cuarta parte de los cuales no recibe ningún tipo de ayuda.

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